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Queridos alumnos, madres y
padres católicos, queridos diocesanos:
Próximos a finalizar el curso escolar, se plantea a los
padres católicos y a sus hijos la grave obligación de solicitar para el próximo
curso 2008-2009 la Enseñanza de Religión y Moral Católica en la Escuela (ERE)
Lo que es una
obligación muy seria para padres y alumnos católicos es también un derecho
recogido en la Constitución Española. Ésta garantiza a los padres y alumnos el derecho
a recibir la formación religiosa conforme a sus convicciones. En los Acuerdos
entre el Estado Español y la Santa Sede se determina este derecho a la
enseñanza de la religión católica “en condiciones equiparables a las demás
disciplinas fundamentales”.
Decretos y normas
posteriores han debilitado el uso de éste derecho relegando de hecho esta
signatura a un lugar sin importancia y consideración, tanto en el aspecto
académico, como en su valoración en el expediente, en horarios, facilidades,
etc. Con todo, sigue vigente el derecho a cursarla para aquellos alumnos que la soliciten y la obligación por parte de
la Administración pública de que se les imparta adecuadamente.
Dada la valoración
"oficial" de esta asignatura de Religión y la tendencia en la
normativa y el clima que se está creando por parte de determinadas ideologías,
han de ser los padres católicos y sus hijos los que se tomen, por eso mismo,
mucho más en serio su formación religiosa en la escuela como un derecho y una
obligación.
Para ello han de
saber oponerse a la tentación de dejarla a un lado por razones como la de que
"no cuenta en el expediente", "quita tiempo para otras
asignaturas más útiles", "otros alumnos no la cursan y tienen más
tiempo libre", etc. Hoy depende cada vez más de los padres católicos y de
sus hijos que esta asignatura de Religión y Moral Católica recobre su
importancia, que la tiene, aunque por parte de la Administración de nuestro
Estado no sea considerada así.
A veces no nos
viene mal a los creyentes que nos pongan difícil el ejercicio de nuestros
derechos fundamentales, como es éste de recibir en el ámbito de la escuela de
titularidad estatal la enseñanza, la formación y la educación conformes a
nuestros principios religiosos y a nuestra fe, para que espabilemos y nos demos
cuenta de que no todo se nos regala y que ser cristiano y estar bien formado
exige esfuerzo y sacrificio.
No nos dejemos
confundir por el argumento que algunos utilizan diciendo que la formación
religiosa es asunto que corresponde a la familia y a la parroquia. También
tienen, efectivamente, su papel: Los padres, el primero, el más importante e
intransferible de enseñar y educar a sus hijos. La parroquia, el de acompañar a
sus feligreses en la formación en la fe. Los padres, como educadores en todo,
con la palabra y con el ejemplo. La parroquia, por medio de la catequesis y la
introducción en la vida de la comunidad de fe y en la celebración.
A la escuela -
pública o privada, de titularidad estatal o de iniciativa social - en un Estado
de derecho - confesional o aconfesional, laico laicista o ateo, etc. -
corresponde respetar la condición de sus alumnos y garantizarles una formación
conforme a sus convicciones, entre las que cuenta, obviamente, la fe de cada
uno. El Estado o el Gobierno no tienen derecho a proyectar en los alumnos la
ideología de los gobernantes o de los partidos a los que éstos pertenecen, ni a
educar a los alumnos conforme a las convicciones de los gobernantes, a no ser
que se trate de sus propios hijos.
Los gobernantes son
meros administradores y no dueños de los bienes y recursos que manejan. Entre
los bienes más importantes de que el Estado dispone están la enseñanza, la
educación y los recursos que para ello se destinan, siempre procedentes de los
propios contribuyentes, muchos de los cuales tienen sus hijos en la escuela.
Queridos padres y
alumnos católicos: Tomaos muy en serio este derecho y esta obligación de
recibir en la escuela una formación integral, en la que para un católico ocupa
un lugar muy importante la Enseñanza de Religión y Moral Católica (ERE) que
habéis de solicitar y cursar en serio.
Os saluda y bendice vuestro Obispo
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