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Navidad es fiesta de familia. La salvación de Dios se ha hecho presente a través de una experiencia de familia. En Navidad dirigimos nuestras miradas y nuestros corazones a Belén, donde está la Sagrada Familia: Jesus, María y José, para que nuestras familias sean fieles a su vocación de servicio a la vida y al amor. 
El domingo, día 27 de diciembre, es la fiesta de la Sagrada Familia. Este año celebramos la jornada agradeciendo a Dios el fruto bendito del vientre de María, que es Jesús, vida del mundo, y oramos por la vida humana. Confiamos a la Virgen María la causa de la vida, el número inmenso de niños a quienes se les impide nacer, de pobres a quienes se les hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad. Esta Jornada es una oportunidad para anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el evangelio de la vida. El mejor servicio que podemos hacer a la familia es recuperar y potenciar su original sentido natural y cristiano. Es necesario proclamar bien alto el evangelio de la familia. La familia, fundada sobre el matrimonio, es un evangelio, es decir, una Buena Noticia para la Iglesia y para la humanidad, y, por tanto, fuente de alegría y esperanza. Por desgracia hoy la cultura dominante en Occidente, caracterizada por un humanismo inmanentista, impone una visión deformada de la naturaleza y del significado del matrimonio y de la familia. En España se está actuando también contra los verdaderos valores del matrimonio y la familia a través de determinadas leyes, que no respetan el derecho natural. El Estado se constituye en artífice de los derechos de los individuos, a través de un positivismo jurídico, en el que hay una separación del contenido natural del derecho, que es patrimonio inalienable de la conciencia moral de cada persona. Así se priva a la vida social de su sustancia ética y la deja indefensa frente al arbitrio del Estado y de los poderes políticos de turno. Ante esta situación preocupante, la Iglesia, los católicos y los hombres de buena voluntad no podemos callar, sino que tenemos que alzar la voz, a través de los cauces democráticos y legales, para denunciar esas leyes que lesionan el orden moral y la dignidad de la persona humana. “Defender y promover la familia y la vida es la tarea que se abre a nuestra Iglesia en el comienzo del siglo XXI como camino largo, pero cargado de esperanza en la construcción del futuro” (CEE, Instrucción Pastoral La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad, n. 136). Es la hora de infundir esperanza a las familias, tentadas de desánimo y angustiadas por las dificultades de un ambiente hostil. Es necesario que las familias confíen en Dios, que no cesa de actuar en la familia y en las personas. Los cristianos hemos de mantener firme nuestra esperanza en los designios de Dios y ser fieles a la misión evangelizadora que la Iglesia nos propone para los comienzos del nuevo milenio.¡Feliz Jornada por la Familia y la Vida!.
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