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Carta de monseñor Jaume Pujol Balcells, arzobispo metropolitano de Tarragona y Primato, para
el domingo 13 de junio de 2010
Cuando os lleguen estas líneas estaremos clausurando el Año Sacerdotal. El
11 de junio, viernes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Santo Padre
pondrá el punto final a este Año dedicado a los sacerdotes y que ha
transcurrido entre luces y sombras. 
Estoy convencido de que en estos doce meses, como de hecho sucede siempre,
el Señor ha derramado muchas gracias en sus ministros, pero también hemos
asistido a un número considerable de noticias que hacen referencia a
actuaciones deplorables de algunos sacerdotes, poquísimos respecto del total.
He de reconocer que me impresionaron las palabras que dijo el Santo Padre a
los periodistas, en el avión camino de Fátima, en las que relacionaba esos
hechos lamentables con lo que se llama el tercer secreto de Fátima. Decía el
Papa: "En la visión se habla de la necesidad de una pasión en la Iglesia,
que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la
Iglesia y, por tanto, son padecimientos de la Iglesia los que se anuncian. El
Señor ha dicho que la Iglesia tendría que sufrir siempre, de formas diversas
hasta el fin del mundo (...). La respuesta de Fátima tiene que ver
sustancialmente con la respuesta fundamental, es decir, la conversión
permanente, la penitencia, la oración, y las tres virtudes teologales: fe,
esperanza y caridad (...). La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje
está en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no vienen sólo de
fuera, sino que proceden precisamente de l’interior de la Iglesia, del pecado
que hay en la Iglesia (...). La Iglesia tiene una profunda necesidad de volver
a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender el perdón
pero también la necesidad de la justicia ".
En la oración por el Año Sacerdotal hemos pedido a Dios que llene de
favores y de bendiciones a los sacerdotes. Ahora, al clausurar este tiempo de
gracia, pido al Señor que los sacerdotes sepamos acoger el don de aprender la
conversión, la penitencia, la oración, las virtudes teologales. Con esta
renovación personal e interior podremos renovar también la Iglesia y suscitar
las vocaciones que tanta falta nos hacen. Así lo pedimos en la misma oración
del Año Sacerdotal: despierta una respuesta de generosa disponibilidad en el
corazón de los que llamas al ministerio.
En la pasada Jornada de oración por las vocaciones, celebrada el 25 de
abril, recordaba el Papa Benedicto XVI como el testimonio suscita las
vocaciones. Que el Espíritu Santo nos haga entender que la principal
preocupación de cada cristiano y, muy especialmente de los sacerdotes, debe ser
la fidelidad, la lealtad a la propia vocación. Aquí radica el secreto no sólo
de la felicidad eterna, sino también de la felicidad y la alegría en esta vida.
+ Jaume Pujol Balcells - Arzobispo
metropolitano de Tarragona y Primado
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