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Clavos afilados para tus manos y tus pies. Mira como traspasan tus carnes, al golpe del martillo, sin la menor resistencia. Ni tus huesos son capaces de detenerlos. Rompen y rasgan tus nervios hasta quedar firmemente sujeto a los maderos. 
¿Te ha dolido? Pues eso no es nada, ahora levantaremos la cruz para que todo tu peso caiga sobre los hierros. Así los notaras mejor. ¿Ya lo sufres? ¿Te cuesta respirar? ¿Te falta el aire? Sobre tu cabeza, en la cruz, te hemos puesto un titulo, para que todos te reconozcan, Jesús Nazareno Rey de los Judíos. Si tienes sed te daremos un poco de vinagre, para calmarte. No te preocupes, no estás solo, para acompañarte en tu muerte te escoltaremos con dos ladrones. Los delincuentes os tenéis que acompañar. No obstante, si eres hijo de Dios, sálvate a ti mismo. ¡Cuanta humillación! Y todo a la vista de su madre. Como debió sufrir esa mujer viendo toda la pasión de su Hijo. Si esto sucediera hoy, ¿como seria? No se como seria, pero incluso hoy sigue sucediendo. Todos los días, todas las gentes, lo estamos clavando, al menos un poco, en la Cruz.
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