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La Razón - Los fieles respondieron de forma multitudinaria a
la convocatoria en defensa de los valores familiares - El Papa animó a los
congregados a «dar testimonio ante el mundo del amor humano»
José R. Navarro
Pareja
MADRID- «Saludo a los
participantes en el Encuentro de las Familias que se está llevando a cabo en
este domingo en Madrid». Era el momento culminante de la jornada. Las palabras
que Benedicto XVI pronunciaba en español desde el Vaticano era recibidas por un
atronador aplauso. Cinco años después de la última visita de Juan Pablo II a
España, un Papa volvía a la plaza de Colón de Madrid, aunque esta vez a través
de las siete grandes pantallas de televisión instaladas en la zona. Daba igual.
Los dos millones de fieles que llenaban la plaza y todas las calles adyacentes
lo recibieron igual que si hubiera llegado en «papamóvil», en un gesto evidente
de la universalidad de la Iglesia católica.
El Pontífice no
defraudó. Con su sencillez y pedagogía habituales animó a los fieles a dar
«testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la
familia». Y recordó la que ha sido la hoja de ruta para la preparación de este
encuentro, la claves que se han recordado hasta la saciedad para dejar claro
cuál es el modelo de familia cristiana que se estaba defendiendo: «Fundada en
la unión indisoluble entre un hombre y una mujer», un espacio en cuyo ámbito
«la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural»,
lo que conlleva como consecuencia que «los padres tienen el derecho y la
obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que
dignifican la existencia humana».
Fiel a su forma de
plantear las cuestiones, de manera positiva, dejó clara la inexistencia del
llamado «matrimonio homosexual», condenó aborto y eutanasia, y defendió que los
padres puedan elegir la educación moral que quieren para sus hijos, sin que
ésta pueda ser impuesta por el Estado.
A las seis de la
mañana
Pero horas antes de
este momento, los más madrugadores ya habían llegado a la plaza de Colón a las
seis de la mañana, pero el grueso de fieles se empezó a hacer presente a partir
de las nueve. Quedaban dos horas para que comenzara el acto y una más para
poder escuchar en directo las palabras que el Papa les iba a dirigir desde el
Vaticano, pero no parecía importarles. De los cinco grados que marcaban
entonces los termómetros se protegían con ropas de abrigo, y el tedio se
aliviaba con la conversación con el vecino y algún improvisado canto.
A las diez de la
mañana la animación ya corría a cargo de los organizadores. A través de la
megafonía, tres presentadores –dos jóvenes y una niña– asumían la difícil tarea
de teloneros y alternaban las bromas con cantos infantiles alusivos a la
familia, cuando no dejaban paso a una selección de música instrumental.
Había que esperar
hasta las once de la mañana para que comenzara la celebración propiamente
dicha. «Bienvenido a tu casa» cantaban los sevillanos de «Siempre así»,
mientras los presentadores del acto –Alejandra Alloza, de TVE internacional, y
Javier Nieves, de Cadena 100– llegaban al escenario. Era ya el momento de que
todos centraran su mirada al estrado, porque desde allí se iban a alternar los
testimonios de familias y los mensajes de los cardenales y el presidente de la
Conferencia Episcopal. El momento más emotivo de esta parte del acto fue cuando
la familia Blasco explicó que había perdido a uno de sus hijos –con doce años–
en el atentado del IRA en Omagh (Irlanda). «Está con nosotros desde el cielo»,
proclamaron, en un claro mensaje que conmovió a los presentes.
Presencia
cardenalicia
Los cinco cardenales
electores residentes en España quisieron hacerse presentes en el acto de una u
otra forma. El de Sevilla, Carlos Amigo, ya había excusado desde hace días su
presencia en el acto, al coincidir con el cierre de un año jubilar en su
diócesis, pero envió un mensaje escrito. Más sorprendente fue la ausencia del
cardenal de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, que por prescripción médica no
pudo estar en la plaza de Colón. A pesar de ello, pudo enviar un mensaje.
Antonio Cañizares,
cardenal arzobispo de Toledo, y Agustín García-Gasco, cardenal arzobispo de
Valencia, sí pudieron acompañar al cardenal Rouco en el estrado, en un lugar
habilitado entre el crucifijo y la imagen de la Virgen de la Almudena. Junto a
ellos, se encontraban otros treinta y ocho obispos españoles. Su presencia fue
agradecida por los dos millones de fieles, así como los mensajes que allí
leyeron los cardenales. Desde el público se destacaba la contundencia de
García–Gasco al poner en evidencia el «fraude y el engaño» de la «cultura del
laicismo radical», y la denuncia firme de Cañizares de como la familia, «a
pesar de ser la institución social más valorada», está siendo «sacudida en sus
cimientos, incluso con legislaciones injustas e inicuas». Un anticipo del
mensaje que luego pronunciaría el Papa Benedicto XVI.
La segunda parte de
la celebración tuvo un marcado carácter litúrgico. Tras el mensaje de Benedicto
XVI desde el Vaticano, una solemne procesión de la imagen de la Virgen de la
Almudena, daba inicio a la celebración de la Palabra.
En ella, destacó la
homilía del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, quien mostró
su tristeza, en nombre de todos los presentes, al «constatar que nuestro
ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas reconocía y establecía
hace ya casi sesenta años, a saber: que la familia es el núcleo natural y
fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el
Estado»
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