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Si tenemos en cuenta las lecturas de los días anteriores, vemos que durante los primeros días de este tiempo de gracia, la circunstancia temporal viene siendo como una consigna. 
Hoy nos dice el profeta: “Si detienes tus pies el sábado…, y lo consagras a la gloria del Señor…” (Is 58, 13). Esta expresión nos invita a parar, a dar un tiempo a las cosas de Dios. Cabe que puedas incluso proyectar un día de retiro, unos ejercicios espirituales, un tiempo de silencio y de oración. No digas: “No tengo tiempo”, el tiempo se te regala. ¡Cuántas veces por saber perder, se gana! La lectura del Evangelio de hoy es un incentivo para responder de manera positiva; desde este texto no cabe la excusa por incapacidad, debilidad o pobreza. Si Jesús pasa por nuestra vida, tiene poder para hacernos posible el seguimiento. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan” (Lc 5,32). El ejemplo de la vocación de Mateo, la palabra directa del Señor, la expresión contundente, sin glosa “Sígueme”, es una llamada difícil de soslayar. Muchas personas, a lo largo de la historia, han sentido la mirada y la fuerza de Jesús y lo han seguido, no sólo dejando de trabajar el sábado, sino dejándolo todo, y han conformado su forma de vida con la del Señor. Estamos al principio, hemos recorrido como el atrio del tiempo cuaresmal, aún hay tiempo para levantarse, fiándose de la fuerza que concede el que llama. “El Señor es bueno y clemente, rico en misericordia…” ¡Podemos emprender animosos el camino hacia la Pascua!
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