|
A mí siempre me ha parecido este uno de los momentos más tiernos. La figura del descendimiento de Cristo, hecho con sumo cuidado, hecho ya por amigos y entre amigos. Bajando, descendiendo lenta y cuidadosamente, hasta llegar a los brazos de su Madre Maria. Esa es la formación, la génesis de la Piedad. El hijo muerto, semiacostado sobre el regazo, sobre los brazos amorosos de su Madre. 
Ya no hay solución, ya ha muerto, pero al menos, en estos momentos ya ha acabado su agonía, ya ha dejado de sufrir. La madre le da su último amor, seguro que lo acaricia, lo limpia, lo besa, lo abraza. A partir de ahora, esta madre, que “desde siempre meditaba estas cosas en su corazón”, a partir de ahora, va a convertirse en La Soledad. Efectivamente, se había quedado sola. Los discípulos y las otras mujeres también. Aunque se acompañaban entre si, estaban solos, temerosos, desconcertados. Todos nos habíamos quedado solos. ¿Qué tendría que pasar a continuación?
|