4000 sacerdotes,
diáconos y seminaristas Aula Pablo VI - Vaticano - 9 de junio de 2010
4.000 sacerdotes, diáconos y seminaristas procedentes de
70 países de los cinco continentes, junto con un millar de religiosos,
religiosas y laicos, se dieron cita en el congreso celebrado en el Aula Pablo
VI, en una tarde de testimonios y momentos artísticos con motivo de las
manifestaciones de conclusión del Año Sacerdotal.
La cita había sido promovida por los sacerdotes del
Movimiento de los Focolares y del Movimientos de Schoenstatt, en colaboración
con la Renovación Carismática Católica Internacional y otros organismos
eclesiales.
El Segretario de
Estado, Card. Tarcisio Bertone, llevó «el saludo, el afecto y la bendición del Santo
Padre Benedicto XVI». Y continuó: «Días pasados hablamos de este encuentro, que
se engarza como una gema dentro de las iniciativas para la conclusión del Año
Sacerdotal, y él manifestó su aprecio hacia los Movimientos eclesiales, que han
querido este congreso bajo el signo de la unidad y de la fraternidad. Por lo
tanto, vengo para deciros que el Papa está particularmente cerca de vosotros».
«Leyendo el programa de vuestro congreso – prosiguió –, he podido ver, … el
recorrido de una vida sacerdotal robusta y generosa, fundada en “una radical
forma comunitaria” (…) y me gusta subrayar que el respiro de la comunión es un
elemento fundamental para la salud del cuerpo de la Iglesia».
El Prefecto de la
Congregación para el Clero, Card. Claudio Hummes, concluyó la tarde, presidiendo
el rezo de las Vísperas y dijo: «Durante la preparación nos hemos reunido
muchas veces para pensar en todas estas iniciativas de clausura del Año
Sacerdotal. Los tres Movimientos vinieron para hablarnos de este encuentro. Yo
estaba muy contento, porque estaba seguro de que sería algo muy bueno para
nuestros sacerdotes, algo que nos rejuvenecería, que nos renovaría, que nos
daría la alegría de ser sacerdotes, de ser sacerdotes en este tiempo, en este
mundo de hoy, en esta cultura de hoy».
Ni el cardenal Secretario de Estado, ni los promotores de
este acontecimiento han ignorado la «carga de dolor» por las conocidas «graves
infidelidades de algunos miembros del clero». Pero justamente en esta
“situación dolorosa”, en esta “persecución” interna en la misma Iglesia – como
dijo el card. Bertone, haciéndose eco de palabras del Papa – ha surgido la
«toma de conciencia providencial» de la necesidad de una estación de
renacimiento, de un camino de «renovación, conversión y purificación, que nos
lleva a caminar no a tientas, sino en la luz». Un estación ya iniciada «por la
nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días también
gracias a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades».
Objetivo del
congreso era
evidenciar cuanto el testimonio de coherencia evangélica y la vida de comunión
en el ámbito sacerdotal que suscitan los carismas presentes en la Iglesia,
particularmente los “nuevos” carismas, puede convertirse en un don para todo el
clero. Lo han demostrado los numerosos testimonios presentados, al igual que la
presencia en el escenario de expresiones artísticas coordinadas por el grupo
musical femenino Gen Verde, entre las
cuales es necesario destacar la del coro ortodoxo rumano “Psalmodia Transylvanica”y
algunos pasos de la pieza teatral Ars
Amoris sobre la vida del Santo Cura de Ars.
Algunas expresiones recogidas al final del congreso entre
los sacerdotes presentes muestran el éxito del evento: «Hoy vuelvo a vivir mi
sacerdocio con el entusiasmo del principio y la madurez de los 40 años ya
transcurridos»; «Este día me ha vuelto a dar la alegría y el coraje de ser
sacerdote»; «He vuelto a descubrir mi vocación. He vuelto a hacer mi elección
de Dios».
Impresionantes los testimonios del martirio de un grupo de
seminaristas en Burundi: con el precio de la vida, han dado testimonio de la
unidad entre hutus y tutsis en medio de un conflicto que quería enfrentarles.
Lo han contado tres de los supervivientes, ahora sacerdotes, que han sido capaces
de perdonar a los asesinos de sus compañeros. Sacerdotes testigos, expuestos
como todos a las tentaciones y a las caídas de la vida espiritual. Como Brendan
Purcell, de Irlanda: el celibato puesto en peligro, superado con una nueva y
más radical elección de Dios y una más grande capacidad de amar. Y de abrazar
el dolor y el sufrimiento de la llaga que ha golpeado a la Iglesia de Irlanda.
Testigos de la fragilidad frente a la enorme carga de pesos soportados en
soledad, que graban al sacerdote. La caída en el alcoholismo, como contó un
presbítero alemán. Logró salir de esta situación gracias a la ayuda de la
comunidad que, desde entonces, se ha convertido también en responsable de su
misión. “Me ha gustado que se haya tenido el valor de sacar a la luz los problemas
y las dificultades e indicar caminos: ser en Dios, vivir la comunión, la
fraternidad”.
En tres
momentos se ha delineado la identidad de los sacerdotes hoy: Hombres de Dios, iconos de Cristo;
Hermanos entre hermanos, en el único pueblo; Profetas de un mundo nuevo. Se ha mostrado la incidencia y la
fecundidad que hace renacer comunidades cristianas (Brasil y Alemania), que
logra instaurar relaciones de acogida y de fraternidad en un contexto
multiétnico, superando muchas hostilidades (Suiza), que vivifica con relaciones
nuevas el tejido social de una ciudad (Ascoli Piceno – Italia).
Significativas las reacciones de los laicos presentes y,
en particular, la de los jóvenes. «Hoy he visto la Iglesia del mañana, la que
acompañará y hará crecer a mis hijos». «Soy un joven de 23 años en proceso de
comprender mi vocación. Toda la mundialidad, la unidad de la Iglesia que he
encontrado, me han impactado en lo más profundo de mi corazón».
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