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Después del apresamiento en el huerto, peregrinación por los supuestos lugares de justicia. Idas y vueltas por las casas de Anas, Caifás, Herodes y Pilatos. Pareciera que la justicia siempre haya estado supeditada a la política o a los grupos de presión. 
La manipulación de las masas, la agitación de las turbas para conseguir lo que pudiera parecer la justicia del pueblo: “soltad a Barrabas”, “Crucificad a Jesús”. ¿Es el pueblo quien lo pide? Muchas veces a lo largo de la historia, se ha cumplido que, cuanto mas inocente se es, mas duro es el castigo que se aplica. La condena de Jesús, preludio de la condena de tantos mártires inocentes a lo largo de la historia, incluso de la historia contemporánea. Seguramente hoy mismo, en cualquier sitio invadido por algún tipo de fanatismo, estarán juzgando y condenando a algún inocente seguidor de aquel, inocente por excelencia. Después, basta lavarse las manos para sentirse limpio de responsabilidad sobre lo sucedido. O bien, echarle la culpa a la administración o a las propias leyes. Es difícil salir indemne cuando antes de prenderte, ya te han juzgado como culpable. Tres o cuatro juicios de los que obtienes otras tantas condenas. Solo queda buscar a aquel que tiene competencias para ejecutarte. En este caso nos queda la tranquilidad de que estaba escrito que sucediera así. Pero no por eso deja de ser injusto. Y si sucediera hoy, en nuestros tiempos, ¿Seria muy distinto? Seguro que no, seguro que se culparía al inocente y, no se de que modo, pero se le ejecutaría.
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