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El camino francés,
desde O Cebreiro a Samos
(Nota de ECCLESIA
DIGITAL: proseguimos la serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José
Barros Guede a propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el
Camino de Santiago y la tradición Xacobea. Esta es la vigésimo segunda entrega)

Exterior de la
iglesia prerrománica de Santa María do Cebreiro de los siglos IX o X
O Cebreiro, antiguo asentamiento
celta, es uno de los puntos más pintorescos y emblemáticos del Camino francés,
donde se halla la iglesia prerrománica de santa María de los siglos IX o X, y
cuyo asentamiento y poblado ha sido declarado de Interés Artístico Nacional. El
rey Alfonso VI de Leon, en 1072, el Bravo, funda aquí un pequeño cenobio de monjes
de la abadía benedictina francesa de San Geraud de d`Aurillac para atender a
los peregrinos franceses en el camino hacia la tumba del Apóstol Santiago.
Aymeric Picaud, autor del Codex Calixtinus o
Liber Santi Jacobi, de la primera mitad del siglo XII, llama a este lugar:
“Portus Montis Cabrari”, por su altitud
de 1300 m.,
desde donde se divisa un impresionante y bellísimo paisaje de sueño y encanto.
Escribe en dicha obra: “pasado el monte
Cebreiro se encuentra la tierra de los gallegos, abunda en bosques, es
agradable por sus ríos, sus prados y ricos pomares, sus buenas frutas y sus
clarísimas fuentes. Es rara en ciudades, villas y sembrados, escasea el pan de
trigo y el vino, abunda el pan de centeno y sidra, en ganados y caballerías, en leche, miel y en
grandísimos y pequeños pescados de mar. Es rica en oro y plata, en tejidos,
pieles silvestres y en otras riquezas, sobre todo en tesoros sarracenos. Los
gallegos se acomodan a nuestro pueblo galo, pero son iracundos y muy
litigiosos”.
En 1486, los Reyes Católicos, como peregrinos
del Apóstol Santiago en su viaje a Galicia, visitan dicha iglesia de santa
María, veneran el santo Milagro, restauran la hospedaría de peregrinos y
incorporan dicho cenobio a la casa general benedictina de Valladolid.
Posteriormente, este pequeño monasterio pasa por mil vicisitudes. Sufre
finalmente la desamortización eclesiástica de Mendizábal en 1837. Sus monjes
benedictinos lo abandonan definitivamente en 1858. La diócesis de Lugo se hace cargo de dicha
iglesia prerrománica de santa Maria y la erige en parroquia.
El 22 de septiembre de 1959, el benemérito dr.
Elias Valiña Sanpedro, llamado “o cura do Cebreiro, es nombrado párroco de la
misma, quien señala el Camino francés con flechas amarillas en las etapas de
España, y promueve, en 1962, la restauración de mencionada iglesia, de la
hospedería de san Giraldo de Aurillac, del poblado y del museo etnográfico,
bajo la dirección del arquitecto Francisco Pons Sorolla,
Hoy día, podemos contemplar la
bella y hermosa iglesia de santa María, de origen prerrománico, de gran sabor y
encanto medieval, que inspira fe y esperanza cristiana siendo consagrada en
1964. Es de tres naves y de tres ábsides.
En el ábside de la capilla central se halla el altar mayor con una preciosa
talla del santo Cristo y el acceso a la sacristía.
En ábside de la izquierda se encuentra la
capilla del santo Milagro, donde se encuentra un altar, un monolito acristalado
con forma de caja fuerte, llamado relicario, que contiene en su interior el
cáliz y la patena de dicho milagro guardando los restos de la sangre y carne de Cristo, y un sagrario de
plata repujada que representa la urna del Apóstol Santiago.
En el ábside de la nave derecha se
halla la capilla de san Benito, con su bella talla, fundador de los monjes
benedictinos, y a sus pies está la sepultura del citado benemérito párroco, con la siguiente
inscripción: “dr. D. Elias Valiña Sanpedro, párroco de este lugar, insigne
restaurador del camino de Santiago, amigo y hermano de todos los peregrinos, n.
el 2-2-1929 y m. 11-12- 1889”.
A la entrada de la puerta de la
Iglesia parroquial de santa María, a su derecha, se encuentra
una pila típica bautismal para recibir el bautismo por inmersión, práctica que
cayó en desuso en el siglo XIII.
En la pared de la nave lateral
izquierda se halla la talla románica de santa María portando al Niño en su
seno. Antiguamente, presidía el altar mayor de la iglesia prerrománica. Su fiesta
y romería se celebra anualmente los días 8 y 9 de septiembre concurriendo miles
y miles de devotos de las diversas comarcas gallegas de Lugo y leonesas del
Bierzo.
Una vieja tradición, muy divulgada entre las
gentes de esta comarca del Cebreiro, cuenta que la imagen de santa María
inclinó la cabeza y el niño en sus brazos abrió lo ojos para adorar el Santo
Milagro, cuando en una mañana cruda de invierno, un monje benedictino
celebrando Misa duda de la transformación del pan y vino en el cuerpo y sangre
de Cristo. Admira la gran fe de un campesino del pueblo de Barxamayor que
asistía a ella no entendiendo el gran sacrifico que hacía en tan difíciles
condiciones climáticas.
Dicho santo Milagro fortaleció la fe del monje
conservándose misteriosamente en un cáliz del siglo XII, y actualmente en un
relicario. Los peregrinos divulgan por toda la cristiandad este hecho
milagroso. Los Reyes Católicos contemplándolo en su visita a Galicia donan un
nuevo cáliz y un relicario que lo contiene, mandando exponerlo en una caja
fuerte para la contemplación de los fieles. Wagner, inspirándose en los relatos
de los peregrinos sobre dicho santo Milagro, compuso la obra musical
Parsifal.
El Camino francés sigue por
Liñares, Alto de San Roque, Hospital de la Condesa, Padornelo, Alto de Poyo, de 1337 m. de altitud, continúa
por Fonfría, nombre tomado de su fuente de agua fría, por Hospital de Santa
Catalina, antiguamente al cuidado de los religiosos de Santi Spíritu de Melide,
por Biduedo, Filloval, As Pasantes, Ramil y hasta Triacastela, lugar de descano
de los reyes, nobles, mesnadas y caminantes entre Galicia, León y Castilla.
En el siglo IX, existía Triacastela el
monasterio de san Pedro y san Pablo de Ermo vinculado al conde Gatón, pasando
posteriormente a la Iglesia
compostelana del Apóstol Santiago por la
donación del rey Ordoño II de León, en 922, como ofrenda por el alma de su
esposa Elvira. En 1112, el prelado Diego Gelmírez, acompañó a la reina Urraca
de León y Castilla con su séquito de nobles gallegos y tropa militar para
combatir a su marido, Alfonso I el Batallador, regresando a Compostela por
consejo de la reina. El rey Alfonso IX mostró gran interés por esta población.
Su actual iglesia parroquial con su ábside románico está dedicada al Apóstol
Santiago.
El Camino francés sale de
Triacastela y sigue por la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, en A Balsa,
pasa por San Xil, continúa por Montán, Fontearcuda, Zoo, Furela, Brea, Pintín,
Calvor, Aguiada, san Mamede, san Pedro, Carballal, Vigo hasta Sarria. Sin embargo,
los peregrinos siguen la ruta por Samos, que aunque no figura en Codex
Calixtinus de Aymeric Picaud, es la más frecuentada.
En Samos se encuentra el monasterio
benedictino más antiguo de Galicia, a orillas del río Ouribio, dedicado a los
santos Julián y Baselisa, cuyo origen se remonta al siglo VII. El rey Fruela I
de Asturias pone al frente de dicho monasterio al abad Agerico. Su hijo el rey
Alfonso II, el Casto, tras el asesinato de su padre, en el 768, pasa su adolescencia en dicho monasterio. El papa Alejando III, en 1175, le otorga los derechos jurisdiccionales y
las rentas sobre 105 iglesias de Galicia.
El actual monasterio benedictino es de tres
estilos distintos, gótico tardío, renacimiento y barroco. Fue construido entre
los siglos XV, XVI y XVII, con material de mampostería de pizarra, propio de
estos lugares. Son dignos de admiración y contemplación sus dos grandiosos
claustros, su galería, su preciosa iglesia con su fachada barroca de piedra de
cantería y con su hermosa y amplia sacristía.
Aquí, vivió el sabio religioso benedictino
Jerónimo Feijoo. Dicho monasterio posee una interesante biblioteca que, entre
otras cosas, conservaba sus obras, parte de las cuales perecieron en el
incendio de 1951. Muy próximo al monasterio se encuentra la capilla del
Salvador, de finales de siglo IX o principios del siglo X. Actualmente, la
villa de Samos es un lugar de paz y descanso por la belleza de su paisaje, por
la hermosura de sus montes y de su río, llenos de encanto, y por
su historia milenaria.
José Barros Guede
A Coruña, a 29 de julio de 2010
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