|
Uno
puede acercarse a cada escena evangélica de manera diferente: como espectador,
con espíritu analítico, contemplando el pasaje desde fuera, o introduciéndose
en él de forma personal y sentir que el relato describe alguna situación propia. 
En el
caso del lavatorio de los pies, en la Última Cena, es difícil no sentirse
aludido, aun como espectador, porque en ese caso sería como si uno no quisiera,
como el Apóstol Pedro, que el Maestro le lavara los pies.
A
pocas fuerzas que tengamos, solemos ser bastante autónomos e independientes, no
nos es fácil dejarnos ayudar. Cuando uno se siente capaz, va por los caminos
pretendiendo quizá hacer obras meritorias, y es posible que busquemos nuestra
realización personal y sentimos satisfechos de nosotros mismos por ello.
Jesús
nos desconcierta con su gesto, se pone a los pies de los discípulos, los
convierte en receptores. Pedro se resiste. No entiende esa actitud, es
demasiado impulsivo para permitir que nadie le ayude. Él fue el primero que
confesó la divinidad de Jesús, el primero que se echó al agua, el que tomó la
espada para defender a su Maestro. Ahora no soporta permanecer en pasividad.
¡Tantas veces éste es el riesgo de quienes pretenden resolver todo con sus manos!
Santa Teresa advierte justamente que no es cuestión de brazos.
En la
noche de la Última Cena, Jesús desea enseñar, una vez más, que es Él quien nos
salva, Él es quien nos ama, quien intenta convertir nuestro protagonismo, para
que caminemos como quien ha sido llamado, purificado y amado.
Mientras
no sintamos el amor, el perdón, la misericordia, vamos a ir por los caminos
hacendosos, y en tantos momentos cansados de hacer el bien, y sin embargo, con
escasos frutos.
Hoy
nos deberemos dejar lavar los pies, para después, a la manera del Maestro,
sepamos anunciar el Evangelio como el que sirve, con la humildad de quien se
despoja, no de quien se afirma.
¿Te
dejarías lavar los pies por Jesús? ¿Guardas memoria de alguna experiencia en la
que te has sentido sobrepasado por la entrega de los otros? Si es así, seguro
que la tuya estará purificada de protagonismo.
|