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El largo camino de la Cuaresma culmina en el
misterio pascual de Cristo: su muerte y resurrección. Nos disponemos, un año
más, a celebrar la Semana
Santa en nuestra Diócesis de Santander. Se llama “santa”,
porque en ella conmemoramos los acontecimientos fundamentales de la fe
cristiana: la institución de la
Eucaristía; la pasión y muerte de Jesús en la cruz; la
resurrección gloriosa del Salvador. 
Durante la Semana Santa la Iglesia nos invita a
contemplar y vivir con intenso fervor el misterio central de la salvación,
participando en las solemnes acciones litúrgicas y sacramentales en las
iglesias y en los templos. La
Iglesia valora también positivamente las procesiones y otras
manifestaciones de la piedad popular, que ha sabido crear cultura, arte y
belleza en imágenes y pasos, que expresan la fe del pueblo fiel.
La muerte de Cristo en la tarde
del Viernes Santo no es el final del camino. Es el comienzo de una nueva
economía en la cual se ha modificado el sistema de relaciones entre Dios y los
hombres. La piedra angular de esta nueva economía es Cristo crucificado,
sepultado y resucitado. La resurrección es para Cristo el punto de partida de
su exaltación, de su señorío espiritual. Su encarnación y su muerte fueron una
humillación (cfr. Fil 2, 5-11), pero
Dios lo exaltó y le concedió el nombre-sobre-todo nombre y lo ha sentado a su
derecha como Señor de la gloria.
La vida cristiana es una
aceptación sincera de la dialéctica de la cruz y de la luz. No es cristiana
ninguna salvación que no tienda a una afirmación superior, ninguna humillación
que no desemboque en exaltación, ninguna muerte que no se transforme en vida.
El cristiano está constantemente muriendo y resucitando. Es una persona
especialmente sensible al dolor y a la esperanza, con unos ojos tremendamente
abiertos para captar la noche y el amanecer. La muerte se refleja en cada dolor
humano y la resurrección brilla en cada luz del universo, en cada primavera del
alma.
Desde este Carta pastoral os animo a todos los diocesanos, sacerdotes,
religiosos, cofrades y fieles laicos a participar con fe y devoción en los
sagrados misterios que nos dieron nueva vida.
¡Felices días de Pasión y de Gloria
para todos!
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