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Y fueron de
mañana, sí, fueron de mañana a buscarle muerto al que ya no estaba muerto: ¡Ha
resucitado! Este es el grito que sigue resonando siglos y siglos después en la
Iglesia y en el mundo. Le duela a quien le duela, moleste a quien moleste, ¡Ha
resucitado! Él nos prometió vida y nos la ha dado. “Cristo una vez resucitado
ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre Él”, nos recuerda Pablo. 
Menuda
sorpresa, menuda alegría la de aquellas mujeres, la de ése discípulo que corría
más que Pedro, menudo acontecimiento el que presencio Pedro al entrar en el
sepulcro, todos vieron y creyeron. Pero ahora amigo, viene la duda, ¿la
resurrección es algo pasado?
Cristo resucitó
en un momento histórico concreto pero el resucitar ha cambiado el rumbo de toda
la historia, de nuestra historia de hombres y de cristianos, la ha plenificado.
Ya todo es presente en Él, es el aquí y el ahora de Cristo. Él está vivo,
queramos o no, Él vive. Este es el misterio que desborda la lógica formal de
cualquier persona humana capaz de uso de razón.
La cruz no ha
tenido la última palabra en esta historia de amor de Dios con los hombres
llamada Cristo, la última palabra la ha tenido, la tiene y la tendrá la
resurrección. Esa alegría que desbordó a aquellos que se acercaron al sepulcro,
sigue ahora inundando, o queriendo inundar a cada persona, a cada corazón que
ansía la vida. Esta noticia nos invita a ser madrugadores, a salir de nuestros
miedos, a encontrarnos con Cristo que vive entre nosotros, que está glorificado
en medio de todos los hombres.
Pongámonos en
camino al sepulcro, vislumbremos la losa corrida y la tumba abandonada. Él ha
resucitado pero somos nosotros quien tenemos que ser capaces de verlo. Quitemos
de nosotros toda desesperanza porque es la esperanza, manifestada en el
resucitado, la que nos ha de guiar hasta llegar a la gloria con Él. Abandonemos
la oscuridad, que con Cristo, ha sido iluminada.
Grabemos en
nuestro corazón que la cruz, el sufrimiento, la muerte tiene un sentido, el
sentido de la resurrección, el sentido de la plena identificación con el que en
su infinito amor, no excluye el dolor, sino que lo ilumina y lo llena de
sentido.
“Cristo, alegría
del mundo, resplandor de la gloria del Padre; Bendita la mañana que anuncia tu
esplendor al universo”, reza la Iglesia. Esta Iglesia que sólo puede ser
entendida y amada a través de la pasión, muerte y resurrección. Desde esa
mañana, no sólo bendita, sino gloriosa, la Iglesia puede anunciar a todos la
salvación, el final del fin, de la muerte, el gran enemigo del hombre. Ahora
todo es Vida, ahora todo es luz que ilumina las tinieblas, ahora ya todo lleva
noticia de su autor.
Encuentra,
encontremos a Cristo vivo, el ha resucitado para que le encontremos los que le
buscamos. Pongámonos en camino, Él está ahí, ha resucitado según su palabra,
ahora cumple la tuya, cumplamos la nuestra y hallémosle vivo para que así
tengamos Vida y vida en abundancia.
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