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Interior de la Iglesia basílica catedral del apóstol
Santiago
(Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la
serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a
propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago
y la tradición Xacobea. Esta es la décimo quinta entrega)  Altar y capilla mayor de la Iglesia Basílica Catedral del Apóstol Santiago
El
interior de la Iglesia Basílica Catedral del Apóstol Santiago es de estilo
románico de cruz latina, con tres naves, con la capilla mayor bajo la cual se
halla su tumba y con la girola. La cripta, que se halla debajo del altar de la capilla mayor y guardaba las
cenizas del Apóstol Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro, fue
sustituida por una urna de plata que contiene dichas cenizas. Fue dibujada por
Losada y realizada por Rey Martínez, en 1866.Se halla sobre un altar con un
crucifijo de cristal de roca.
El papa León XIII confirmó la autenticidad de
dichas reliquias, en 1879, mediante la bula “Deus Omnipotens”, después de la
realización de unos estudios anatómicos y arqueológicos. Se accede a ella por
unas escaleras.
La nave principal de dicha Iglesia Basílica
Catedral es de bóveda de cañón soportada sobre columnas de bellos capiteles.
Tiene 97 metros de largo, 20 de alto y
8,5 de ancho. Sus naves laterales son de
bóveda de arista sobre las que corre una galería con hermoso triforio, que
servía de dormitorio a los peregrinos. Es de 65 metros de largo, 9,5 de alto y
4,5 de ancho.
El interior de la misma sufrió posteriormente
diversas modificaciones y añadidos a lo largo de la historia, tales como, el
Pórtico de la Gloria, el Cimborio, el Botafumeiro, el Bordón de Santiago, los
Órganos, la Araña Central, la Sacristía, numerosas Capillas, el Claustro, el
Archivo, la Biblioteca, la Sala Capitular, el Museo de Tapices y el Museo
arqueológico.
La
Iglesia Basílica Catedral del Apóstol Santiago tuvo en su origen 120 ventanas,
siendo algunas cegadas posteriormente por obras posteriores y abiertas otras
nuevas. Actualmente, tiene diez puertas, tres mayores: la del Norte, llamada
del Paraíso, la del Sur, de Platerías y la del Oeste, del Hospital o del
Obradoiro, y siete menores, la de la Corticela, la de la Vía Sacra, la de San
Pelayo y la de la Canónica, y tuvo otras
tres más que desconocemos. La Puerta Santa es de fecha posterior. Se abre el 31
de diciembre del año anterior para inaugurar el Año Jubilar Jacobeo.
Preside
el altar de la capilla mayor la imagen pétrea policromada medieval del apóstol
Santiago, en forma sedente, como Patrón de España y Patriarca de Galicia, obra
del maestro Mateo. En el letrero que tiene en la mano podemos leer: “aquí está
el cuerpo de Santiago apóstol”. Su esclavina de plata es donación del arzobispo
Antonio Monrroy, el bordón y la talla del sillón es obra de Figueroa.
A la derecha, por una puerta se accede a dar
el abrazo al Apóstol. Sobre su cabeza podemos ver la lámpara votiva de plata
del Gran Capitán, hecha de sus armas, y muerto en 1515. El conjunto de plata
del altar mayor es donación de arzobispo Antonio de Monrroy en su mayor parte.
El baldaquino es un dosel de madera que cubre
el altar mayor. Es un proyecto de Pedro
de la Torre y dirigido por el canónigo fabriquero Vega y Verdugo, entre los
años 1660 a 1672. Está sostenido por ocho ángeles, siendo obra de Blas de
Pereiro. Figuran en él la imagen de Santiago Peregrino, las virtudes de la prudencia, fortaleza, justicia,
templanza, los reyes orando y los ángeles, obra de Pedro del Valle, con adornos
frutales realizados por Serrano, Barreiro y Fernández, y coronando todo la
imagen de Santiago Caballero, llamado Matamoros.
La sillería coral actual de la capilla mayor
fue diseñada por el arquitecto Menéndez Pidal y ejecutada por el maestro del
Río, en 1949. Antiguamente, hubo otros dos coros, uno de piedra del siglo XII,
obra del maestro Mateo, y otro de madera con preciosas figuras en relieve del
siglo XVII, que estaba en la mitad de la nave central. Ambos fueron retirados,
encontrándose parte del primero en museo arqueológico diocesano, y el segundo
se halla depositado en la iglesia del monasterio cisterciense de Sobrado de los
Monjes.
El
limosnero de la derecha presidido por la
imagen de santa María Salomé y el de la
izquierda por Santiago el Menor eran recuerdos de la arca de las limosnas de
los peregrinos, hecha por el prelado Diego Peláez. Los púlpitos son obra de
Juan Bautista Celma, entre 1578 y 1584, y siguen el modelo canóforo de forma convexa, reforzados por figuras de
sirenas o arpías, sus viseras son obra de Miguel de Romay, en 1714, y sus atriles de 1748.
El
cimborio octagonal sobre el crucero es gótico, fue construido, entre los años
1384 y 1445, por el maestro Sueiro Martínez. En sus trompas vemos el escudo del
arzobispo Lope de Mendoza. Su cúpula tiene una altura de 32 metros. Cuatro
figuras de piedra sujetan el artilugio del botafumeiro, hecho en Vizcaya en
1602, siguiendo el proyecto de Juan Bautista Celma. Ha sido restaurado
posteriormente en diversas ocasiones.
En la actualidad hay dos botafumeiros de
plata, con peso de 54 kilos, uno hecho en 1851 y otro donado por los alféreces
provisionales, en 1971. Su finalidad era antiguamente para incensar las reliquias de los santos en las
Eucaristías de las grandes solemnidades y purificar el ambiente de la Iglesia
Basílica Catedral cuando los peregrinos antiguamente pernotaban en ella. Ahora
se utiliza para solemnizar las grandes fiestas y eventos especiales, Fuera de
estas fechas, los dos ejemplares del botafumeiro están en el museo
diocesano. Los ocho hombres que mueven y
tiran del botafumeiro trazando un arco de cincuenta metros se llaman
tiraboleiros. Se cuenta que el botafumeiro se desprendió de las cuerdas, en
1501, cuando Catalina, hija de los Reyes Católicos, presenciaba su
funcionamiento, de viaje a Inglaterra, para contraer matrimonio con Arturo,
príncipe de Gales.
Los
dos órganos, de origen salmantino y financiados por el arzobispo Monrroy, son
obra de Manuel de la Viña. Se apoyan en las columnas del antiguo coro
desaparecido, del siglo XVIII. Fueron decorados barrocamente por Miguel de
Romay, Antonio Alfonsín y Lens, siendo su consola única para ambos y sonando
conjuntamente. La araña de la nave central próxima a los órganos, que
antiguamente estaba en el Senado, fue donada por Eugenio Montero Ríos, nativo
político liberal y ex-seminarista compostelano.
Dentro
de la Iglesia Basílica Catedral se encuentra la iglesia de la Corticela,
levantada por los monjes benedictinos para su culto, a fínales del siglo XI o
principios del siglo XII, y posteriormente, parroquia personal para los
extranjeros y vascos. En ella se venera popularmente el Cristo yaciente de
piedra repintada y la Virgen de la Medalla Milagrosa. Su portada románica
contiene la representación de la adoración de los Reyes Magos.
Desde
las galerías interiores, podemos contemplar la belleza de los capiteles y el
conjunto armónico de la Iglesia Basílica Catedral. Rosalía de Castro
contemplando esto canta en su poema, Amigos
vellos: “os homes pasan, tal como pasa a nuve de verán, as pedras quedan, e
cando eu morra, tí, catedral, tí, parda mole, pesada e triste, cando eu no sea,
tí inda serás”.
José
Barros Guede
A
Coruña, 2 de junio del 2010
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