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La tercera y actual Iglesia del Apóstol Santiago
(Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la
serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a
propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago
y la tradición Xacobea. Esta es la séptima entrega) 
En el año 1070, Diego Peláez, persona fuerte,
activa y promotor de la Tercera y Actual Iglesia del Apóstol Santiago es
elegido su obispo. Era hermano de Gonzalo Peláez, conde de Monterroso, y Sancho era rey de Castilla y de Galicia
quien, en connivencia con su hermano Alfonso VI rey de León el Bravo, había
despojado a su hermano, el rey García, del reino de Galicia refugiándose en la
corte del reino moro de Sevilla.
Su
padre, el rey Fernando I de León y Castilla, fallecido en 1064, había dividido
su reino entre sus hijos, dando Castilla
a Sancho, León a Alfonso, Galicia a García, la ciudad de Toro a Elvira y la de
Zamora a Urraca junto con los monasterios propios de la corona. A partir de la
muerte de su madre, la reina Sancha, acaecida en 1067, hija del rey Alfonso V
rey de León, criada y educada en casa de una condesa, en Piadela cerca de Betanzos,
surge la discordia y la lucha entre los hermanos
El
7 de octubre de 1072, el rey Sancho muere traidoramente asesinado por la
espalda por Bellido Dolfos cuando asediaba a Zamora, ciudad gobernada por su
hermana Urraca. El 13 de febrero de 1073, el rey Alfonso VI de León, el Bravo,
inducido por Urraca, se apodera engañosamente de su hermano el rey García, que
había recobrado su reino de Galicia. Lo encierra en un castillo en León y se
proclama rey de León, Castilla y Galicia. El rey García muere encarcelado, el
22 de marzo de 1090, dejando dos hijos, Ramiro y Fernando.
Siendo
Diego Peláez obispo de la Iglesia del Apóstol Santiago, el enérgico papa
Gregorio VII, monje cluniacense, con la colaboración del rey Alfonso VI, suprime la liturgia
mozárabe, establece la liturgia romana en España y restablece el Primado
eclesiástico en Toledo. A propuesta del rey Alfonso VI, el Papa nombra
arzobispo primado de Toledo a Bernardo, abad del monasterio benedictino
cluniacense de Sahagún y reduce la
diócesis de Compostela a sufragánea de la metropolitana de Braga, no pudiendo
convocar concilios ni consagrar obispos.
Ante
estas medidas político-eclesiásticas y ante la decadencia y desprestigio en que
los prelados y canónigos compostelanos habían caído, salvo excepciones, el
obispo Diego Peláez decide levantar la Tercera Iglesia del Apóstol Santiago,
para que sea más digna y más amplia por
sus dimensiones, estructura, formas arquitectónicas y riqueza cultural.
Para ello, Diego Peláez entra en negociaciones
con los propietarios colindantes que eran los monjes benedictinos del
monasterio de Antealtares. Su abad san Fagildo se oponía a la nueva Tercera
Iglesia. Ambos acuden al rey Alfonso VI para resolver esta cuestión, quien les
ordena, por orden suya de 17 de agosto de 1077, se avengan y firmen un acuerdo,
ya que la obra había comenzado en el año
1075. San Fagildo cede a las pretensiones del obispo Diego Peláez, a cambio de
salvar los derechos que el monasterio de Antealtares tenía sobre los Altares
del Salvador, de san Pedro y de san Juan Evangelista. San Fagildo fallece en 1084.
El
obispo Diego Peláez, para costear los gastos de la construcción de la Tercera
Iglesia del Apóstol Santiago, establece “la arca operis Bti. Jacobi” en medio
de la misma para que los peregrinos depositen sus limosnas. Solicita al rey
Alfonso VI, a las infantas, a condes y magnates auxilios y donaciones. Pide al
rey exima de impuestos reales y personales a todos los operarios oficiales
durante su construcción.
Busca arquitectos y maestros de obra para que
diseñen y dirijan dicha Tercera y Actual Iglesia del Apóstol Santiago, y
encomienda su dirección al maestro de obras Bernardo, el Viejo. En el año 1075,
Diego Peláez inicia sus obras, hoy, la Actual Iglesia Basílica-Catedral, obra
maestra del estilo románico primario en España, llamado románico-bizantino. Sus
dimensiones son de 97 metros de largo, desde el fondo del ábside central al
Pórtico de la Gloria, y de 65 metros ancho, desde la puerta Norte a la puerta Sur.
Construye
los ábsides, la corona, las capillas absidales, la portada meridional, el
crucero y gran parte de las naves
principal y laterales con las bóvedas bajas menores. La elevación de la nave
central es de 22 metros, su techumbre semicilindro de cal y canto es
majestuosa, sus pilares flanqueados con cuatro columnas, uniformes y simétricas
sobre bases áticas y con hermosos capiteles y con canecillos sostienen los
aleros.
El obispo Diego Peláez mejora la disciplina y
dignidad de los canónigos, que según la Historia Compostela dejaban mucho que
desear, acudiendo al coro sin afeitar la barba, sin tonsura, sin sobrepelliz y
sin capa. Unos comían opíparamente y otros pobremente. Eleva su número de siete a veinticuatro,
construye el palacio episcopal y fortifica la ciudadela del Oeste o castillo de
Honesto para mejor defensa de la ciudad contra los normandos y sarracenos.
Reprime la ambición de ciertos burgueses,
usurpadores de los bienes de la Iglesia del Apóstol Santiago creando enemigos implacables suyos que le denunciarán
falsamente al rey Alfonso VI, diciendo que andaba en tratos con el rey de los
ingleses y normandos para entregarles el reino de Galicia.
A
finales de 1087, el rey viene a Santiago y manda prenderlo. Para darle
legalidad al acto y contando con la complacencia del cardenal legado, Ricardo
de Marsella, aprovecha la ocasión de la celebración del concilio de Husillos, a
principios de 1078, para proponer personalmente su destitución a los padres
conciliares. Los obispos, presionados por el rey Alfonso VI, el Bravo, eligen a
Pedro, abad de Cardeña, obispo de la Iglesia del Apóstol Santiago.
Diego
Peláez, dice la Historia Compostelana: “por temor al rey y con la esperanza de
obtener más fácilmente la libertad no resistió a la vejación del cardenal de
Roma, y declarándose indigno del episcopado, hizo entrega al nuncio de su
añillo y báculo pastoral”. El rey Alfonso VI, el Bravo, lo encarcela
permaneciendo en la cárcel con grillos y cadenas durante quince años, según la
citada Historia. Enrique Flórez escribe en su famosa obra, España Sagrada: “Diego Peláez fue un varón grande de espíritu, pero
poco afortunado”.
El papa Urbano II, enterado de lo ocurrido con
Diego Peláez, escribe al rey Alfonso VI, el Bravo, exhortándole y mandándole le
ponga en libertad y le restituya en su dignidad. En 1089, envía a España al
cardenal Rayniero para que declare nula la elección del abad de Cardeña y lo
desposea de la mitra del obispado de Iglesia del Apóstol Santiago por haber
sido nombrado sin su consentimiento.
Pero
el rey Alfonso VI, el Bravo, envía a Roma los antecedentes de dicho prelado, y
después de un detenido examen, el papa Urbano II separa a Diego Peláez del
gobierno de la diócesis compostelana, pudiendo confiársele el gobierno de otra diócesis que lo elija como pastor. El rey
Alfonso VI nombra administrador de la diócesis a Pedro Vimáraz, verdadero
dilapidador de los bienes de la Iglesia
del Apóstol Santiago
El obispo Diego Peláez pasará un largo tiempo
hasta recobrar la libertad. Recobrada, se refugiará con algunos de sus
parientes en el reino de Aragón al amparo de sus reyes, donde expiará su
destierro, como el Cid Campeador expió el suyo. Intentará recuperar la mitra
compostelana y organizará guerrillas contra el rey Alfonso VI, y más tarde,
contra el arzobispo Diego Gelmírez.
José Barros Guede
A Coruña, a 7 de abril del 20120
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