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Queridos hermanos y hermanas:
En
noviembre de 2007, la Conferencia Episcopal Española, decidió instituir una Jornada específica por la Vida
a celebrar todos los años el día 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del
Señor. Pocas fechas son tan aptas, pues el misterio de la Encarnación
del Señor nos invita a considerar la grandeza y dignidad de la vida humana. En
efecto, el Hijo de Dios comenzó su vida en la tierra en el seno de su Madre.
Este misterio nos recuerda, pues, que la vida humana tiene un valor sagrado,
que todos debemos reconocer, respetar y promover porque es un don de Dios. 
El pasado 4 de
marzo, el Boletín Oficial del Estado publicaba la llamada Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria
del Embarazo, que en realidad no es otra cosa que una liberalización total del
aborto, considerado como un derecho de la mujer, mientras se conculcan los más
elementales derechos del hijo que lleva en sus entrañas. La norma entrará en
vigor el próximo 4 de julio. Su carácter legal no le confiere el marchamo de
moralidad, pues no todo lo que es legal es moral. El aborto es siempre una
inmoralidad, no es progreso sino regresión. En realidad es un “crimen abominable”, como lo calificó
el Concilio Vaticano II, por ser
la eliminación voluntaria y querida de un ser humano a petición de sus
progenitores, con el concurso de los médicos, los primeros, junto con los
padres, que deberían tutelar esa vida naciente.
Por ello,
bienvenida sea la II
Jornada de la Vida, que tiene como lema “¡Es mi vida… Está en tus manos!” Con ella, los Obispos españoles pretendemos
que los católicos nos sensibilicemos ante este tema auténticamente mayor, y que
tratemos de sensibilizar a aquellos conciudadanos nuestros que aceptan casi sin
pestañear el drama del aborto en nombre del progreso y de la libertad de la mujer. La Jornada
quiere ser una invitación a las comunidades
cristianas a orar y proclamar el valor sagrado de toda vida humana desde su
comienzo en la fecundación hasta su ocaso natural. De la oración debe brotar un compromiso decidido para anunciar
a todos los que quieran escucharnos el Evangelio de la vida, de modo que
paulatinamente vayamos sustituyendo la “cultura
de la muerte” por una cultura que
acoja y promueva la vida. En
este sentido, respaldo y aliento a las instituciones, confesionales o no, que
promueven iniciativas a favor de la vida y que ayudan a las madres en
circunstancias difíciles para que acojan generosamente el fruto de sus
entrañas.
En diciembre de
2007, la Asamblea
General de la ONU adoptó una resolución por la que se
invitaba a los Estados miembros a instituir una moratoria en la aplicación de
la pena de muerte. Dios quiera que llegue también el día en que el aborto sea
suprimido de nuestras leyes y todos reconozcamos con vergüenza el inmenso y
trágico error cometido en los siglos XX y XXI por la humanidad.
Ruego a los
sacerdotes que en la eucaristía del día 25 hablen del don sagrado de la vida y
que organicen actos especiales de oración con esta intención. Ruego también a
los catequistas, profesores de Religión y responsables de grupos y movimientos
apostólicos que se impliquen en esta Jornada y que recuerden a todos que el
derecho a la vida es el primer derecho fundamental.
PUNTO FINAL. Queridos hermanos y hermanas: Soy
muy consciente de que ésta es la última carta dominical que os escribo como
Obispo o Administrador Apostólico de Córdoba. A lo largo de 232 semanas,
durante más de cinco años, he procurado que os llegara mi palabra en la Hoja Diocesana o a
través de las ondas de COPE-Córdoba. Gracias por leerme o escucharme. Dios
quiera que os haya hecho algún bien. No he buscado otra cosa que ayudaros a
amar más a Jesucristo y a la Iglesia, subrayar las prioridades de la pastoral
diocesana, estimular vuestro compromiso apostólico y fortalecer nuestra
conciencia de familia en la fe.
Con la
toma de posesión de mi sucesor, Mons. Demetrio Fernández González, el próximo
sábado 20 de marzo, concluyo mi servicio a esta Diócesis tan querida, de la que
me llevo un recuerdo imborrable. Recibid al nuevo pastor con el mismo afecto y
sentido sobrenatural con que me recibisteis a mí. Rezad por él, acogedle y
secundad sus iniciativas pastorales. Y rezad también por mí para que sea en la
Iglesia hermana de Sevilla
el pastor según el corazón de
Dios que Él espera de mí. Tened por cierto que yo rezaré cada día por D.
Demetrio y por vosotros, para
que seáis siempre fieles a vuestra historia cristiana y para que el Señor os
siga bendiciendo. En Sevilla me tendréis siempre como hermano y amigo dispuesto
a serviros en lo que me sea posible.
Hasta siempre. Para
todos, mi abrazo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo
Pelegrina - Administrador Apostólico de Córdoba
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