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Ritos
y vicisitudes de los peregrinos a la tumba del Apóstol Santiago
(Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la
serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a
propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago
y la tradición Xacobea. Esta es la undécima entrega)  Interior de la iglesia prerrománica de los siglos IX o X del Cebreiro en el Camino francés
Los peregrinos
jacobeos en la Edad Media antes de emprender el camino a la tumba del Apóstol
Santiago recibían la bendición eclesiástica y la indumentaria propia en los
atrios de las iglesias europeas, que era el sombrero para el sol, la esclavina
para el frío, el morral para la comida, la calabaza para el agua y el bordón
para defensa y apoyo.
A lo largo de los
Camino francés de Santiago de Compostela existían hospitales para socorrer a
los peregrinos enfermos, leproserías para los leprosos, enfermedad muy
corriente en la antigüedad por falta de limpieza, y hospederías, posadas y
mesones para alimento y descanso de los demás peregrinos. Las hospederías de
los monasterios, catedrales y cofradías eran gratuitas, y las posadas y mesones
de particulares eran de pago.
Los peregrinos cantaban por el camino las
canciones típicas de su país y las propias del camino, siendo la canción más
antigua la que se conoce como “Ultreya”, cuyo texto se halla en “Codex
Calixtinus”. Existen varios cancioneros que recogen una gran parte de estas
canciones.
Los peregrinos a lo
largo de los caminos de Santiago contribuyen a levantar iglesias, monasterios,
pueblos, villas y ciudades y al nacimiento del oficio de cambistas, cambiando
sus monedadas nacionales por las propias del reino o ciudad en que entraban. En
la plazoleta del Paraíso de la puerta Norte de la Iglesia del Apóstol Santiago
cambiaban sus monedas propias por las monedas de Compostela, privilegio que el
arzobispo Diego Gelmírez había conseguido de Alfonso VI, rey de Castilla y
León, y que su hija, la reina Urraca, y su nieto, el rey emperador Alfonso VII
y demás reyes posteriores de León y Castilla confirman.
Los peregrinos llegados a Compostela se
lavaban y tomaban agua en la hermosa fuente de piedra de la plazoleta del
Paraíso, que Diego Gelmírez mandó construir al maestro Bernardo Estévez. Hacían
sus oraciones, confesaban, comulgaban, presentaban sus ofrendas al Apóstol
Santiago y abrazaban su imagen. Si llegaban de noche, quedaban normalmente
descansando dentro de la Iglesia. Muchos dormían en el triforio, y al día
siguiente cumplían con sus obligaciones y promesas religiosas. Para purificar
los malos olores y posibles infecciones que podía haber interiormente, los “tiraboleiros” ponían en movimiento el botafumeiro.
Los peregrinos
jacobeos crean cofradías del Apóstol Santiago en diversos reinos europeos y la archicofradía en Compostela
para darles hospedaje. En 1480, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando,
establecen el tribunal de la Inquisición
en Compostela, entre otras cosas, para castigar a los malhechores que robaban a
los peregrinos que venían a venerar la tumba del Apóstol Santiago.
En 1492, al grito de Santiago, los Reyes
Católicos conquistan el reino moro de Granada. En 1501, en agradecimiento por
dicha conquista Isabel y Fernando peregrinan a Compostela, veneran la tumba del
Apóstol Santiago y promueven la construcción del Hospital Real para peregrinos
y enfermos. Actualmente, recibe el nombre de Hostal de los Reyes Católicos,
siendo uno de los edificios más nobles y más hermosos del renacimiento español.
Luis de Molina, canónigo de Mondoñedo, lo consideraba en su libro, “Descripción
del Reino de Galicia”, de 1675: “la máxima gloria de la Cristiandad”.
Miguel de Cervantes
escribe: “Don Quijote viendo la imagen del Patrón de las Españas a caballo, la
espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas, dijo, este sí que
es caballero, y de las cuadras de Cristo, este se llamaba don Diego Matamoros,
uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo el mundo y tiene ahora el
cielo”.
Muchas ciudades,
pueblos y aldeas iberoamericanas llevan el nombre de Santiago, entre ellas,
Santiago de Chile y Santiago de Cuba, en recuerdo de su poder y patrocinio.
Francisco Pizarro, conquistador de Perú, hizo una pingüe donación al Apóstol
Santiago en agradecimiento por su protección.
José Barros Guede
A Coruña, a 5 de
mayo del 2010
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