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Abc - JESÚS BASTANTE.
MADRID.Las familias
cristianas demostraron ayer una impresionante capacidad de convocatoria al
congregar a cientos de miles de personas -dos millones, según el Arzobispado de
Madrid- en la madrileña plaza de Colón para reivindicar la defensa del
matrimonio indisoluble formado por hombre y mujer y abierto a la vida.
Aunque se trataba de una jornada eminentemente festiva, en la mente y las
palabras de todos los asistentes se tuvieron muy presentes los ataques que
tanto la Iglesia como la institución familiar han padecido a lo largo de la
legislatura. A dos meses de las elecciones generales (9 de marzo), los
distintos responsables eclesiásticos recordaron las «amenazas contra la vida y
la familia» que se esconden detrás de legislaciones como las del divorcio
exprés, el matrimonio homosexual, algunos aspectos de la reforma educativa y la
investigación biomédica, sin olvidar los debates debates sobre la eutanasia y
el aborto, que en 2006 se cobró la vida de unos 110.000 niños no nacidos.
Todo eso se notó, pero siempre desde el respeto. Así, los congregados
hicieron caso de las indicaciones de la organización y no ondearon las banderas
españolas para evitar que alguien tratase de politizar en evento que había de
ser eminentemente familiar.
Colón, centro de la cristiandad
Y es que la de ayer supuso una auténtica demostración de fuerza por parte
de la Iglesia española, que se vio reforzada con la excepcional presencia de
Benedicto XVI, quien al mediodía intervino vía satélite desde Roma para
reclamar a los cristianos que dieran «testimonio ante el mundo de la belleza
del matrimonio y de la familia». Por unos minutos, Colón se convirtió en la
capital de la familia cristiana.
El encuentro «Por la familia cristiana» había sido convocado por el
cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quien presidió la jornada, a la
que asistieron cuarenta y dos obispos de todos los rincones de España.
En su homilía, el purpurado madrileño denunció cómo las legislaciones
españolas en materia de matrimonio, familia y defensa de la vida suponen «una
marcha atrás en los derechos humanos», incidiendo en que el Estado «no puede
manipular a su gusto» el significado y razón de ser del matrimonio y la
familia.
Desde que, a finales de noviembre, comenzaron a darse pasos para el
encuentro de ayer, la iniciativa contó con el total apoyo de la Conferencia
Episcopal Española, simbolizada en su presidente, Ricardo Blázquez, encargado
de dar la bienvenida a la multitud congregada en torno a Colón. En sus
palabras, el presidente de la CEE animó a los asistentes a demostrar con su
ejemplo que la vigencia de la familia cristiana «es de ayer, de hoy y de
mañana».
Laicismo radical
Junto al cardenal de Madrid y el presidente del Episcopado, intervinieron
los cardenales de Toledo, Antonio Cañizares, y Valencia, Agustín García-Gasco,
quien condenó «la cultura del laicismo radical» que podría llevar «a la
disolución de la democracia». También se leyeron mensajes de los cardenales de
Sevilla (Carlos Amigo) y Barcelona (Lluís Martínez Sistach), quienes no
pudieron acudir a la plaza de Colón.
Responsables de las principales realidades eclesiales y asociaciones
familiares, desde el Camino Neocatecumenal al Foro de la Familia, también
dirigieron su testimonio a los presentes reunidos en el centro de la capital.
Desde primera hora de la mañana, una gran muchedumbre se congregó en Colón.
Pocos minutos antes de las once de la mañana, momento indicado para dar
comienzo a la gran fiesta de la familia cristiana, tanto el Paseo de la
Castellana como Recoletos estaban repletos de familias. Cuando el Papa se
dirigía a los asistentes, la calle de Génova y el principio de Goya estaban
literalmente colapsadas. Y es que, como aseguró a ABC el arzobispo de Oviedo,
Carlos Osoro, «ésta es la fuerza de la familia cristiana».
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