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Días atrás, el lunes 25 de febrero, el Papa Benedicto XVI ha hablado, con su
habitual lucidez y maestría, sobre la enfermedad incurable y terminal. En diez
pensamientos resumo su pensamiento:
1.- La muerte no debe verse jamás como un mero acontecer
biológico. Con la muerte concluye la existencia terrena –sí-, pero a través de
ella se abre la vida plena y definitiva. Nuestro Dios es siempre el Dios de la
vida, el Dios que resucitó a Jesucristo de entre los muertos y que, un día, nos
resucitará también a nosotros.
2.- Ningún creyente debería morir en soledad o en abandono.
Como hacía la beata Madre Teresa de Calcuta al recoger pobres y desvalidos
moribundos, en la hora de la partida se ha experimentar, en la medida de
posible, el calor del Padre en el abrazo de los hermanos.
3.- La dignidad del
enfermo grave y terminal permanece inalterable. Es incluso más sagrada, y así debe vivirse y
potenciarse por todos.
4.- Toda persona, todo enfermo, tiene derecho al total apoyo
médico, sanitario, humano y religioso que necesite.
5.- También la familia del enfermo debe ser apoyada por la
sociedad. En concreto, la reglamentación laboral ha de recoger los derechos
correspondientes para los familiares de enfermos terminales.
6.- Una sociedad que
no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la
com-pasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado con dignidad es una sociedad cruel e inhumana.
7.- Las iniciativas, medidas y persuasiones a favor de la
eutanasia son inmorales e injustas. Acentúan una visión utilitarista de la
persona y de la vida. La eutanasia es contraria a la ley de Dios y a la ley
natural.
8.- Una vida digna, una enfermedad digna y una muerte diga
son aquellas que se viven desde la puesta en práctica de todos los auxilios
médicos y sanitarios y desde la fraternidad y la esperanza.
9.- En estas situaciones críticas, también la Iglesia, con
sus instituciones ya en curso y con nuevas iniciativas, debe dar testimonio de
caridad activa y de constante plegaria a los enfermos y familiares.
10.- Asimismo la
Iglesia ha de testimoniar, con sus obras, el esplendor de la verdad, de la
sustento de la esperanza y el carácter salvífico y redentor del sufrimiento y
del dolor.
La vida es siempre don y tarea.
Jesús de las Heras Muela
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