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El Apóstol Santiago, sus Caminos y Compostela en el Año Santo Xacobeo 2010 (11) Imprimir E-Mail
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Escrito por José Barros Guede   
miércoles, 05 de mayo de 2010

Ritos y vicisitudes de los peregrinos a la tumba del Apóstol Santiago

(Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago y la tradición Xacobea. Esta es la undécima entrega)

Interior de la iglesia prerrománica de los siglos IX o X del Cebreiro en el Camino francés
Interior de la iglesia prerrománica de los siglos IX o X del Cebreiro en el Camino francés

Los peregrinos jacobeos en la Edad Media antes de emprender el camino a la tumba del Apóstol Santiago recibían la bendición eclesiástica y la indumentaria propia en los atrios de las iglesias europeas, que era el sombrero para el sol, la esclavina para el frío, el morral para la comida, la calabaza para el agua y el bordón para defensa y apoyo.

A lo largo de los Camino francés de Santiago de Compostela existían hospitales para socorrer a los peregrinos enfermos, leproserías para los leprosos, enfermedad muy corriente en la antigüedad por falta de limpieza, y hospederías, posadas y mesones para alimento y descanso de los demás peregrinos. Las hospederías de los monasterios, catedrales y cofradías eran gratuitas, y las posadas y mesones de particulares eran de pago.

 Los peregrinos cantaban por el camino las canciones típicas de su país y las propias del camino, siendo la canción más antigua la que se conoce como “Ultreya”, cuyo texto se halla en “Codex Calixtinus”. Existen varios cancioneros que recogen una gran parte de estas canciones.

Los peregrinos a lo largo de los caminos de Santiago contribuyen a levantar iglesias, monasterios, pueblos, villas y ciudades y al nacimiento del oficio de cambistas, cambiando sus monedadas nacionales por las propias del reino o ciudad en que entraban. En la plazoleta del Paraíso de la puerta Norte de la Iglesia del Apóstol Santiago cambiaban sus monedas propias por las monedas de Compostela, privilegio que el arzobispo Diego Gelmírez había conseguido de Alfonso VI, rey de Castilla y León, y que su hija, la reina Urraca, y su nieto, el rey emperador Alfonso VII y demás reyes posteriores de León y Castilla confirman.

 Los peregrinos llegados a Compostela se lavaban y tomaban agua en la hermosa fuente de piedra de la plazoleta del Paraíso, que Diego Gelmírez mandó construir al maestro Bernardo Estévez. Hacían sus oraciones, confesaban, comulgaban, presentaban sus ofrendas al Apóstol Santiago y abrazaban su imagen. Si llegaban de noche, quedaban normalmente descansando dentro de la Iglesia. Muchos dormían en el triforio, y al día siguiente cumplían con sus obligaciones y promesas religiosas. Para purificar los malos olores y posibles infecciones que podía haber interiormente, los “tiraboleiros” ponían en movimiento el botafumeiro.

Los peregrinos jacobeos crean cofradías del Apóstol Santiago en diversos reinos europeos y la archicofradía en Compostela para darles hospedaje. En 1480, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, establecen el tribunal de la  Inquisición en Compostela, entre otras cosas, para castigar a los malhechores que robaban a los peregrinos que venían a venerar la tumba del Apóstol Santiago.

 En 1492, al grito de Santiago, los Reyes Católicos conquistan el reino moro de Granada. En 1501, en agradecimiento por dicha conquista Isabel y Fernando peregrinan a Compostela, veneran la tumba del Apóstol Santiago y promueven la construcción del Hospital Real para peregrinos y enfermos. Actualmente, recibe el nombre de Hostal de los Reyes Católicos, siendo uno de los edificios más nobles y más hermosos del renacimiento español. Luis de Molina, canónigo de Mondoñedo, lo consideraba en su libro, “Descripción del Reino de Galicia”, de 1675: “la máxima gloria de la Cristiandad”.

Miguel de Cervantes escribe: “Don Quijote viendo la imagen del Patrón de las Españas a caballo, la espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas, dijo, este sí que es caballero, y de las cuadras de Cristo, este se llamaba don Diego Matamoros, uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo el mundo y tiene ahora el cielo”. 

Muchas ciudades, pueblos y aldeas iberoamericanas llevan el nombre de Santiago, entre ellas, Santiago de Chile y Santiago de Cuba, en recuerdo de su poder y patrocinio. Francisco Pizarro, conquistador de Perú, hizo una pingüe donación al Apóstol Santiago en agradecimiento por su protección.

José Barros Guede

A Coruña, a 5 de mayo del 2010

 

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