Comunicado de la Conferencia Española de Religiosos sobre los abusos a menores
Escrito por Ecclesia Digital
martes, 27 de abril de 2010
La Confer hace público un comunicado sobre
los abusos a menores.
"El que recibe a
un niño
en mi nombre, a mí me
recibe.
El que escandaliza a
uno de éstos que cree en mí,
más le valdría que le
ataran al cuello
una piedra de molino y
lo hundieran en el mar..."
(Mt 18, 5-6)
Los religiosos y
religiosas de España estamos comprometidos en nuestro quehacer apostólico, de
cualquier clase que sea, con el respeto a la vida y a los derechos de los más
pobres y de los más vulnerables de la sociedad. Muchos de nuestros hermanos y
hermanas han dedicado y continúan dedicando sus vidas, con ejemplar entrega, a
la tarea educativa, pastoral y social de niños y jóvenes que constituyen una de
las franjas importantes entre los más vulnerables de nuestro mundo.
Desde este compromiso
y dedicación,Conferconsidera un deber manifestar una
palabra pública ante la gravedad de los hechos de abusos a menores que se
imputan a sacerdotes y religiosos. Son hechos doblemente graves: ante las leyes
civiles y la sociedad, pero más aún ante la Iglesia, en cuanto han sido
cometidos por personas que gozaban de la confianza de los padres, los mismos
niños y jóvenes y de la comunidad eclesial. Se ha manifestado una conducta en
flagrante contradicción con el testimonio que exigía esa confianza fundada en
su condición de sacerdotes o religiosos.
Son delitos que
trascienden el lugar donde han sido cometidos y se convierten en una mancha
global para la vida consagrada y, por tanto, para la Iglesia. Desde aquí
queremos manifestar el deseo de acoger, con todo el afecto que nos es posible,
a las víctimas y a sus familiares, a quienes se ha herido tan profundamente;
queremos escuchar sus angustias y solidarizarnos en su dolor y reclamo de
justicia. Somos conscientes de que para ello es necesario reconocer ante Dios y
ante la sociedad la gravedad y la culpabilidad de las actuaciones cometidas
contra niños indefensos y el tratamiento de ocultación que institucionalmente,
durante mucho tiempo, se les ha dado. Ese reconocimiento público de la Iglesia
lo ha hecho el mismo Papa con humildad, sinceridad y valentía. Los religiosos y
las religiosas, miembros con especial responsabilidad pastoral en la Iglesia,
nos sentimos solidariamente consternados y avergonzados, dispuestos a buscar
remedios eficaces "para garantizar que en el futuro los niños estén
protegidos de semejantes delitos" (Benedicto XVI,Carta
pastoral a los católicos de Irlanda, n. 2). A la vez, pedimos la
gracia de la misericordia de Dios para aquellos que han traicionado la
confianza de los más vulnerables y el ministerio sacerdotal, a fin de que
obtengan el perdón de Jesucristo reconociendo la gravedad de sus actos y
sometiéndose a la exigencia de la justicia humana.
Manifestamos con
afecto filial nuestra solidaridad a Benedicto XVI y lo acompañamos con nuestra
oración en estas circunstancias tan dolorosas para la Iglesia. Debemos aprender
de su actitud y modo de afrontar con rectitud y fortaleza este tiempo difícil,
en el que no faltan críticas e insinuaciones infundadas a su persona y a la Iglesia.
Debemos de aprender de su amor a la verdad, de su deseo de transparencia, de su
humildad en reconocer el pecado de algunos hijos de la Iglesia, de su dolor por
el daño tan profundo ocasionado a víctimas inocentes.
Son situaciones que
tienen que hacer reflexionar a los Superiores sobre aspectos como la selección
de los candidatos a la vida religiosa y al sacerdocio, la evaluación
psicológica, espiritual y apostólica de los mismos a lo largo de su formación y
la madurez afectiva exigida a aquéllos que asumen una opción de vida célibe y
que, habiéndola asumido, piden ser ordenados presbíteros. Por un lado, quienes
asumen la castidad por el Reino de Dios como una opción de vida tienen el
desafío de alcanzar su pleno desarrollo personal a través de un equilibrio
sabio y maduro en su integración social y en la comunidad religiosa. Por otro
lado, deben ser ayudados en este proceso humano y espiritual. Además, los
Superiores no sólo han de prestar atención a la madurez afectiva de los
sacerdotes y religiosos, sino también de todos aquellos que colaboran con los
religiosos y religiosas en las instituciones educativas, sociales y pastorales.
Esta atención
particular, acompañada de una sensibilización y formación adecuadas, será
garantía de una eficaz prevención de posibles abusos a menores en el futuro. Es
necesario igualmente adoptar todas las medidas que se crean pertinentes para
recuperar la confianza y la seguridad de la sociedad en los educadores,
religiosos y laicos, sin la cual no es posible formar personas maduras, ni
cristianos adultos en sus relaciones interpersonales.
Finalmente, deseamos
manifestar nuestro compromiso ante la sociedad y la Iglesia de búsqueda de la
verdad, de transparencia, de colaboración con la justicia y de apoyo a las
víctimas, convencidos de que sólo la honestidad y la transparencia, como ha
dicho