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El camino francés, desde Sarria a Santiago de Compostela (23) Imprimir E-Mail
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Escrito por José Barros Guede   
jueves, 05 de agosto de 2010

 (Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago y la tradición Xacobea. Esta es la vigésimo tercera entrega)

Iglesia fortaleza románica de san Nicolás, antiguamente de san Juan, en Portomarín del siglo XII
Iglesia fortaleza románica de san Nicolás, antiguamente de san Juan, en Portomarín del siglo XII

El Camino francés entra en Sarria por el barrio, llamado de Vigo, pasa junto a la actual iglesia parroquial de santa Marina, construida entre los años 1883 a 1885, sube por la calle Mayor, sigue junto a la iglesia románica del Salvador con un Pantocrátor en el tímpano de su puerta, y que antiguamente en frente había el hospital de san Antonio, hoy desaparecido. Sube al alto de la colina donde se hallaba el famoso castillo condal, destruido por los Irmandiños, en 1467, conservando actualmente una de las cuatro torres.

 

Baja junto al convento de la Magdalena, antiguo hospital de peregrinos, fundado por dos religiosos italianos agustinos de la Congregación de la Penitencia de los Mártires de Cristo, ocupándolo hasta la desamortización de Mendizábal del siglo XIX. La actual iglesia y convento de la Magdalena es obra de principios del siglo XVI, siendo dicho convento remodelado por obras posteriores de la segunda mitad del siglo XVIII. En el frontispicio de su templo podemos leer la frase latina “charitas edificat” (la caridad edifica).

 

El 2 de agosto de 1896, a propuesta del obispo de Lugo, los religiosos mercedarios se hacen cargo de dicho convento e iglesia siendo su primer comendador Antonio Hortas. En la actualidad desarrollan una labor educativa en un colegio de enseñanza primaria y secundaria, y atienden las parroquias del Salvador, de santa Marina, la capilla de san Lázaro en Sarria y otras más iglesias parroquiales de la comarca. 

 

 Rodrigo Vélaz, conde de Sarria, fue uno de los nobles gallegos en la primera mitad del siglo XII, que junto con Pedro Froílaz, conde de Traba, Munio Peláez, conde de Monterroso y el prelado Diego Gelmírez acompañaron al rey Alfonso VI, a su hija la reina Urraca y a su nieto el rey Alfonso VII de León y Castilla en sus contiendas y luchas contra sus enemigos y apoyaron valerosamente su política. En 1230, el rey Alfonso IX de León y Castilla funda la villa de Sarria, falleciendo posteriormente en ella.

 

 En 1370, el rey Enrique II de Leon y Castilla da los condados de Trastamara y de Sarria a Pedro Álvarez Osorio, benefactor junto con sus sucesores del convento de la Magdalena. En 1457, los hereda su nieto, Rodrigo Enríquez Osorio, conde de Lemos. Sus herederos convierten el condado de Sarria en marquesado poseyéndolo hasta 1777, fecha, en que pasa finalmente a los duques de Alba por derecho de consorte. Aquí, nacieron el famoso escultor Gregorio Hernández y el benemérito Matías López, industrial chocolatero de la segunda mitad del siglo XIX y fundador de las antiguas Escuelas de de Enseñanza Primaria.

 

 La villa de Sarria es actualmente centro de una rica comarca agrícola, ganadera de carnes y leche, industrial agroalimentaria de embutidos de chorizos y jamones, maderera de fabricación de muebles, química de cementos y piensos, cultural de anticuarios, comercial con sus ferias mensuales, numerosos comercios y turística con varios hoteles, hostales, fondas, restaurantes y cafeterías.

 

El Camino francés sigue por el barrio de san Lázaro donde antiguamente hubo un hospital para leprosos peregrinos, y sale de Sarria cruzando el río Celeiro por el puente de Áspera a Barbadelo, donde se halla una interesante iglesia románica dedicada al Apóstol Santiago con un hermoso tímpano sobre su puerta. Estuvo adosado a ella un pequeño monasterio familiar, dúplice de frailes y monjas, cuya fundación data del siglo IX.

 

 Posteriormente, fue priorato del monasterio de Samos. Aymeric Picaud cita en el “Codex Calixtinus” a Barbadelo y a Triacastela como lugares hasta donde se desplazaban los emisarios de los hosteleros compostelanos para engañar a los peregrinos con falsas promesas de hospitalidad.

 

El Camino francés sigue por Rente, Mercado da Serra, O Real, Leima, Pena, Peruscallo, Cortiñas, Lavandeiras, Casal, Brea, Morcades, Ferreirós donde los herreros herraban las caballerías de los peregrinos. Continúa por Pena Miralles, Couto, Cotarelo, Rozas, Moimentos, Mercadoiro, Moutrás, Parrocha, Vilacha, Loio donde estuvo el monasterio de santa María de los caballeros de la Orden Miliar de Santiago fundado en 1170, y donde actualmente hay ermita que lo recuerda.

 

 Seguía por Corga de los Franceses y por el antiguo Portomarín, llamado “Pons Minea” en el “Codex Calixtinus”. Era un bello lugar soleado y poblado en la ribera del río Miño mirando al Sur, que perteneció, en siglo IX y X, al conde Gutierre Menéndez, padre de san Rosendo, que creció y se desarrolló en torno al Camino francés de Santiago formando los núcleos de san Pedro a la izquierda y de san Juan a la derecha, unidos por un puente romano sobre el río Miño, que fue destruido por la reina Urraca, en 1112, en su lucha contra su marido Alfonso I el Batallador, y restaurado por Pedro Peregrino, en 1120. En 1929, fue construido un nuevo puente sobre el cual se ha levantado el actual.

 

 En 1965, el antiguo Portomarín fue cubierto por las aguas del embalse de Belesar del río Miño. Sus iglesias románicas, palacios, viviendas y demás cosas de interés fueron traslados cuidadosamente al actual asentamiento en el lugar llamado del Monte de Cristo. Hoy día, el nuevo Portomarín ofrece un lugar hermoso y un paisaje bello al peregrino y al turista para su descanso y placer con su playa fluvial, sus plazas hoteleras, sus fiestas y sus preciosas iglesias románicas, llenas de historia y encanto.   

 

Concretamente, podemos contemplar las iglesias románicas de san Pedro de 1182, con portada de tres grandes y hermosas archivoltas, la de san Juan del siglo XIII, hoy llamada de san Nicolás, monumento singular, con su precioso gran rosetón y con su forma de fortaleza, perteneciente antiguamente a la encomienda de Orden Militar de San Juan de Jerusalén, y el palacio de Bebeteros del siglo XVII.

 

El Camino francés sigue por Toxibo, Gonzar, Castromayor, Hospital, Ventas de Narón, Previsa, Portos, Lestedo, Valos, Vilar das Donas, donde se encuentra el interesante y bello templo románico de san Salvador, antiguamente de los caballeros de la Orden de Santiago, con su altar mayor y retablo de piedra que reproduce escenas de milagro del Cebreiro, y donde se hallan las curiosas pinturas murales de las donas del siglo XV, llamadas Bela y Elvira, e importantes sepulcros. Originariamente, fue un priorato familiar femenino fundado por Arias Pérez, conde de Monterroso, para sus citadas hijas, cuyos herederos, posteriormente lo donaron a los caballeros de la Orden de Santiago a finales del siglo XII.

 

 El Camino francés continúa por Brea, Ave Nostre, Lamelas, Rosario hasta Palas de Rey. Según una tradición oral, el rey visigodo Witiza tuvo en esta villa su palacio real durante algún tiempo, y según Vicandro Ares: “fue camino celta, romano, francés y real”. Palas de Rey es cabeza de una comarca regada por el río Ulla, rica en carnes, leche y quesos, y en la que abundan restos arqueológicos, mámoas, dólmenes, castros romanizados, pazos y casas solariegas blasonadas en las parroquias.

 

 Concretamente, merece mencionar la histórica iglesia de san Tirso, el pazo de Ulloa, la casas torres de Quindimil y da Pena da Merla en Carteire y el famoso castillo de Pambre, construido por Gonzalo Ozores de Ulloa en 1375, al que los Irmandiños no pudieron derribar en 1467, y que Antonio López Ferreiro recuerda en su novela, “El castillo de Pambre”. 

 

El Camino francés sale de Palas de Rey y sigue por Aldea de Riba, Gaiola de Riba, San Xulián do Camiño, Pallota, Outeiro da Ponte, Pontecampaña, Casanova, Ponte de Bois, donde tuvo lugar la batalla entre Enrique II de Trastamara y Fernando de Castro, conde de Lemos, muriendo este último en dicho combate en 1376. Sigue por Campanillas, Couto, Cornisa, Leboreiro, interesente pueblo medieval, continúa por Disicabo, Furelos y Melide, punto importante de peregrinos y caminantes y confluencia del Camino francés y del Camino procedente de Oviedo.

 

Melide tuvo antiguamente un monasterio, un hospital y una cofradía del Spíritu Santo para pobres y peregrinos, fundados por Fernán López en 1375, y encomendados a los religiosos franciscanos de la Tercera Orden. Su iglesia fue remodelada por Lope Sánchez de Ulloa, señor de esta villa, en 1498, guardando los sepulcros de las esposas. Hoy día, es la actual iglesia parroquial.

 

 Melide fue lugar de descanso de reyes en su camino entre Leon, Castilla y Santiago de Compostela. Aquí, se reunieron los jefes de los Irmandiños, en 1467, derribando la fortaleza del castillo y las murallas de la villa. Hoy día, es centro comercial, agrícola e industrial de una extensa comarca.

 

 En dicha villa podemos contemplar el crucero más antiguo de Galicia con dos caras, la de Cristo Majestad sedente mostrando las llagas de su manos y la de Cristo Crucificado con su madre María y san Juan, las iglesia de san Pedro con su portada románica, la de santa María y el palacio de loa marqueses de Corvera del siglo XVII, posteriormente dedicado a la Obra Pía de san Antonio y al ayuntamiento.

 

El Camino francés sigue por Carballal, Ponte de Penas, Rido, Parabispo, Bonete, Pomariño, Castañeda donde los peregrinos, según escribe Aymeric Picaud, en el “Codex Calixtinus”, tomaban piedras calizas para las obras de la iglesia del Apóstol Santiago. Sigue por Pedrido, Ribadiso y Arzúa, villa de origen medieval, que conserva la capilla de la Magdalena de un antiguo convento y hospital de religiosos agustinos para atención de los peregrinos. La comarca de Arzúa tiene numerosos pazos y casas blasonadas del siglo XVIII. Hoy día, dicha villa es centro de una rica comarca agropecuaria. Su actual iglesia parroquial posee imágenes de Santiago Peregrino, de Santiago Matamoros y un refugio para peregrinos.

 

El Camino francés sigue por As Barrosas, Tabernalla, Calzada, Calle, Langüeldo, Noavista, Alto, Salceda, Xen, Ras, Brea, Rabina, Empalme, Santa Irene, Rúa, Burgo, Arca, San Antón, Amenal, Cimadevila y Lavacolla, a que Aymeric Picaud, en el “Codex Calixtinus”, llama “Laumentula,” diciendo: “los peregrinos de la nación francesa, aquí, a dos millas de Santiago se quitan la ropa y por amor al Apóstol solían lavarse no sólo sus partes sino también todo el cuerpo”.

 

 Continúa al Monte de Gozo (Monxoi), desde donde los peregrinos divisan la ciudad de Santiago de Compostela, y en donde el papa Juan Pablo II se reunió con miles de jóvenes en 1988. Entra en la ciudad compostelana por el barrio de San Marcos, las rúas de los Concheiros, de San Pedro y de la Puerta del Camino, donde se encontraban antiguamente los cambistas, mercaderes y hospederos. Sigue por la rúa de las Ánimas y Casas Reales, la Plaza de Cervantes, la rúa de Acevachería, la vía Sacra hasta la puerta Norte y fachada del Paraíso de la Iglesia Basílica Catedral del Apóstol Santiago.

 

En la fachada del Paraíso o Acevachería se hallaba la “fons santi Jacobi”, que según escribe Aymeric Picaud en el “Codex Calixtinus”: “no había otra igual en el mundo entero”. Fue promovida por el arzobispo Diego Gelmírez y construida, en 1222, por el genial maestro de obras, Bernardo Estévez, para los peregrinos y vecinos de Compostela, y destruida en el siglo XV. Refiere, además, que aquí en esta fachada: “los vecinos compostelanos vendían a los peregrinos las pequeñas vieras insignias de la peregrinación, botas de vino, zapatos, carcelas de piel de ciervo, bolsas, correas, cinturones y toda clases de hierbas medicinales y de otras drogas, así como otras muchas cosas”.

 

 Por dicha puerta norte, los peregrinos entraban a la Iglesia Basílica Catedral para venerar la tumba del Apóstol Santiago. Aymeric Picaud que la visitó y veneró sobre los años 1128 a 1130, escribe en el Codex Calixtinus: “la excelentísima ciudad del Apóstol, que posee toda clase de encantos, tiene en su custodia los preciosos restos mortales de Santiago por lo que se considera la más feliz y excelsa de todas las ciudades de España”. 

 

 José Barros Guede

A Coruña, 4 de agosto de 2010

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