|
"Tengo Sed" Esta es la quinta palabra. Antes de que todo termine -de momento-, Cristo, clavado y escarnecido en la Cruz, nos dice: “tengo sed”. Sed ¿de qué? Cristo en la cruz tiene sed de mí. Tiene sed de que realmente aquellos a los que ha llamado, respondamos a esa llamada. Que seamos realmente auténticos cristianos, que siguiendo su ejemplo, sepamos consumar su obra en la Cruz.
Tiene sed de que dejemos de lado las envidias, las discordias, que dejemos de lado todo aquello que nos entretiene del subirnos a la Cruz, a su Cruz. A esa Cruz de donde nos viene la salvación, la verdadera plenitud. Tiene sed de que demos testimonio vivo de que hemos sido salvados. Tiene sed de que cada cristiano seamos un signo de contradicción en medio de la injusticia. De que cada bautizado actuemos como portadores del Dios Vivo y Verdadero que en la cruz ha consumado su obra. Cristo en la cruz tiene sed de mí. Tiene sed de mí porque me quiere convertir en agua, esa agua que apaga toda la sed, de la que una vez que se bebe, ya no se tiene más sed. El grito de Cristo tiene otra forma, otra expresión: “¡Quiero que seáis agua!, ¡agua como yo!”. Esta es la sed de Cristo, es la exclamación de Dios que quiere que el hombre colabore en su obra de salvación, del Dios Trino que quiere que el hombre apague todo tipo de sed que en el mundo pueda existir. Cristo en la Cruz quiere que el hombre apague la sed de Dios.
Julio A. Arjona Pernia -Diácono Diócesis de Sigüenza-Guadalajara-
|