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TENGO SED “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumplieran las escrituras dice “tengo sed”, Había una vasija de vinagre. Sujetaron una esponja empapada en vinagre y se acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre dijo : “Todo está cumplido” e inclinando la cabeza entregó el espíritu.”
Jesús, cuando te miro colgado de una cruz, y en agonía, sintiendo el abandono de los tuyos, un hondo pesar y una gran soledad invade mi corazón. El camino hasta la cruz, fue largo y penoso, pero lleno de un profundo amor por todos nosotros. Desde la traición, pasando por las injurias, el abandono de los amigos, la soledad, el dolor, el escarnio, nada te quedó por dar. Diste hasta la última gota de tu sangre para que nosotros tuviésemos VIDA, y vida en abundancia. Hoy al contemplar tu cuerpo herido, clavado en una cruz, puedo contemplar también el dolor de hombres y mujeres que a lo largo de los tiempos, han sufrido escarnios, injurias, opresión, hambre y a veces la más horrible de las muertes. Unos por seguirte, otros por otras causas, pero todos por el egoísmo, la injusticia y maldad de otros hombres. Y escucho Tu voz que dice “si el grano de trigo no muere, no produce fruto”. Para que el milagro de la vida llegue, para que resurja la vida, el primer paso es la muerte. Un gran legado nos dejas en tus últimos momentos: el dolor, el sufrimiento, la soledad, el abandono, pueden ser la antesala de la muerte, pero de una muerte trasmutadora, que cambia lo viejo en nuevo, el dolor en alegría, en nueva sabia y brotes nuevos. Con tu muerte nos descubres la esencia liberadora del dolor como elemento para el cambio. Morir puede ser, un nuevo comienzo: Morir al pecado, al egoísmo, al desánimo, para resurgir al hombre nuevo. Frente a lo que nos ofrece nuestra sociedad del llamado “bienestar”, cuya búsqueda es evitar el dolor, la perdida, el sufrimiento, y en el que con frecuencia encuentra la angustia y el desasosiego de la soledad más profunda, tu nos presentas un camino de entrega y amor hasta las últimas consecuencias. Por ello, hoy, ante tu cuerpo muerto, quiero descubrir cuales son las cosas a las que tengo que morir, qué tengo que eliminar en mi vida para brotar de nuevo, como cada primavera, abriéndome al bien de mis hermanos. Hoy quiero Señor, acompañarte en tu muerte, sentir tu soledad, pero también quiero sentir tu paz, cuando en un último suspiro dijiste “todo está cumplido”. Pilar Simón Romero, Presidenta de Manos Unidas en la diócesis de Sigüenza-Guadalajara
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