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San Rosendo y San Pedro de Mezonzo, Obispos de la Iglesia del Apóstol Santiago
(Nota de ECCLESIA DIGITAL: proseguimos la
serie de entregas de artículos de nuestro colaborador José Barros Guede a
propósito de su reciente libro sobre el apóstol Santiago, el Camino de Santiago
y la tradición Xacobea. Esta es la sexta entrega)
San
Rosendo, hijo de los condes Gutierre Menéndez e Ilduara y primo de su antecesor
el obispo Sisnando II, era persona sabia en palabras y obras. Siendo obispo
dimisionario de Mondoñedo y abad del monasterio benedictino de Celanova es
nombrado obispo administrador de la Iglesia
del Apóstol Santiago y Gobernador de Galicia por el rey Ramiro III y su tía
Elvira, esposa del difunto rey Alfonso IV.
En 969, bajo su gobierno de Galicia, las
fuerzas dirigidas por el conde Gonzalo Sánchez derrotan a los normandos, queman sus naves y los matan. En 974, asiste
al concilio de León, acompañado del abad Pedro del monasterio de Antealtares,
que más tarde le sucedería en la mitra compostelana.
En dicho año, renuncia al obispado
Compostelano, regresa de monje al monasterio de Celanova, sucediéndole en el
obispado de la Iglesia del Apóstol Santiago el monje Pelayo, su secretario, a
petición de los canónigos. San Rosendo muere en olor de santidad, el primero de
marzo de 977, siendo más tarde declarado santo.
El
obispo Pelayo, hijo del político conde gallego Rodrigo Velázquez, pierde la
confianza del rey. Presenta su dimisión
de obispo de la Iglesia del Apóstol Santiago y se retira al cenobio de Celanova, donde yacían sepultados su maestro
san Rosendo y su padre Rodrigo.
En
octubre de 985, los canónigos compostelanos eligen obispo de la Iglesia del Apóstol Santiago a Pedro, sabio y santo
abad del monasterio de Antealtares. Había nacido el año 930, en Curtis y había
sido monje en el cenobio de Mezonzo, perteneciente al monasterio de Sobrado,
pasando a ser abad de Antealtares por recomendación de san Rosendo a quien acompaña a un concilio en León, en 974.
El
10 de agosto de 997, el ejército sarraceno de Almanzor en unión de los condes
gallegos y leoneses rebeldes y enemigos del rey Bermudo destruyen Tuy y el
castillo de Sampayo e invaden Compostela encontrándola desierta. Sus vecinos y
habitantes habían huido a las montañas para refugiarse de su famosa crueldad.
Arrasan la ciudad, destruyen la catedral, el palacio episcopal, monasterios e
iglesias, respetando sólo la tumba del Apóstol Santiago.
Almanzor, de regreso a Córdoba se lleva las
campanas y las puertas de la Iglesia del
Apóstol Santiago cargándolas sobre los hombres del cautivo ejército cristiano
para lucirlas en la mezquita cordobesa. Pasado el río Duero, despide a dichos
condes aliados regalándoles telas de
gran valor. Años después, será derrotado por las fuerzas cristianas en la
batalla de Catalañazor, muriendo en noviembre de 1002, en Medinaceli. A su
muerte, sus tropas se dispersan y cae el califato de Córdoba.
El
piadoso y sabio obispo Pedro de Mezonzo reconstruye el edificio de la segunda
Iglesia del Apóstol Santiago prescindiendo de los detalles y materiales de
mármol de las fachadas del Norte y Oeste. Los abades de Antealtares y de san
Martín Pinario levantan sus monasterios, los canónigos sus dependencias y los
vecinos compostelanos sus casas y moradas.
El 5 de septiembre de 999 muere el rey Bermudo
en el Bierzo. Los condes y magnates leales ungen y corona a su hijo Alfonso V,
de cinco años, en León, a cuya ceremonia asiste Pedro de Mezonzo. Ciertos
burgueses ambiciosos pretendieron que renunciase o fuese depuesto, pero no lo
consiguieron al defenderlo los condes del Reino de León.
Muere el 10 de septiembre del 1003, después de
ver restaurada y consagrada de nuevo la Iglesia del Apóstol Santiago y
reparados los monasterios y otras iglesias. En el Martirologio Romano del papa
Gregorio XIII, publicado por el cardenal Baronio, y revisado y corregido por
los papas Urbano VIII y Benedicto XIV, se lee en el día 10 de septiembre: “el
santo obispo Pedro de Compostela floreció en muchas virtudes y milagros”.
San
Pedro de Mezonzo, obispo de la Iglesia del Apóstol Santiago, es el autor de la
“Salve Regina”, en base a lo que leemos en los Anales Benedictinos de Mabillón
del año 986: “Pedro obispo compostelano, quien antes de ser obispo fue abad de
monasterio de san Pedro de Antealtares en la ciudad de Compostela, se dice, que
compuso la piadosa antífona de la Bienaventurada Virgen, llamada Salve Regina”.
Por su parte, Durando en su obra, Racional,
libro IV, capítulo XXII, cita la plegarias en honor de la Virgen María y escribe: “Pedro, obispo compostelano, hizo la
Salve Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura, esperanza nuestra, salve a
ti clamamos”. El papa Benedicto XIV cita la “Salve Regina” como plegaria para
acudir a la Virgen María
A la muerte de san Pedro de Mezonzo, en 1003,
Pelayo Díaz, canónigo compostelano e hijo de un conde gallego, es nombrado
obispo de la Iglesia del Apóstol Santiago. Expulsado de la mitra por los
magnates gallegos, aproximadamente en el año 1010, es nombrado obispo su
hermano Vismara Díaz, persona aparentemente humilde y piadosa pero ambiciosa
pereciendo en un accidente al atravesar el río Miño.
En
1013, le sucede en el dicho episcopado Vitruario. El rey Alfonso V confirma las
donaciones hechas por sus antepasados a la Iglesia del Apóstol Santiago y le
dona otras más. Muere el 4 de julio de 1028 víctima de una saeta cuando sitiaba
la ciudad portuguesa de Viseu. Le sucede en reino de León y Galicia, su hijo
Bermudo III, quien destituye y encarcela al obispo Vitruario por sus malas
costumbres según la Historia Compostelana.
En
1030, le sucede Cresconio, persona prudente, fuerte y sabia de ilustre y
esclarecido linaje, como obispo de la Iglesia del apóstol Santiago, quien,
según la Historia Compostelana: “extermina a los normados, levanta muros y
torres para fortificar la ciudad de Compostela, edifica y termina la iglesia de
Santa Maria de Iria y construye el castillo de Honesto para defensa de la
Cristiandad”.
El obispo Cresconio restaura la disciplina
eclesiástica y las buenas costumbres, promueve los estudios eclesiásticos, la
ilustración del clero y las peregrinaciones a la tumba del Apóstol Santiago. En
1053, el rey Fernando I de León, casado
con Sancha, hermana del rey Bermudo III, le encomienda la educación de su hijo
García. En 1063, asiste a las fiestas de la traslación de las Reliquias de san
Isidoro a León, celebradas en dicha
capital. Fallece en las Torres del Oeste o castillo de Honesto, en 1065.
Le
sucede como obispo de la Iglesia del apóstol Santiago, Gudesteo, quien tras una
disputa por ciertas propiedades familiares con su ambicioso y soberbio tío, el
conde Froila, unos cómplices, mandados por éste, dan muerte al obispo mientras
descansaba en su dormitorio del palacio de Iria después de comer en su mesa con su tío conde.
José
Barros Guede
A Coruña, 25 de
marzo de 2010
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