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Biografía del apóstol Santiago, patrón de España, patriarca de Galicia
y Modelo de peregrino Europeo
(Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la
serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a
propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago
y la tradición Xacobea. Esta es la vigésimo primera entrega) 
El Apóstol Santiago el Mayor era hijo de
Zebedeo y de su esposa Salomé, y hermano del apóstol Juan Evangelista. Nace en
Betsaida a orillas del lago de Galilea en Palestina. Ambos hermanos eran socios
de un pequeño negocio de pesca y compañeros de Pedro y Andrés, hijos de Jonás,
los cuales tenían el mismo oficio y serán también apóstoles como él. Jesús de
Nazaret pasando cierto día a orillas de dicho lago estando ellos pescando, les
invita a “ser pescadores de hombres”. Aceptan su invitación y dejando sus redes, le siguen.
Viendo
Jesús su fortaleza les llama “Hijos del Trueno” y les considera sus amigos
junto con Pedro por la adhesión y lealtad que muestran hacia su persona.
Santiago le acompaña en el milagro de la resurrección de la hija de Jairo, es
testigo de su transfiguración en el monte Tabor, de su agonía en Getsemaní y
confidente de su profecía sobre la destrucción de Jerusalén y la guerra que más
tarde sobrevendría. A la pregunta de Jesús, si eran capaces de beber la copa
que él beberá, es decir, morir por su causa, Santiago y Juan contestan “somos
capaces”.
Algunos
calendarios y martirologios de los siglos V al IX, entre ellos “Passio latina”,
recuerdan que el Apóstol Santiago el Mayor predicó en Judea y Samaria, sin
embargo los ortodoxos griegos, coptos y etíopes afirman que predicó a los
judíos de la
Diáspora. Concretamente,
el documento, “Breviarium Apostolorum”, de principios del siglo VII,
manifiesta: “Santiago, hijo del Zebedeo, predica en España y en tierras
occidentales”.
San Isidoro de Sevilla dice en su libro, De
ortu et obitu Patrum, escrito en este siglo: “Santiago predicó el Evangelio en
España y en las tierras occidentales e introdujo la predicación en “in
fine-terrae” (en el fin de la tierra), expresión latina con la que los romanos
designaban a Galicia). Ambos textos afirman que su cadáver fue sepultado en
“Arca Marmórica”.
En el
siglo IX, Floro de Lyón escribe: “los huesos de Santiago, trasladados a España,
fueron depositados en su extremo, es decir, frente al mar Británico, y reciben
allí culto con veneración famosísima de aquellas gentes”. Esta información la
facilitan otros muchos escritos de estos siglos y en distintos lugares, de tal
manera que en el siglo XI era creencia universal en la Iglesia Occidental
y en Armenia que el Apóstol Santiago, hijo de Zebedeo, había predicado en
España y que su cuerpo se halla sepultado en una tumba en Compostela.
La Leyenda Áurea
cuenta que el Apóstol Santiago, hijo de Zebedeo, después de la ascensión de
Jesús a los cielos y de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles en
Jerusalén, en el año 30, predicó la palabra evangélica en Judea y en Samaria; y
que, posteriormente, vino a predicarla a la Hispania Romana
haciendo nueve discípulos, regresando posteriormente a Jerusalén, y dejando
aquí a dos discípulos para seguir evangelizando a los hispanos.
En torno
al viaje a España del Apóstol Santiago, el Mayor, hay varias tradiciones orales y leyendas. Una de estas,
la más común, afirma que desembarcó en la Bética Romana,
siguió caminando por la vía romana que unía la Itálica con Mérida,
continúa a Coimbra y Braga y llega a Iria-Flavia, Padrón, en Galicia. Ordena
obispos en Braga, Lugo y Astorga.
Continúa por la vía romana hacia Zaragoza, en
cuya ciudad se le aparece la
Virgen Maria, en carne mortal, sobre un pilar a orillas del
río Ebro para fortalecerle y animarle en la fe cristiana ante los problemas y
dificultades que sufría. Le encarga construir allí un templo en el cual se depositase su imagen. Santiago
levanta allí una pequeña capilla con el nombre de Nuestra Señora del Pilar
colocando su imagen sobre un pilar.
Antes de regresar a Jerusalén, nombra obispo
de Zaragoza a su discípulo Atanasio y ordena presbítero a Teodoro, que según
Aymeric Picaud, autor del “Codex
Calixtinus” o “Liber Santi Jacobi” escrito en la primera mitad siglo XII, eran
gallegos.
Regresa
a Jerusalén. En el año 44, las autoridades judías desatan una violenta
persecución contra la naciente Iglesia Cristiana, durante la cual muere el
apóstol Santiago cortándole la cabeza con una espada. El libro de los “Hechos
de los Apóstoles” enseña: “Herodes (Agripa, nieto de Herodes el Grande) dio
muerte a Santiago, hermano de Juan, por la espada” (c.12.1-2), siendo decapitado por los días de la Pascua judía del mes de
Nisán en Jerusalén, en el lugar donde los cristianos armenios han levantado una
capilla en su honor y recuerdo.
La Historia Compostelana escrita
en la primera mitad del siglo XII refiere: “los judíos no quisieron darle
sepultura y arrojan su cadáver fuera de la ciudad de Jerusalén para que fuese
devorado por los perros y las aves de rapiña. Entonces, los cristianos lo recogen y lo embarcan en
una nave en Haifa con dirección a la Hispania Romana donde había predicado el
Evangelio, llegando misteriosamente a la costa marítima gallega, concretamente,
a Iria, Padrón, donde, entonces, reinaba la reina Lupa”. Los habitantes de esta
tierra lo llevan a su palacio situado en
el monte, llamado Pico Sacro, donde al verlo, dicha reina se convierte y se
bautiza.
La reina Lupa manda depositen su cadáver en un carro tirado por una junta de bueyes.
Ordena que su cuerpo sea enterrado donde los bueyes se paren y no puedan tirar
más del carro. Cansados se paran definitivamente en un lugar, donde los nativos
excavan una fosa, y allí entierran en una tumba el cadáver del Apóstol
Santiago, el Mayor, junto con los dos cadáveres de sus discípulos, Atanasio y
Teodoro.
A principios del siglo IX,
en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo vio de noche a una estrella que
brillaba grandemente sobre una colina rocosa, llamada el monte Libredón,
próxima al río Sar. Se lo cuenta a los demás ermitaños y pastores que perciben
lo mismo. Se aproximan y oyen una música lejana misteriosa como de ángeles. Se
lo comunican a Teodomiro, obispo de Iria-Flavia, quien les manifiesta que allí
está la mano de Dios.
Visitan
dicho lugar, desbrozan la maleza y encuentran una pequeña tumba, donde hallan
tres cadáveres que atribuyen al apóstol Santiago, el Mayor, y a sus dos
discípulos, Teodoro y Atanasio. Llaman a este lugar “Campus Stellae”, (Campo de
la Estrella,
o Compostela). Comunican dicho hallazgo al rey Alfonso II, el Casto, del Reino
Astur, quien desde Oviedo se traslada al
dicho lugar.
El
hallazgo de las reliquias del apóstol Santiago produjo una enorme alegría y una gran esperanza en toda Cristiandad
infundiendo una gran fuerza y poder a los cristianos contra la invasión
islámica. El rey Alfonso II, el Casto, comunica dicha noticia al papa León III y al emperador
Carlomagno, y manda levantar tres iglesias dotándolas convenientemente.
Una Iglesia en honor del apóstol Santiago para
recoger su tumba y darle culto, y otras dos, al Norte, en honor de san Juan
Bautista para baptisterio, y al Este, en honor del Salvador (la Corticela) para
establecer una comunidad de monjes benedictinos. Le señala al abad Ildefredo y a sus doce monjes el
lugar de Antealtares para monasterio y claustro, a fin de que diesen culto al
apóstol Santiago junto con los canónigos de la Iglesia del apóstol
Santiago que siguen la regla de san Isidoro de Sevilla.
Actualmente, dicha tumba del Apóstol
Santiago se haya debajo de la capilla mayor de la Iglesia Basílica Catedral del
Apóstol Santiago en Compostela, en cuyo altar mayor se halla representado en
bellas tallas artísticas como Patrón de España, Patriarca de Galicia y
Peregrino Europeo.
José
Barros Guede
A
Coruña, 22 de julio de 2010
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