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El Apóstol Santiago, sus Caminos y Compostela en el Año Santo Xacobeo 2010 (9) Imprimir E-Mail
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Escrito por José Barros Guede   
miércoles, 21 de abril de 2010

El Año Santo Jubilar Jacobeo es obra del arzobispo Pedro Suárez de Deza

 (Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago y la tradición Xacobea. Esta es la novena entrega)

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A finales de 1172 o principios de 1173, Pedro Suárez de Deza, hijo de una familia oriunda de la comarca del Deza en Galicia, es elegido arzobispo de la Iglesia del Apóstol Santiago por muerte de su antecesor, Pedro Gundestéiz. Era doctor por la universidad de Sorbona de París y obispo de Salamanca desde 1167, donde había dejado fama de prelado sabio, prudente y celoso.

 

 Anteriormente, había sido canónigo de la Iglesia del Apóstol Santiago y canciller secretario del arzobispo Martín. El cardenal Jacinto, legado pontificio y futuro papa Celestino III, que le conocía dado que en diversas ocasiones había estado en España, decía de él: “ que era la persona que daba más crédito en España”.

 Con ocasión del pleito entre el rey Fernando II de León y el arzobispo Martín por su expulsión de Compostela, Pedro Suárez de Deza, siendo obispo de Salamanca, viajó a Roma y dio informes favorables para dicho arzobispo, por los cuales el Papa anula su expulsión y le repone en la sede compostelana.

 Siendo ya arzobispo de la Iglesia del Apóstol Santiago viaja de nuevo a Roma para exponer y consultar al papa Alejandro III varios asuntos con el fin de cortar ciertas arbitrariedades y para pedirle le concediese la gracia del “Año Santo Jubilar Jacobeo” a la Iglesia del Apóstol Santiago.

 El papa Alejandro III que le tenía en gran estima y consideración, a petición y gestión suya, por la bula “Regis aeterni”, de fecha 25 de junio de 1181, concede a la Iglesia del Apóstol Santiago dicho “Año Santo Jubilar Jacobeo”, que consiste en lo siguiente:

 Todos los fieles que devotamente arrepentidos y contritos visiten la Basílica de la Iglesia del Apóstol Santiago durante el año en el que la festividad principal, celebrada el día 25 de julio, caiga en domingo podrán ganar la indulgencia plenaria y obtener la absolución de sus culpas, aún en los casos reservados a la Santa Sede. La misma gracia concede a los que en cualquier año visiten dicha Iglesia Basílica en las fiestas del Martirio y de la Traslación del Apóstol Santiago y en la de la Dedicación de su Iglesia. El ejemplar más antiguo de la bula “Regis aeterni” es una copia de finales del siglos XV que se conserva en el archivo de la Iglesia Catedral de Compostela.

 En cierto modo, el “Año Santo Jubilar Jacobeo ya lo había otorgado implícitamente el papa Calixto II al arzobispo Diego Gelmírez al conceder la Legacía Apostólica a la Iglesia del Apóstol Santiago, al que alude la Crónica de rey Alfonso VII con las palabras: “beato jubilei anni tempore”, que cita Enrique Flórez en el tomo XXI de su famosa obra, España Sagrada. 

En el año 1182, se celebra el primer “Año Santo Jubilar Jacobeo”, al caer la fiesta principal del Apóstol Santiago, 25 de julio, en domingo. El rey Fernando II de León y Galicia, peregrina a Compostela para ganarlo por el bien de su alma, y aprovecha la ocasión para ratificar la donación de la mitad del producto de la acuñación de la moneda, en Compostela, al arzobispo Pedro Suárez de Deza para la Iglesia del Apóstol Santiago. Los restos mortales de su madre, la reina doña Berenguela, fallecida en 1149, descansaban en un bellísimo sepulcro de la capilla de santa Catalina de Alejandría.

Pedro Suárez de Deza divide la diócesis en cinco distritos, compuestos de un decanato dirigido por el deán como gobernador de la diócesis que debe ser presbítero, y de cuatro arcedianatos, Nendos, Salnés, Cornado y Trastamara, gobernados por cuatro arcedianos que debían ser al menos diáconos.

 Da al cabildo compostelano unas nuevas constituciones aprobadas por el papa Alejandro III, donde establece las normas a los canónigos sobre el hábito, la honestidad de costumbres, la asistencia a los divinos oficios, las penas para los negligentes, el examen para ser canónigo, el servicio del coro y del altar, la forma de celebrar la misa, la moderación en las discusiones, el refectorio en común, la sobriedad en el comer, el respeto a los más dignos, el número de sirvientes, la lectura espiritual, la acción de gracias, la custodia, limpieza y el silencio en el dormitorio.

Dispone que los monasterios familiares no sean considerados como patrimonio de los herederos de sus fundadores. Continúa las obras del claustro románico iniciadas por el arzobispo Diego Gelmírez. Promueve la construcción del coro de piedra para los canónigos en medio de la Iglesia del Apóstol Santiago y el Pórtico de la Gloria, obras que encomienda  al maestro Mateo que las dirige. Consigue poner las muchas posesiones de la Iglesia del Apóstol Santiago bajo la protección del Papa que tenía en muy distintos lugares franceses y portugueses y obtener sus inmunidades. 

 Pedro Suárez de Deza no solo fue excelente prelado en el orden de eclesiástico por su acción de gobierno, prestigio y amistad con los papas Celestino III y Alejandro III, sino que también lo fue por su labor social y política, ganándose el afecto y confianza del rey Fernando II, quien, sintiéndose deudor por la conducta observada contra el arzobispo Martín, dona diversos patrimonios y gracias a la Iglesia del Apóstol Santiago y a él personalmente.

Concretamente, le dona en el mes de julio de 1175, el castillo de Lobeira con su tierra en Villagarcía, dándole el arzobispo 340 marcos de plata para pagar a sus soldados que combaten a los sarracenos. En octubre de 1176, le dona la mitad de la tierra de Montes en la comarca de la Tabeirós, hoy, la Estrada, en atención a los buenos servicios que en campaña le había prestado.

En agosto de 1183, le confirma la donación que el conde Fernando Pérez de Traba le había hecho de la tierra de Sobrado de los Monjes y le dona el monasterio de Pedro de Mezonzo con su coto y pertenencias. Por gestiones del arzobispo Suárez de Deza ante el cabildo de Tours, el obispo de Ourense consiguió las reliquias de san Martín, patrono de Iglesia ourensana. 

El rey Fernando de León y Galicia muere el 22 de enero de 1188. Es sepultado conforme a su testamento y por voluntad de su hijo, el rey Alfonso IX, en un sarcófago en la capilla de Santa Catalina de Alejandría de la Iglesia del Apóstol Santiago, en contra de la voluntad de su madrastra, Urraca López de Haro, que pretendía fue rey de León, su hijo Sancho.

 Los restos mortales del rey Fernando II fueron traslados en siglo XVI a la capilla de la Reliquias donde hoy día podemos ver su gran mausoleo. El rey Alfonso IX siguiendo la política eclesiástica de su padre, hace también grandes donaciones patrimoniales a la Iglesia del Apóstol Santiago y al citado arzobispo.

Pedro Suárez de Deza guardó gran lealtad a dichos reyes y les prestó grandes servicios. Gran defensor de los derechos de Iglesia del Apóstol Santiago, sostuvo diversos pleitos que ganó a los obispos de Lugo, Tuy y Oporto que se negaban a pagar el Voto de Santiago.

 Consiguió que el papa Inocencio III escribiese a los arzobispos de Toledo y Braga, a los obispos de Ourense y León, a los Caballeros de la Orden de Santiago y al monasterio de Celanova para que le abonasen el Voto de Santiago, y que los obispos de Lisboa, Évora y Lamego le reconozcan como metropolitano.

Resolvió la discordia que había entre el cabildo y los concheros, que vendían las conchas como insignias del Apóstol Santiago, ordenando que de las cien tiendas, la Iglesia posea exclusivamente veintiocho, y las setenta y dos restantes las queden los concheros, dando cada conchero por cada tienda un maravedí en las peregrinaciones de Pascua y san Miguel. Consigue del citado Papa la prohibición de conchas falsas o falsificadas bajo pena de excomunión, dado que siendo muy solicitadas había muchos falsificadores por los Caminos de Santiago.

Pedro Suárez de Deza, persona de grandes dotes intelectuales y políticas, fue un gran arzobispo que, como el célebre Diego Gelmírez, tanto dignificó y prestigió a la Iglesia del Apóstol Santiago. Falleció en 1207.

 

José Barros Guede

A Coruña, 21 de abril del 2010

 

 

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