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Ante la
imposibilidad de hacerlo personalmente,
debido la coincidencia en día y hora con la Clausura del Año Jubilar de Nuestra
Señora de Consolación en Utrera, y respondiendo a la amable invitación del
Eminentísimo Señor Arzobispo de Madrid, Cardenal Rouco Val era, quiero enviar
mi saludo a todos los participantes en esta celebración de la familia.
Los muchos
problemas y dificultades que vive la familia, muy lejos de desalentamos, nos
obligan todavía más a seguir y a emprender nuevos compromisos cristianos en
favor de la familia. No queremos soslayar los problemas que afectan a la vida moral,
religiosa y humana de tantas personas. Tampoco se puede olvidar la obligación
de ofrecer aquello que se tiene. Somos depositarios de bienes y talentos
cristianos muy valiosos y no podemos permanecer inactivos y agobiados ante el
alud de dificultades, problemas y ambigüedades que afectan al matrimonio y a la
familia.
La familia requiere
nuestra máxima atención pastoral, ha dicho Benedicto XVI. Es la base
fundamental de la sociedad. Arraigada en el corazón de la humanidad y teniendo
que afrontar múltiples problemas. Ni se puede prescindir de la familia, ni
privarla de los derechos que le corresponden, ni tampoco que sean otras
instituciones quienes asuman las funciones y competencias que son exclusivas de
la familia.
La familia
cristiana tiene que estar siempre dispuesta a dar razón de su esperanza. A
mostrarse en el mundo como verdadera comunidad de vida y de amor, a ofrecer
unos signos que evidencien ante los hombres la fe en Jesucristo y la vida según
el Evangelio.
Que Dios bendiga a
la familia cristiana y a cuantos la ayudan a ser esa comunidad de vida y amor
donde se aprenden las más importantes e inolvidables lecciones de humanidad y
de vida cristiana.
Carlos, Cardenal
Amigo Vallejo Arzobispo de Sevilla
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