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¿CÓMO DISTINGUIR LA PALABRA DE DIOS DE ENTRE LAS MIL
VOCES QUE ESCUCHAMOS CADA DÍA?
Un
seminarista de la diócesis italiana de Oria preguntaba meses atrás al Papa
sobre cómo discernir la voz de Dios de entre las mil de voces que oímos cada
día en nuestro mundo de sonidos, palabras y ruidos.

"Dios habla con nosotros
-comenzó afirmando el Santo Padre- de muy diferentes maneras. Habla por medio
de otras personas, a través de amigos, de loa familia, de los sacerdotes...
Habla a través de los acontecimientos de nuestra vida en los que podemos
discernir un gesto de Dios; habla también a través de la naturaleza, de la
creación, y habla, naturalmente y por encima de todo, en su Palabra, en la
Sagrada Escritura, leída en la comunión de la Iglesia y leída personalmente en
diálogo con El, con Dios, en la oración". Cuatro claves 1.- Para escuchar la Palabra de Dios, en su fuerza, en su
gracia, en su don, es preciso, en primer lugar, ser asiduos a la lectura
de la Sagrada Escritura. La Biblia no puede el gran desconocido de los
cristianos, en particular, de los católicos. 2.- En segundo lugar, debemos leer y contemplar la Sagrada Escritura
no como la palabra de un hombre o como un documento del pasado, sino como
Palabra de Dios que es siempre actual y que me habla a mi. Decía San
Agustín: "He llamado varias veces a la puerta de esta Palabra hasta que he
podido percibir lo que el propio Dios me decía". 3.- Necesitamos, pues, estar en contacto permanente con la Palabra de
Dios mediante su lectura y oración personal y comunitaria en y desde la
comunión la comunión de la Iglesia, es decir, junto a todos los grandes
testigos de la Palabra, empezando por los primeros Padres y hasta los santos de
hoy, hasta el Magisterio de Dios". 4.- Dios nos abre la puerta del hontanar de vida y de su Palabra
gradualmente y lo hace en el "nosotros" de la Iglesia, en el
"nosotros" vivido y celebrado en la liturgia.
Así crece el discernimiento y crece la amistad
personal con Dios, la capacidad de percibir, en las mil voces de hoy, la voz de
Dios, que está siempre presente y que habla siempre con nosotros. Se trata de
sintonizarla bien, escucharla y seguirla
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