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La Iglesia tiene
necesidad de los jesuitas, cuenta con ellos
Es necesaria siempre la sintonía con el
Magisterio
El cuarto voto: sentir con la Iglesia y en
la Iglesia, amar y servir al Vicario de Cristo en la tierra 
El Papa Benedicto XVI
ha recibido en la mañana del jueves 21 de febrero a los miembros de la XXXV
Congregación General de la Compañía de Jesús. Su nuevo prepósito general, el
español Adolfo Nicolás Pachón, quien ya fue recibido por el Papa una
semana después de su elección, dirigió al comienzo del encuentro unas palabras.
A continuación,
Benedicto XVI ha pronunciado un discurso. En él ha ratificado los contenidos de
su carta del pasado 10 de enero dirigida al padre Peter Hans Kolvenbach
en la víspera de su sustitución al frente de la Compañía. También ahora
Benedicto XVI ha realizado una valoración muy positiva del "precioso
servicio de gobierno" durante cinco lustros de Kolvenbach.
Servir en la frontera desde la fidelidad y la comunión
En su discurso, el Santo
Padre ha llamado a los jesuitas a vivir con renovado entusiasmo y fervor la
misión para la que la Compañía nació, revigorizando siempre su carisma
fundacional: "La defensa y la propagación de la fe".
En este sentido,
Benedicto XVI recordó cómo la Compañía desde su nacimiento se puso al servicio
del Romano Pontífice para realizar esta misión en todas las fronteras
culturales, geográficas, religiosas y sociales de la humanidad. Unas fronteras
que eran entonces sobre todo geográficas y que hoy son fronteras derivadas de
erradas y superficiales visiones de Dios y del hombre.
Por ello, los jesuitas
han de seguir sobresaliendo por su fe sólida y profunda, por su cultura seria,
por su genuina sensibilidad humana y social. Han de ser de formados y han de
crecer continuamente en una formación en virtud y en ciencia, sin contentarse con la mediocridad.
Una clara identidad que evite la ambigüedad
En la realización
concreta de esta misión, los jesuitas se han empeñar por servir al Señor y a su
Iglesia, adhiriéndose totalmente a la Palabra de Dios y desde la comunión a la
verdad y a la unidad que de la doctrina católica en su totalidad lleva a cabo
el Magisterio. Asimismo la Compañía ha de conservar siempre una clara y
explícita identidad, de modo que el fin de su actividad apostólica no resulte
nunca ambigua u oscura.
Al hilo de la meditación
ignaciana de "las dos banderas" y tras describir brevemente las luces
y las sombras del momento presente, Benedicto XVI ha reiterado su llamada a la
Compañía de defender la doctrina católica en puntos neurálgicos donde ésta es
cuestionada por la cultura secular: en particular, la percepción de la
salvación de todos los hombres en Cristo, la moral sexual, el matrimonio y la
familia. Esta defensa y sintonía con el Magisterio evita la confusión y el
desconcierto del Pueblo de Dios.
La grandeza y belleza del cuarto voto
Es preciso también
seguir reflexionando sobre el llamado cuarto voto de la Compañía, la obediencia
al Papa. No significa solo prontitud
para aceptar el envío a misiones lejanas, sino sobre todo sentir con la Iglesia
y en la Iglesia, amar y servir al Vicario de Cristo en la tierra con una
devoción efectiva y afectiva, ser sus preciosos e insustituibles colaboradores
en el servicio a la Iglesia universal.
Benedicto XVI ha animado
a los jesuitas a continuar en su trabajo en favor de los pobres, fruto de una
opción evangélica, no ideológica. Asimismo ha insistido en la grandeza y
originalidad del servicio jesuítico a través de los Ejercicios Espirituales,
camino particularmente precioso para buscar y encontrar a Dios.
La Iglesia cuenta con
los jesuitas, necesita a los jesuitas, da gracias por los jesuitas, siempre en
espíritu de obediencia a la voluntad de Dios, a Jesucristo y que se convierte
también en humilde obediencia a la Iglesia. (ECCLESIA DIGITAL)
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