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ROMA, 12 Jul. 08 / 07:33 am (ACI).- En un artículo
publicado en L'Osservatore Romano se precisa cómo fue el Papa Pío VII quien
desde 1808 estableció que los colores del Vaticano fueran el blanco y el amarillo.
A continuación la historia contada por el experto Claudio Ceresa.
En
el artículo titulado "El amarillo y el blanco de dos siglos como
colores pontificios", Ceresa explica que para hablar del uso de los
actuales colores de la bandera vaticana, es necesario referirse a la
"ocupación de la urbe por parte de las tropas napoleónicas, ocurrida en
febrero de 1808".
"El
comandante de las milicias francesas, general Miollis, colocó sobre los muros
de la ciudad unos manifiestos, con los que se imponía la incorporación de las
fuerzas armadas del Papa a las imperiales. Para los oficiales que seguían
siendo fieles al reinante Pío VII se venían arrestos y deportaciones",
luego de cual "las reacciones no fueron muy notables, incluso también
porque se hizo circular la noticia de que el Pontífice estaba al corriente y no
genero dificultad. Se rebeló solo un pequeño grupo de oficiales que fue
deportado a la cárcel de Mantova".
"Para
subrayar la unificación, y probablemente también para aumentar la situación de
incertidumbre –continúa el experto– se permitió a los militares seguir usando
el distintivo amarillo-rojo sobre sus sombreros".
Ceresa
señala después como el Papa "no quería que Napoleón sujetara al Estado
Pontificio, por lo que el 13 de marzo de 1808 protestó enérgicamente. Ordenó,
entre otras cosas, a los cuerpos que aún eran fieles a él que sustituyeran
la insignia con los colores romanos con una blanca y amarilla".
En
el diario de un contemporáneo, el abad Luca Antonio Benedettalla escribe en la
misma fecha que "el Papa para no confundir a los soldados romanos que
están bajo el comandante francés, con los pocos que han quedado a su servicio,
ha ordenado la nueva insignia amarilla y blanca. La han adoptado los guardias nobles
y los suizos. La cosa es querida".
Ceresa
escribe a continuación que tres días después, el 16 de marzo de 1808, Pío VII
comunicó "por escrito tal disposición al Cuerpo Diplomático, y el respectivo
documento se considera con el acta de nacimiento de los colores de la
actual bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano".
Este
experto también explica que la elección del blanco y amarillo recoge una
antigua tradición según la cual, el oro y la plata simbolizan las llaves del
Reino que custodia San Pedro, y que en la antigüedad eran entregadas al
Pontífice cuando este asumía la sede de Roma en "la Archibasílica
lateranense".
Tras
algunos desencuentros más, que terminan cuando Napoleón exige que quienes están
a su mando usen una insignia con los colores de Francia o Italia; el emperador
decretó el 17 de mayo de 1809 la unión de Roma y el Estado Pontificio a
Francia. Con esta situación, señala Ceresa, "Pío VII excomulgó a quienes
perseguían a la Iglesia, y en la noche entre el 5 y 6 de julio de
1809 el Obispo de Roma fue arrestado" y enviado al exilio en Grenoble,
Savona y Fontainebleau hasta 1814, cuando pudo volver a la ciudad eterna.
"El
Papa Chiaramonti no había olvidado el episodio de seis años atrás, y sobre los
sombreros de las tropas romanas apareció nuevamente la insignia blanca y
amarilla, signo de lealtad al legítimo soberano".
Ceresa
explica luego como durante el siglo XIX distintas representaciones vaticanas
comenzaron a usar la bandera con estos colores y precisa que actualmente, ésta
se expone en distintas solemnidades religiosas y civiles como Navidad,
Pascua, Corpus
Christi, aniversarios del Papa, aniversario de la conciliación entre
la Santa Sede e Italia; entre otras. "La bandera
se iza al alba y se arría a la puesta del sol", indica finalmente el
experto italiano.
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