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Peregrinos
medievales de la tumba del apóstol Santiago
(Nota de ECCLESIA
DIGITAL: proseguimos la serie de entregas de artículos de nuestro colaborador
José Barros Guede a propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago,
el Camino de Santiago y la tradición Xacobea. Esta es la décima entrega)
(Iglesia prerrománica del siglo IX o X del Cebreiro en el
Camino Francés de Santiago)
En el
año 950, Gotescalco, obispo
de Le Puy y príncipe de Aquitana, es uno de los primeros peregrinos de
los que
tenemos constancia documental a la tumba del Apóstol Santiago. En la
Rioja le
pide al monje Gomesano de Abelda una copia del tratado de Perpetuidad
de la Virginidad de la Santísima Virgen María de San
Idelfonso de Toledo, cuya copia con un prólogo suyo se encuentra en la
Biblioteca Nacional de París.
Aymeric Picaud, sacerdote francés
de la Región de Poitou y peregrino incansable y esforzado, que hizo el Camino francés de Santiago de Compostela en
la primera mitad del siglo XII, en tiempos del arzobispo Diego Gelmírez, y es
autor del “Codex Calixtinus” o “Liber Santi Jacobi”, refiere en su libro tercero:
“El Apóstol Santiago yace allí en Compostela
en una arca de mármol, dentro de un sepulcro bellamente abovedado, admirado por
su tamaño y por su ejecución. Está iluminado como fuese por el cielo, con
carbunclos, como fuese la joya de la Nueva Jerusalén, y la atmósfera se
mantiene suave. Lo iluminan velas de cera con un resplandor celestial, y un
servicio angélico se cuida de él”. A continuación, relata veinte y cinco
milagros.
En la primera mitad del siglo
XIII, el Apóstol Santiago era el santo más popular y más famoso en toda Europa. Muchas diócesis
de Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Alemania e Inglaterra tenían
muchas iglesias dedicadas a su devoción y a su patronazgo. Sólo Roma tenía ocho
e Inglaterra cuatrocientas.
Los feligreses de estas iglesias y devotos del
Apóstol Santiago, deseosos de conocer su tumba en Compostela, viajan en grupos
y solos con las insignias del bordón y de la escarcela del Apóstol Santiago
para venerar su tumba, cumplir sus promesas y pedirle su protección y favores.
Los peregrinos alemanes, después
de participar en una misa cantada, embarcaban en Hamburgo viajando por mar
hasta Francia y por tierra hasta Galicia. Los ingleses emprendían su viaje por
barco desembarcando generalmente en el puerto de A Coruña. Los franceses,
italianos y demás europeos caminaban a pie y a caballo por las vías romanas y
por los diversos caminos que conducían a Compostela.
Para la protección de los peregrinos, los canónigos de San Eloy de París
edifican varios hospitales a lo largo del Camino francés, a cuya labor de hospedaje y asistencia, se le une
la Orden Militar de Caballeros de
Santiago, que eran mitad soldados y mitad monjes, “leones en el combate y corderos en sus conventos”.
Dante, autor de la Divina Comedia,
en su obra, Vita Nova, distingue
peregrinos, romeros y palmeros. Llama peregrinos a los que hacen el Camino de
Santiago, diciendo: “no se entiende por peregrino sino el que va hacia la casa
de Santiago o el que vuelve a ella”. La palabra, peregrino es, pues, originaria
y propia del Camino francés de Santiago. Goethe (1749-1822), famoso escritor
alemán, manifestaba: “Europa se hizo peregrinando a Santiago”.
Se calcula que fueron quinientos mil los
peregrinos que anualmente llegaban a la tumba del apóstol Santiago, en la Edad
Media, con sus credenciales eclesiásticas que le servían de recomendación y de
salvoconducto, y regresando a sus hogares con la “vieira” en su indumentaria
como señal de haber hecho la peregrinación. Debían pagar un canon y un portazgo
al entrar en un reino y en una ciudad, pero el rey Alfonso VI, el Bravo, los
eliminó en Castilla y León.
Entre los peregrinos que viajaron a la tumba
del Apóstol Santiago encontramos a personas y gentes de todo tipo: santos,
reyes, condes, obispos, abades, monjes, clérigos, religiosos y laicos de todas
las naciones europeas. Entre los santos,
están Francisco de Asís, fundador de los religiosos franciscanos, Domingo de
Guzmán, fundador de los religiosos dominicos y la reina Isabel de Portugal.
La estancia de san Francisco de Asís en
Santiago de Compostela nos la cuenta san Buenaventura. Una tradición refiere la
relación del santo con el carbonero Cotolay y la fundación del actual convento
franciscano compostelano en Valdediós. Santo Domingo de Guzmán tenía familiares
en Compostela, entre ellos, la famosa familia de don Pedro Fróilaz, conde
Traba. Santa Isabel de Portugal vino varias veces de peregrinación e hizo
varias donaciones a la Iglesia del Apóstol Santiago.
En tiempos del arzobispo Pedro Muñiz,
fallecido el 29 de enero de 1224, vienen a venerar la tumba del apóstol
Santiago ilustres y famosos personajes, tales como, los arzobispos Guillermo II
y Geofrido, respectivamente, de Burdeos y Nantes, que habia tomado parte en la
batalla de Navas de Tolosa, en 1212. Así mismo vienen los reyes, Luis de Francia
con su esposa Constanza y sus hijos Alonso y Sancho, Juan de Brena de
Jerusalén, Sancho II de Portugal, Eduardo I príncipe de Gales, Hugo IV duque de
Borgoña, Raimundo IV conde de Borgoña y otros muchos dignatarios eclesiásticos,
civiles y militares.
En 1332, el rey Alfonso XI de León y Castilla
peregrina a la tumba del Apóstol Santiago y se arma caballero de dicha Orden, y
hace numerosas donaciones a la Iglesia
del Apóstol Santiago. Entre ellas, por la orden real del uno de junio de 1208,
le cede diez solares, todas las iglesias
existentes y las que se edifiquen en lo sucesivo en la nueva población de “Crunia”, hoy A Coruña. Le da además cien
marcos del derecho de anclaje en su puerto, y exime a sus moradores de todo
impuesto real para compensar la mitad del derecho que la Iglesia de Santiago
tenía sobre el Burgo viejo del Faro, los
anclajes portuarios y las iglesias. Finalmente, ordena el traslado de su
población al lugar llamado “Crunia”, junto a la Torre de Faro.
En 1335, el famoso arzobispo Juan de Reims
peregrina también consiguiendo hacer las paces entre los reyes de León y
Castilla y él de Navarra. El reinado de los Reyes Católicos marca el apogeo de
peregrinaciones a la tumba del Apóstol Santiago.
En el año 1550, el licenciado y canónigo de
Mondoñedo, Molina, en su libro, “La Descripción del Reino de Galicia”,
escribía: “es cosa maravillosa ver la concurrencia de peregrinos que
continuamente hay en esta casa de Santiago. Tres iglesias apostólicas que hay
en el mundo, una es la de San Pedro de Roma, otra la de San Juan de Éfeso y
otra la de Santiago en Galicia. Hay en esta más peregrinos que en las otras
dos, sobre todo en el Año del Jubileo, que es cada siete años, ya que con el
nacimiento del malvado Lutero con su dañada opinión cesó algo la llegada de
alemanes y franceses que eran la gran parte de los romeros”.
José Barros Guede
A Coruña, 28 de abril del 2010
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