|
Tengo sed (Jn. 19, 28) Juan, el discípulo amado, recoge algunas de las palabras más bellas que Jesús pronunció en la cruz a la hora de su partida hacia el Padre. Una de ellas es la que comentamos. "Tengo sed" Para comentar esta palabra, habría que meterse en el interior del alma de Cristo y beber su propia experiencia. Pienso que es un tanto atrevido hacerlo desde la propia pequeñez, queremos hacerlo como un acto de servicio a la Iglesia.

Sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliese la Escritura, dice: "Tengo sed". Esta sed terrible de Jesús, causada por la pérdida de sangre, el sufrimiento físico y la angustia interna espiritual, le hizo gritar: Tengo sed. Más, Jesús experimenta otra sed más profunda. Tenía sed de la salvación de las almas, y esa sed le causa mayor tormento y angustia sabiendo que muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos rechazarían la gracia de la salvación que él nos ofrece con su muerte en la cruz. Para comprender esta sed hace falta contemplarle, dejarse amar por él, consentir que entre en nuestra vida y pueda tomar posesión de ella. Jesús tiene sed de sacerdotes que sirvan a la Iglesia haciendo posible en ella la celebración de la Eucaristía, su fuente y su cumbre; la actualización del Misterio Pascual; la celebración de los sacramentos. Jesús tiene sed de almas que, olvidadas totalmente de sí, se entreguen a la misión de la Iglesia en la vida consagrada: -el servicio a los pobres, -la transmisión del Evangelio, -en la vida contemplativa, permaneciendo en unión con Cristo para dar fruto de vida eterna. Esta sed de Jesús que en el diálogo con la Samaritana se hizo ya presente: Jesús le dice: "Dame de beber". Pero aquel que le pedía de beber, en verdad tenía sed de la fe de aquella mujer, por eso le dice: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él y él te daría agua que salta hasta la vida eterna. La sed de Jesús, que hace pensar en el agua (Jn 7, 37) "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí", de su seno correrán ríos de agua viva. Agua que brota del costado de Cristo en la cruz. Como el agua que manaba del lado derecho del templo (Ez 47,1), del templo de su cuerpo, para que tengamos vida en plenitud, que saciará todos nuestros deseos.
Sor María Inmaculada Pérez Concepcionistas Franciscanas Escalona (Toledo)
|