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Queridos hermanos y amigos: Paz y
Bien.
Esta vez es muy
lejos, pero no ha faltado la cita. En su pasear el Evangelio a los jóvenes del
mundo, el Papa estrecha a esta generación con verdadera entrańa de padre,
saliendo al encuentro de cada chico y cada chica, para decirles palabras que
llevan vida.
Sydney en Australia
es el lugar del encuentro con el Papa para esta Jornada Mundial de la Juventud,
justamente en nuestras antípodas. Pero la edad de la mocedad no tiene mapas lejanos,
sino que la juventud globalizada comparte en todo sitio la luz y la oscuridad,
el temor o la esperanza que dibujan un domicilio común.
No es un cantante
afamado, ni un deportista de élite, ni un político de jerga creíble. Es el
Papa, Vicario de Cristo en la tierra, sucesor del Apóstol Pedro, Obispo de
Roma. Peinando con dignidad las canas de su mucha edad, acierta a contarnos con
belleza sabia y hondura sencilla al mismo tiempo, esa verdad que coincide con
Cristo y con la Iglesia. No les regala los oídos a los jóvenes diciéndoles lo
que con otros intereses otros les dicen, sino que baja a la arena de sus
preguntas más verdaderas, las que anidan en sus corazones tan lozanos aún, para
anunciar con respeto y con pasión la única respuesta que se corresponde con
ellos: Jesús el Seńor.
Hace poco tiempo les
decía en Saő Paulo: “muchas veces sentimos
temblar nuestro corazón de pastores, constatando la situación de nuestro
tiempo. Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy, que nos revelan un
enorme déficit de esperanza: miedo de
morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar su
propio camino de realización; miedo de fracasar, por no descubrir el sentido de
la vida; y miedo de quedar desconcertados ante la impresionante rapidez de los
acontecimientos y de las comunicaciones. Constatamos el alto índice de muertes
entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de
las drogas, que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy. Por
eso, a menudo se habla de una juventud perdida.
Pero mirándoos a
vosotros, jóvenes aquí presentes, que irradiáis alegría y entusiasmo, asumo la
mirada de Jesús: una mirada de amor y
confianza, con la certeza de que vosotros habéis encontrado el verdadero
camino. Sois los jóvenes de la Iglesia. Por eso yo os envío a la gran misión de
evangelizar a los muchachos y muchachas que andan errantes por este mundo, como
ovejas sin pastor. Sed los apóstoles de los jóvenes. Invitadlos a caminar con
vosotros, a hacer la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; a
encontrarse con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con
plena posibilidad de realizarse. Que también ellos descubran los caminos
seguros de los Mandamientos y recorriéndolos lleguen a Dios.
Vosotros, los
jóvenes, no sólo sois el futuro de la Iglesia y de la humanidad, como si fuera
una especie de fuga del presente. Al contrario, sois el presente joven de la
Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven”.
Uno se queda admirado
y lleno de agradecimiento ante estas palabras del Papa Benedicto XVI. Las
hacemos nuestras y pedimos que se cumplan en cuantos desde todo el mundo vamos
a seguir esta Jornada Mundial de la Juventud con el Papa. Como les ha dicho en
el mensaje para este encuentro, sólo Cristo puede colmar las aspiraciones más
íntimas del corazón del hombre; sólo Él es capaz de humanizar la humanidad.
Pedimos al Seńor que
sea muy fructuosa esta jornada mundial de la juventud con el Papa. Recibid mi
afecto y mi bendición.
+ Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
20.07.2008
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