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SYDNEY, domingo, 13
julio 2008 (ZENIT.org).-
Publicamos el videomensaje que ha dirigido Benedicto XVI al amado pueblo de
Australia y a los jóvenes peregrinos que participan en la Jornada Mundial de la
Juventud 2008.
* * *
Al amado pueblo de
Australia,
y a los jóvenes
peregrinos que participan en la Jornada Mundial de la Juventud 2008
"Recibiréis la
fuerza del Espíritu Santo,
que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hechos 1, 8)
¡La gracia y la paz de
Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo esté con todos vosotros! En unos días
comenzaré mi visita apostólica a vuestro país para celebrar la 23a Jornada
Mundial de la Juventud en Sydney. Aguardo con emoción los días que pasare con
vosotros, especialmente las ocasiones para rezar y reflexionar con los jóvenes
de todas las partes del mundo.
Ante todo deseo
expresar mi aprecio a todos los que han ofrecido su tiempo, sus recursos y sus
oraciones para hacer posible esta celebración. Gobierno australiano y gobierno
provincial de Nueva Gales del Sur, organizadores de todos los acontecimientos,
miembros de la comunidad de agentes económicos que os habéis ofrecido como
patrocinadores: todos vosotros habéis apoyado con generosidad este
acontecimiento, y en nombre de todos los jóvenes que participarán en la Jornada
Mundial de la Juventud os doy las gracias sinceramente.
Muchos jóvenes han
hecho grandes sacrificios para poder emprender el viaje a Australia y rezo para
que sean ampliamente recompensados. Las parroquias, las escuelas y las familias
han sido muy generosas para acoger a estos jóvenes visitantes. También ellas
merecen nuestra gratitud y nuestro aprecio.
"Recibiréis la
fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis
testigos" (Hechos 1, 8). Este es el tema de la 23a Jornada Mundial de la
Juventud. ¡Cuánta necesidad tiene nuestro mundo de una nueva efusión del
Espíritu Santo! Muchos no han escuchado todavía la Buena Noticia de Jesucristo;
otros muchos, por diferentes motivos, no han reconocido en esta Buena Nueva la
única verdad salvadora que puede satisfacer las expectativas más profundas de
sus corazones. El salmista reza: "Envía tu Espíritu creador y renovarás la
faz de la tierra" (Salmo 104, 30). Estoy convencido de que los jóvenes
están llamados a ser instrumentos de esta renovación, comunicando a sus
coetáneos la alegría que han experimentado al reconocer y seguir a Cristo,
compartiendo con los demás el amor que el Espíritu infunde en sus corazones
para que también ellos queden llenos de esperanza y gratitud por todo el bien
que han recibido de Dios, nuestro Padre celestial.
A muchos jóvenes hoy
les falta la esperanza. Se quedan perplejos ante las preguntas que se les
presentan de manera cada vez más apremiante en un mundo que les confunde, y con
frecuencia no saben bien hacia dónde tienen que dirigirse para encontrar
respuestas. Ven la pobreza y la injusticia y desean encontrar soluciones.
Sienten el desafío de los argumentos de quienes niegan la existencia de Dios y
se preguntan cómo responder. Ven los grandes daños perpetrados contra el
ambiente natural por la avidez humana y luchan por encontrar estilos de vida en
mayor armonía con la naturaleza y con los demás.
¿Dónde podemos buscar
respuestas? El espíritu nos orienta hacia el camino que conduce a la vida, al
amor y a la verdad. El Espíritu nos orienta hacia Jesucristo. Hay un dicho
atribuido a san Agustín: "Si quieres permanecer joven, busca a Cristo".
En él encontramos las respuestas que buscamos, encontramos las metas por las
cuales vale verdaderamente la pena vivir, encontramos la fuerza para seguir el
camino con el que hacer nacer un mundo mejor. Nuestros corazones no encuentran
descanso hasta que no descansen en el Señor, como dice san Agustín al inicio de
las "Confesiones", la famosa narración de su juventud. Rezo para que
los jóvenes que se reúnan en Sydney con motivo de la celebración de la Jornada
Mundial de la Juventud encuentren verdaderamente descanso en el Señor y puedan
quedar llenos de alegría y de fervor para difundir la Buena Noticia entre sus
amigos y sus familias, y entre todos los que encuentran.
Queridos amigos
australianos: aunque podré pasar pocos días en vuestro país y no podré viajar
fuera de Sydney, mi corazón os alcanza a todos, incluidos los que están
enfermos o atraviesan cualquier tipo de dificultad. En nombre de todos los
jóvenes, os doy las gracias nuevamente por vuestro apoyo en mi misión y os pido
que sigáis rezando sobre todo por ellos. Concluyo renovando mi invitación a los
jóvenes de todo el mundo para que vengan conmigo a Australia, la "gran
tierra del sur del Espíritu Santo". Mi deseo es encontrarme allí con
vosotros. Que Dios os bendiga a todos.
Vaticano, 4 de julio
de 2008
BENEDICTUS PP. XVI
[Traducción del
original inglés realizada por Jesús Colina
© Copyright 2008 -
Libreria Editrice Vaticana]
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