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Abc - JESÚS BASTANTE. MADRID. Decenas de voluntarios y operarios se afanaban, desde primera hora de la
mañana de ayer, en los preparativos de la Jornada en Defensa de la Familia, que
mañana congregará a más de un millón de personas en los alrededores de la
madrileña plaza de Colón.
Todo Madrid se ha volcado para que este gran encuentro eclesial y familiar,
organizado por la Archidiócesis, sea un éxito. No sólo las instituciones
eclesiales, sino también el Ayuntamiento, que accedió a cerrar el tráfico del
centro de la capital el último domingo del año.
Restricciones de tráfico
Así, las restricciones al tráfico comenzaron ayer en el lateral de Colón
entre Goya y Jorge Juan, para facilitar el levantamiento de las estructuras de
sonido y televisión, así como el andamiaje del escenario desde el que los
líderes religiosos se dirigirán a los fieles.
El cierre total del tráfico se producirá a las ocho de la mañana de este
domingo. Se espera que la liturgia comience a las once de la mañana, y que
concluya pocos minutos antes de las tres de la tarde.
Pero, sin lugar a dudas, los protagonistas del gran evento serán el millón
de personas que, según la organización, se espera acudan a Colón a partir de
las ocho de la mañana, momento en el que se cortará al tráfico la plaza de
Colón. La gran mayoría, procedentes de la Comunidad de Madrid.
Sin embargo, y al cierre de esta edición, el Arzobispado de Madrid tenía
conocimiento de la llegada de más de un millar de autobuses, procedentes de
Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Valencia, Murcia, Castilla y León,
Cataluña, Cantabria, Asturias y Galicia.
Por su parte, y además del tren que ha fletado el Arzobispado de Valladolid
y que ya se ha llenado con casi medio millar de familias, las diócesis
andaluzas y manchegas han alcanzado un acuerdo con Renfe para abaratar los
precios de los trenes AVE, de ida y vuelta, con destino Madrid para esa mañana.
Desde Baleares, se han fletado al menos dos aviones con destino la capital de
España.
Los movimientos, protagonistas
Junto a la participación diocesana, el gran factor que marcará el éxito de
la convocatoria en defensa de la familia se encuentra en el decidido impulso
dado por los movimientos apostólicos al encuentro.
Así, los responsables del Camino Neocatecumenal -conocidos popularmente
como «kikos»- esperan reunir en Colón a 300.000 seguidores de esta realidad
eclesial, a los que habrá que sumar varias decenas de miles de cristianos
pertenecientes a otros movimientos y asociaciones, desde Acción Católica al
Foro de la Familia, pasando por los Focolares, Schoenstatt, Cursillos de
Cristiandad, Comunión y Liberación, Regnum Christi, Renovación Carismática o la
Comunidad de San Egidio.
También hay que destacar el total apoyo expresado por la prelatura del Opus
Dei y las congregaciones religiosas, así como por la práctica totalidad de las
Universidades católicas, de donde han salido buena parte de los voluntarios
-más de un millar- que se encargarán de la organización y seguridad del evento.
Juan Pablo II y Benedicto XVI
Desde las nueve de la mañana, una riada de personas se dirigirá hasta
Colón. Allí, los voluntarios irán colocando a los fieles por sectores,
repartiéndoles folletos explicativos de la Jornada, así como un programa de
actos con las lecturas que se llevarán a cabo durante la Celebración de la
Palabra.
A las once de la mañana, el grupo sevillano «Siempre Así» y grupos de
villancicos comenzará a «calentar» el ambiente. Poco después, media docena de
pantallas gigantes emitirán dos vídeos con palabras de Juan Pablo II referidas
a la familia. Posteriormente, un joven, un matrimonio y unos abuelos ofrecerán
su testimonio a los fieles, dejando paso al saludo del presidente del
Episcopado, Ricardo Blázquez, y de los cardenales.
A las doce se vivirá uno de los momentos clave, con la conexión vía
satélite con Benedicto XVI. Inmediatamente después los líderes de movimientos
eclesiales intervendrán dando su visión acerca del matrimonio y la familia.
Tras esto, dará comienzo la celebración propiamente dicha, que será cerrada
con la homilía del cardenal Rouco Varela y el «envío» a la misión de las
familias españolas
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