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Carta Pastoral del Obispo de la Diócesis de Cádiz y
Ceuta, Mons. Antonio Ceballos Atienza.
Mis queridos
diocesanos:
Llega la Semana Santa 2010 y
con ella sus desfiles procesionales de bellas y magníficas imágenes. Para
muchos estas fechas son, pura y simplemente, días de vacaciones en las playas,
en las montaña o en el pueblo. En pocos casos, como este de la Semana Santa, se nota
hasta qué punto ha contaminado a nuestra sociedad eso que llamamos
secularización, es decir, la retirada de la presencia de la fe en ella. 
Los creyentes, al
celebrar la Semana Santa,
han de dar testimonio de su fe más transparente y convincente. Lo que vale hoy
en nuestra sociedad es el poder. Se persigue a toda costa poder tener, moverse,
cambiar unas cosas o personas por otras, disfrutar de sensaciones placenteras
siempre nuevas, vencer cualquier dolor, tener una “imagen” atractiva y siempre
juvenil. Es verdad que bastante gente carece de este poder y no lo tendrá
nunca. Pero sueñan con él y lo adoran como a su “dios” en lo escondido de su
corazón. Muchos que se llaman creyentes quisieran, también, que el Dios, Padre
de nuestro Señor Jesucristo les sirviese este poder, al que adoran como a su
supremo “dios”.
Muchos cristianos hoy se imaginan adepto al Señor resucitado y, sin embargo,
pasan de largo y no se detienen junto al Señor crucificado y muerto. Desconocen
al crucificado. No advierten que sin su muerte en cruz por nuestros pecados,
Jesús no hubiera resucitado. Y lo peor del caso es que, a pesar de tanta
predicación y catequesis, no parecen haber sido iniciados aún en la fe, en el
poder salvador de los padecimientos y muerte de Cristo, es decir, en lo más
central del cristianismo que dicen profesar.
Bien sé yo que no bastan estas formas de religiosidad popular para ser un
cristiano cabal. Pero puede convertirse en el comienzo de un camino para llegar
a serlo. Si un cristiano cabal puede decir con el apóstol Pablo: “Mi vida en
este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios, que me amó y entregó su vida
por mí” (Gal 2,20), ¿no puede ponerse en camino de poder decir de veras lo
mismo un cristiano que acompaña religiosamente al crucificado en su sufrimiento
y en su muerte, pensando que entonces tiene a Dios muy cerca?
Los caminos para llegar a Dios son muchos. En esto del acompañamiento al
crucificado transitan muchos hombres y mujeres. La Iglesia ha de encontrarlos
ahí, acompañarles y mostrarles el camino, cada vez mejor, que éste es aquel a
quien acompañan.
Nos acercamos a celebrar la
Semana Santa del 2010. Los cristianos de verdad tienen, estos
días, una gran responsabilidad: testimoniar convenientemente, mediante una
liturgia digna y cuidada, el mensaje de la reconciliación de Dios con los
hombres por la muerte y resurrección de Jesucristo.
Las salidas procesionales de Semana Santa se viven con mucho mayor sentido si
se participa, activa y conscientemente, en los oficios litúrgicos del Triduo
Pascual. Por eso, es muy importante que cada Hermandad o Cofradía ofrezca a sus
miembros unos cauces concretos para que puedan participar en los oficios del
Triduo Pascual. Así la liturgia y las procesiones podrán recuperar la unidad
que primitivamente tuvieron y se vivirá más fuertemente el sentido cristiano
que encierra para todos los creyentes la verdad de que el crucificado murió
pero ha resucitado.
¡Os deseo una fervorosa y feliz Semana Santa 2010!
Fraternalmente,
+ Antonio Ceballos Atienza
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