Familiarizar
a los católicos aún más con la Palabra de Dios, que en las
liturgias se aprecie más esta Palabra, y unir Palabra de Dios y Tradición. Son
tres expectativas ante el sínodo de obispos dedicado a la Palabra que se
celebrará en Roma en octubre.
Así lo constata el monseñor, obispo
auxiliar de la archidiócesis de Oviedo, en esta entrevista concedida a Miriam
Díez. El obispo Berzosa, que acaba de entrar en su cuarto año como auxiliar de
Oviedo, es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y
de la Junta de Asuntos Jurídicos de la Conferencia Episcopal Española.
¿Qué
impulso nuevo se espera de un Sínodo dedicado enteramente a la Palabra de Dios?
En mi humilde opinión, se pretende un
triple objetivo: primero, que los católicos nos familiaricemos aún mucho más
con el Pan de la Palabra. Teniendo en cuenta que los católicos vivimos, sobre
todo, del Pan de la Eucaristía.
Segundo, a la luz de lo expresado antes,
que en nuestras liturgias se aprecie y valore aún más la Palabra y que
aprendamos a leerla con los ojos de la Fe y del Espíritu. Habrá que seguir
insistiendo en formar cuantitativa y cualitativamente a catequistas, ministros de
la Palabra, lectores, etc.
Y, tercero, que volvamos a revalorizar la
riqueza de lo que el Concilio Vaticano II expresó sobre la Palabra, al menos en
dos sentidos: unir y complementar Palabra de Dios y Tradición; y no olvidar que
la Biblia tenemos que leerla e interpretarla siempre con el mismo Espíritu con
que fue escrita.
La
Palabra de Dios, contenida en el libro sagrado, hoy se expande por otros
formatos tecnológicos: ¿qué posibilidades ofrecen, y si cabe, qué riesgos de
manipulación de la misma?
En cuanto a las posibilidades, se abren
campos nuevos para hacerla más universal, si cabe, y, desde luego, para una
mayor divulgación de la misma.
En cuanto a los riesgos, que no son nuevos,
los vería en un doble sentido: por un lado, que las traducciones a las lenguas
vernáculas no fueran las más correctas y adecuadas; y, por oto lado, que
quienes se atrevan a comentar los pasajes bíblicos no lo hagan con una sana y
recta doctrina sino con manipulaciones subjetivas o con intereses ideológicos
ajenos a la propia Palabra de Dios.
En el
último sínodo de obispos llamaron la atención las discusiones libres, en las
que los padres sinodales intervenían al final de las sesiones, sin que
estuviera programado. ¿Podríamos definirlo una «novedad» del Papa Benedicto
XVI?
En cierto sentido, sí fue una novedad
aunque, según tengo entendido, también en algunos sínodos anteriores se dieron.
Lo que no cabe duda es el hecho de que cada Papa marca su impronta personal.
Benedicto XVI, no lo olvidemos, ha sido un
gran profesor y es un excelente pedagogo y, en este sentido, es natural que se
refleje esta forma de ser «magisterialescolar» en algo tan sugerente como pueda
ser un «diálogo más libre y más espontáneo» en orden a buscar la verdad en
comunión.
En el
sínodo habrá personas sin derecho a voto que representan otras iglesias y
comunidades cristianas, los llamados delegados fraternos, auditores (hombres y
mujeres) y expertos. Este hecho amplía la presencia del pueblo de Dios en una
estructura que por naturaleza está reservada a los obispos. ¿Es un signo
positivo de comunión?
Monseñor Berzosa: Volvemos a recordar, en
aras de la honestidad, que tampoco es nueva dicha presencia en un Sínodo.
No obstante, sí es, por supuesto, un signo
de comunión «efectiva». Recuerda lo expresado en las cartas de san Pablo: todos
somos miembros de un mismo Cuerpo, orgánico y complementario, con diferentes
vocaciones, carismas, ministerios, funciones, y por qué no, sensibilidades y
formas culturales. El conjunto de todos edificamos la única y universal Iglesia
católica. El mismo Espíritu habla en diversas lenguas y habita en diferentes
corazones para hacer posible la unidad profunda.
Tomado
de Esta Hora, revista diocesana de
Oviedo.
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