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Momento luminoso aquel de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio. A veces uno piensa, si yo pudiera ver a Jesús como lo vieron sus discípulos, le daría gracias y le pediría… En nuestra estrechez de mente no nos percatamos de que lo tenemos a nuestra disposición tan presente como lo tuvieron sus discípulos. Claro que si, en la Eucaristía, como una de las consecuencias de la Ultima Cena. Que suerte tenemos, es el mismísimo Jesús el que nos espera. Como se dice a los niños de catequesis, “parece que no esta, pero esta”. 
¿A quien no le gusta cenar con sus amigos o allegados? Las comidas o cenas en ese ambiente son divertidas. Pero, es verdad, en todas las cenas hay algún problema. En la Ultima Cena había una traición. También planeaba una visión del futuro, pero esta visión solo la tenía Jesús. Visión del futuro cercano, su Pasión y Muerte en la Cruz. Pero también visión del futuro lejano, de la salvación y la condenación de los hombres. No nos podía dejar solos, puesto que había venido a salvarnos. Para ello instituyo los sacramentos. ¿Cómo seria aquella cena? ¿Qué alimentos tomarían? Además de los más importantes, el pan y el vino, ¿Qué cenarían? Parece que si estaban celebrando la pascua, tendrían cordero o cabrito, y tal vez algunos vegetales y hortalizas. No es importante, yo prefiero imaginar el ambiente. Aquellos hombres que habían renunciado a todo por seguirle, le escucharían con atención, gozarían con él, se llenarían de dudas por aquella traición anunciada o por aquellas palabras enigmáticas que no entendían muy bien. ¿Cuáles serian los pensamientos de Pedro? ¿Y los de Andrés? ¿Qué pensaban y hacían los demás? Tú, que tienes suficiente talento y fantasía, medita sobre ello e imagina…
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