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Señor Jesús: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” ¿Qué grito más profundo el tuyo? Ahora es el Padre quien se va de casa. ¿Padre, por qué nos has dejado abandonados? 
Todo moribundo experimenta la sombra de la angustia, de la soledad, y el abandono total. Pero, ¿tu Padre puede abandonarte? tu grito, Señor, es un grito misterioso, tu grito es un grito de sufrimiento total, tu grito es un grito de esperanza contra toda esperanza. Tus labios confiesan otro misterio: La sed del cuerpo es sed divina. Y mueres ante los que te miran y ante los que se burlan de Ti. Y ante el pasmo del cielo y de la tierra pendes colgado y muerto. Señor Jesús: El cielo se retira, Y tu voz como, crucificado, se apaga. Tú has muerto para darnos la vida, con tu muerte has reconciliado todo, en tu muerte hemos aprendido la lección suprema del amor. A lo lejos los mirones, el terreno pedregoso se resquebraja, el sol se oscurece y la tierra con sus almas está negra. Es la hora del descenso a los infiernos. Es la hora de que los justos sientan la presencia de Dios En el pozo de la noche Desde tu muerte ya tiene sentido nuestra muerte. ¡Apiádate de todos los muertos! Enséñanos a saber vivir para saber morir como tú. Amén.
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