Flores sacerdotales a la Virgen – Mes de mayo – Año Sacerdotal 2010
Escrito por Javier Leoz
martes, 27 de abril de 2010
1.“He
aquí la esclava del Señor” (Lc 1,26) Brindémonos generosamente por
nuestras comunidades. Alejémonos de aquello que nos impide volcarnos de lleno
en la misión que la Iglesia nos ha confiado. Muchas veces el “no puedo” esconde
justificaciones acomodos personales.
2.“Haced lo que El os diga” (Jn 2,5) No
perdamos la esperanza. Recuperemos o intensifiquemos el gusto por la oración.
No recemos para que se nos vea pero, ¡por qué no!, que nuestros fieles
comprueben que los sacerdotes nos arrodillamos y rezamos.
3.«¡Oye! ahí
fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»(Mt 12,46) Busquemos
y encontremos en el rostro sufriente de nuestros hermanos, la voluntad de Dios.
No nos encerremos en nuestras seguridades, en nuestros templos, en el “siempre
se ha hecho así”. Seamos receptivos y demos facilidades para el sacramento de
la confesión.
4.«¿Quién es mi
madre y quiénes son mis hermanos?»(Mt 12,46ss) Esforcémonos por salir de los mínimos. Nuestro sacerdocio
es mucho más que un cumplirel
expediente o convertirnos en simples funcionarios. Desempeñar la voluntad del
Señor, en muchos momentos, implica ir en
contra de nuestra propia comodidad.
5.«Alégrate,
llena de gracia, el Señor está contigo”(Lc 1,26ss) Vivamos con alegría este mes de mayo. Comprometámonos,
junto con María, en la vivencia pascual de estos días.Manifestemos la alegría de ser sacerdotes:
una oración preparada, un rosario sacerdotal, una peregrinación a un santuario
mariano.
6.“En aquellos
días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una
ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel”(Lc 1,39)No nos quedemos
lamentándonos en aquello que nos ha producido dolor o sorpresa. El Señor va por
delante. Nuestras cruces, en muchos casos, son más pequeñas que aquellas que a
muchos hermanos nuestros les hiere sus vidas. Salgamos, como María, al
encuentro de los demás.
7.“Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (Lc 1,28) Proclamemos, especialmente en este mes de mayo sacerdotal,
las virtudes de María. ¿Por qué no dirigir nosotros personalmente el rezo del
rosario? A veces, nuestra presencia y nuestra presidencia, dan doble valor o
despierta más el interés a las cosas de Dios.
8.“¡Feliz la que
ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!”(Lc
1,45) Vivamos según aquello que creemos.
Transmitamos a nuestros fieles la esperanza de que Dios nunca falla. Renovemos,
con la eucaristía y la oración, nuestra consagración al Señor. Cantemos el
credo en las misas dominicales.
9.“María, por su
parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”(Lc 2,19) Dediquemos algún momento a la oración mariana. Coloquemos,
en un lugar significativo, una imagen de la Virgen María. Abramos nuestros
templos y potenciemos algunas oraciones marianas: el rezo del ángelus, el santo
rosario, una ofrenda semanal, la visita al santísimo.
10.“Su
padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él” (Lc 2,33)
Que nuestros fieles nos vean entusiasmados y contentos con nuestro Ministerio.
Que, en este mes de mayo, incorporemos alguna oración especial –en la
eucaristía o en el rosario- en acción de gracias por nuestra vocación
sacerdotal.
11.“Este
está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de
contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma” (Lc 2,33-35) Que
las cruces personales o ajenas no sean más grandes que nuestra capacidad para
hacerles frente. Miremos al pie de la cruz. Debajo, está María. Visitemos a los
enfermos.
12.«Hijo,
¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos
buscando.»(Lc 2,48) Que no nos cansemos de buscar y de proponer a
Cristo como modelo para nuestras familias, para nuestros pueblos, barrios o
ciudades. ¿No sería bueno, en este mes de mayo, indicar un libro o textos
marianos a nuestras comunidades?
13.«¡Dichoso el
seno que te llevó y los pechos que te criaron!»(Lc 11,27) Seamos agradecidos con nuestras familias. Recordemos,
especialmente en este mes de mayo, a nuestras madres. Ellas nos llevaron en su
seno. Nos acercaron a su pecho. Rezaron por nosotros. ¿Por qué no encender un
cirio ante la Virgen por nuestros padres? ¿Por qué no rezar un misterio del
Rosario por nuestras familias?
14.«No
tienen vino.»(Jn 2,3) Confiemos a la Virgen María la escasez y las
dificultades de nuestra Iglesia, de las familias que componen nuestra parroquia. Un buzón
mariano para acoger las peticiones escritas de los fieles conseguirá dos cosas:
oraciones y un incentivo para visitar una iglesia abierta con la Virgen
aguardando.
15.«Mujer, ahí
tienes a tu hijo.» (Jn 19,26) Postrémonos
ante María antes de acostarnos. Saludemos a la Madre con motivo del nuevo día. Facilitemos,
en un pequeño folleto, algunas oraciones o poesías dedicadas a la Virgen María.
16.«Ahí tienes a
tu madre.»( Jn 19,26ss) Organicemos
alguna actividad extraordinaria con motivo del mes de mayo. La visita
domiciliaria de una capilla de la Virgen. Una procesión mariana con toda la
catequesis o con todos los grupos que componen la parroquia. El final de curso
puede ser una llamada, en este año sacerdotal, a dejar todo lo sembrado a los
pies de María
17.“Todos
ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas
mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos (Hch 1,14)
Suscitemos, allá donde sea posible, algún movimiento mariano, la suscripción a
alguna publicación mariana. Como sacerdotes estamos llamados a indicar que,
María, es un camino excelente para llegar hasta Cristo.
18.“Una
gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo
sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12,1)
Proporcionemos a nuestros fieles una estampa con la imagen de la Virgen que se
venera en cada parroquia o con laque
más devoción inspire. Que no falte en ella una oración mariana.