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Poco
después de la aprobación de la ley más ignominiosa de las hasta ahora
refrendadas por el Parlamento y firmadas por el actual Jefe de Estado, la nueva
Ley del Aborto, verdaderamente anticientífica, se celebra el Día de la Mujer Trabajadora. Elvira
Moragas fué una mujer trabajadora, además de católica y científica, que defendió
la vida de los demás con su propia vida, muriendo mártir durante la Persecución Religiosa.
Creo que sus creencias y su formación científica suponen una reflexión
interesante. 
Elvira Moragas se licenció en farmacia en
1905 y fue la primera mujer en matricularse en los cursos de doctorado en dicha
especialidad, con asignaturas como la microbiología entre otras. Los cursos de
doctorado suponían dar un paso hacia la formación científica que debía
enriquecerse con conocimientos que daban las denominadas asignaturas de
doctorado cursadas, aplicables a un trabajo de investigación que defendido públicamente
permitiría la conquista del título de doctor.
Nació en Lillo (Toledo), el 8 de enero de
1881, y su vida ha sido precisamente estudiada por Jose Carlos Areses Gándara
en su libro “La vida de la beata Maria Sagrario. Farmacéutica, Carmelita y
Mártir”. Hija y nieta de farmacéuticos, seguiría sus pasos antes de ingresar en el Carmelo. En 1885, la familia
se trasladó a Madrid, por ser su padre proveedor farmacéutico de la Casa Real. Terminados
sus estudios en el Instituto Cardenal Cisneros, estudió farmacia en la Facultad de Farmacia, de la Universidad Central
de Madrid. Fue la primera mujer licenciada en farmacia de España, y la vigésimo novena que realizó estudios
universitarios, licenciándose el 16 de junio de 1905 y llegando a ejercer la
profesión en la farmacia de su padre.
Pero su incipiente carrera científica y
profesional se truncó de manera pacífica y significativa, cuando en 1915, con
34 años, ingresó en el Carmelo, tomando el hábito el 21 de diciembre de ese
mismo año, haciendo su primera Profesión el 24 de diciembre de 1916, y la
definitiva el 6 de enero de 1920. Se sabe que en el convento ejerció diversas
labores, desde enfermera hasta tornera y Maestra de novicias. Fué elegida,
Priora del convento el 1 de julio de 1936, por segunda vez. El 18 de julio del
mismo mes, recién iniciada la
Guerra civil, fueron apedreadas las ventanas de la iglesia
conventual, sin más ni más, y la Madre María
del Sagrario de san Luis de Gonzaga dijo a las religiosas que, si querían irse
con su familia, eran libres de hacerlo, pero que ella se quedaba allí, por lo
que la mayoría se quedaron con ella. Ella rezaba diciendo : «Tengo que
velar por todas mis pequeñas».
El 14 de agosto, mientras rezaba la Liturgia de las Horas,
unos milicianos –actualmente presuntos defensores de la democracia, héroes
anónimos, etc. etc.- la apresaron y la condujeron a la checa de Marqués de
Riscal. Como solían hacer con los inocentes consagrados, le interrogaron por
«los tesoros del convento», a lo que ella respondió escribiendo en un papel:
¡Viva Cristo Rey!. Desde allí se la llevaron,
insultándola y agrediéndola verbal y físicamente, a la pradera de San Isidro,
donde la fusilarían por la noche, víspera de la Asunción. Una
testigo presencial, la
Hermana Natividad, que
estuvo junto a ella en esas últimas horas que pasó en la checa, afirmó:
«Siempre veía a la Madre
como a una santa; la veía siempre recogida, con un semblante de paz y de
serenidad».
El 10 de mayo de 1998, III Domingo de
Pascua, Juan Pablo II la beatificó diciendo en su homilía:
“ El
libro del Apocalipsis nos ha presentado la visión de Jerusalén, «arreglada como
una novia que se adorna para su esposo» (Ap 21, 2). Aunque estas palabras se
refieren a la Iglesia,
las podemos aplicar también a las dos carmelitas descalzas que han sido
proclamadas beatas en esta celebración, habiendo alcanzado el mismo ideal por
caminos diversos: la madre Sagrario de San Luis Gonzaga y la madre Maravillas
de Jesús. Ambas, con el adorno de las virtudes cristianas, de sus cualidades
humanas y de su entrega al Señor en el Carmelo teresiano, aparecen hoy a los
ojos del pueblo cristiano, como Esposas de Cristo.
La
madre María Sagrario, farmacéutica en su juventud y modelo cristiano para los
que ejercen esta noble profesión, abandonó todo para vivir únicamente para Dios
en Cristo Jesús (cf. Rm 6, 11) en el monasterio de las carmelitas descalzas de
Santa Ana y San José de Madrid. Allí maduró su entrega al Señor y aprendió de
él a servir y sacrificarse por los hermanos. Por eso en los turbulentos
acontecimientos de Julio de 1936, tuvo la valentía de no delatar a sacerdotes y
amigos de la comunidad, afrontando con entereza la muerte por su condición de
carmelita y por salvar a otras personas”.
Muchas mujeres inocentes, que tal vez habrían
llegado a ser como la
Madre Sagrario, auténticos remansos de paz, o católicas y
científicas, o sencillamente trabajadoras, serán ajusticiadas sin poder
defenderse, sin ningún tipo de diálogo, gracias a una ley que pisotea la
ciencia y, por tanto, la vida. Que Dios les perdone a todos, porque verdaderamente
no saben lo que hacen.
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