Carta Pastoral de Mons. Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla.
Queridos hermanos y
hermanas:
El próximo día 11 de
junio, el Santo Padre Benedicto XVI clausurará el Año Sacerdotal convocado por
él con ocasión del CL aniversario de la muerte de San Juan María Vianney,
el Cura de Ars. En la misma ceremonia, el Papa lo declaró patrono de todos los
sacerdotes del mundo, también de los religiosos. La finalidad casi única de
este año ha sido que todos los sacerdotes renovemos en profundidad nuestra
adhesión total a Jesucristo, con el que quedamos configurados en
nuestra ordenación, crezcamos en amor e intimidad con el Señor y
aspiremos con todas nuestras fuerzas a la santidad, para poder conducir a
las almas a nosotros confiadas al encuentro con el Señor.
Con este motivo, el
pasado mes de noviembre publiqué una larga carta pastoral dirigida a los sacerdotes
de nuestra Archidiócesis. En ella decía que la biografía del Cura de Ars, cuya
vida discurre entre 1786 y 1859, es una de las más conmovedoras y fecundas de
toda la historia de la Iglesia. Subrayaba el esplendor de su santidad y su
condición de modelo de vida y ascesis sacerdotal, de piedad y celo pastoral
para todos los sacerdotes. Glosaba su entrega a la predicación y a la
catequesis y su amor a los pobres, a los que socorría privándose incluso de lo
necesario. Subrayaba su dedicación perseverante al confesionario, donde por
espacio de cuarenta años y durante más de diez horas diarias, acogió con amor a
los indiferentes para despertarlos al amor de Dios, guió innumerables almas a
la perfección y reconcilió a grandes pecadores arrepentidos, que llegaban de
toda Francia y de otros países europeos.
Destacaba en mi carta su amor a la Eucaristía, celebrada, contemplada y
adorada, verdadero sustento de su vida sacerdotal, y decía que su vida
interior, su amor a la pobreza, la penitencia y la mortificación fue el secreto
manantial de su caridad pastoral y amor a las almas. Concluía mi carta
recordando a los sacerdotes el lema de esta conmemoración jubilar: “Fidelidad
de Cristo, fidelidad del sacerdote”, y les deseaba que el Año Sacerdotal fuera
para todos un acontecimiento de gracia que nos ayude a renovar y
fortalecer nuestra fidelidad al Señor hasta la muerte. Dios quiera que en
nuestra Archidiócesis se hayan cumplido estos buenos deseos.
El camino no es otro que la configuración existencial con Cristo Sacerdote, el
aprecio del don inmenso que hemos recibido, la búsqueda ardorosa de la
santidad, la huida de la tibieza y el aburguesamiento espiritual y la estima y
práctica de los medios de santificación que la Iglesia siempre nos ha
encarecido: el examen diario de conciencia y la confesión frecuente, la
dirección espiritual, la recitación consciente y fervorosa de la Liturgia de
las Horas, la oración personal, la devoción a la Santísima Virgen, el rezo del
Rosario, los Ejercicios Espirituales anuales, el retiro mensual, la vivencia de
la fraternidad sacerdotal, la estima de la virtud de la pobreza, la
mortificación y el amor a la Cruz. A partir de estas bases sobrenaturales
crecerá incesantemente en nuestros sacerdotes la caridad pastoral, que en el
Cura de Ars fue sobresaliente, una copia auténtica del modelo por excelencia,
Jesucristo, el Buen Pastor, pues vivió desviviéndose por sus fieles, entregando
su vida a la Iglesia y a las almas a imitación de Cristo, “que amó a su Iglesia
y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5,25).
Pero el Año Sacerdotal no ha estado destinado sólo a los sacerdotes sino
también a los fieles, que habéis de rezar cada día por la fidelidad de vuestros
pastores. En los últimos meses, el Santo Padre ha pedido con insistencia
a todos los católicos que oren confiadamente por sus sacerdotes y que pidan al
Señor que nos conceda las vocaciones buenas y generosas que tanto necesitamos,
enriqueciendo incluso esta plegaria con indulgencias especiales. Nos ha pedido
en concreto que se multipliquen en las diócesis, en las parroquias, en las
comunidades religiosas, especialmente las monásticas, en los grupos y
movimientos, iniciativas de oración y, en particular, de adoración eucarística,
por la santificación del clero y por las vocaciones sacerdotales, respondiendo
a la invitación de Jesús a orar “al dueño de la mies que envíe obreros a su
mies” (Mt 9,38). Sé que en muchas parroquias habéis cumplido generosamente
estos deseos del Papa y que muchas comunidades religiosas han tenido ratos
especiales de oración ante el Santísimo con esta intención. Me consta que en
algunas parroquias se han recuperado los Jueves Sacerdotales, con exposición
del Santísimo y preces especiales por la santidad de los sacerdotes y las
vocaciones.
Al mismo tiempo que os agradezco cuanto habéis hecho a lo largo de este año, a
todos os invito a seguir encomendándonos. La vitalidad espiritual de una
Diócesis o de una parroquia depende en gran medida de la vitalidad y santidad
de sus sacerdotes. Por ello, os pido que siempre, pero especialmente en estos
tiempos de inclemencia, arropéis a vuestros sacerdotes con vuestro afecto y
estima. Son muy grandes los dones que nos llegan a través de ellos. Rezad por
ellos cada día, pues como ha escrito también el Papa, “la oración es la primera
tarea, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes, y el alma de la
auténtica pastoral vocacional”.
A la vuelta de la clausura del Año Santo en Roma, el día 15 de junio tendremos
la clausura diocesana con un Eucaristía para todos los sacerdotes en la
Catedral a la doce de la mañana. Previamente, el domingo día 13 será la
clausura en las parroquias y oratorios de la Diócesis, dedicando la homilía,
las preces y algún otro acto especial a rezar por los sacerdotes y por
las vocaciones y a recordar a los fieles la misión de los sacerdotes, verdadero
don de Dios para nuestras comunidades.