|
Primero es el misterio; después, su expresión. Y cuando la expresión del misterio llega a inspirar creaciones artísticas y, sobre todo, cuando llega a impregnar comportamientos y modos de vida, entonces el misterio se hace cultura, entonces la fe es plenamente vivida. Hay, pues, un camino de bajada desde el misterio a la cultura y un camino de subida desde la cultura al misterio. La belleza de las obras de arte inspiradas por la fe, se convierte así en un itinerario privilegiado que nos aproxima a Dios. 
¿Por qué no hacemos tres la prueba en esta Navidad? Les animo a que hagan tres aproximaciones al misterio del Nacimiento del Hijo de Dios desde la belleza de tres obras de arte: una de música, otra de poesía y una tercera de pintura. Empecemos con música. Les invito a que escuchen el “Oratorio de Navidad” de Juan Sebastián Bach, estrenado en 1734. Consta de seis partes y abarca desde Navidad hasta Epifanía. Si no pueden escucharlo todo entero, vayan directamente a la segunda parte. La segunda parte comienza con el más bello número de todo el Oratorio, una melodía pastoral a la que podíamos calificar como pintura musical en la que los ángeles anuncian a los pastores el nacimiento del Salvador. Al llegar los pastores al portal parece como si María estuviera cantando una canción de cuna para dormir al Niño; se escucha entonces la más hermosa canción de cuna de toda la historia de la música: “Duerme, mi querido niño, disfruta de tu sueño”. Sigamos con poesía. Les invito a que lean despacio y mediten con sosiego un villancico escrito por Lope de Vega y titulado “Las pajas del pesebre”. Es una de las más bellas composiciones líricas de Lope. En este poemita, una persona, presagiando los dolores de la futura de Pasión, invita al Niño Jesús a que cese en el llanto que le producen las molestias del pesebre, y se duerma. Se trata de un villancico con todos sus elementos muy bien marcados: el villancico propiamente dicho, las mudanzas, el ritmo del enlace, el verso de vuelta y el estribillo. Recordemos ahora, al menos, los cuatro versos del villancicos: “Las pajas del pesebre, /niño de Belén, /hoy son flores y rosas, /mañana serán hiel”. Terminemos con la pintura. El cuadro que les invito a contemplar es de un pintor religioso dominico, nacido en Pastrana (Guadalajara) y fallecido en Madrid en 1649. Me refiero a Juan Bautista Maino. El cuadro lleva por título “La adoración de los Reyes Magos”. La composición de la escena es del todo singular: los Reyes están colocados en vertical, formando el eje de la escena, quedando a la derecha a la Sagrada Familia y a la izquierda los pajes de los Magos, un de ellos negro. San José, grave; María, serena; el Niño Jesús alza su mano en actitud de bendecir, más pendiente de dar que de recibir. Una luz circular y cenital ilumina la escena. Pueden ver este cuadro en el Museo del Prado, concretamente en la sala XXV, dedicada a los pintores españoles de los siglos XVI y XVII.
La nueva escala de Jacob
El arte cristiano es como una escala de Jacob. Si a partir de la naturaleza irracional e inanimada se pueden descubrir, razonando sin prejuicios, algunas perfecciones divinas –como dice el libro de la Sabiduría y como les dice San Pablo a los Romanos-, con más razón de puede afirmar que las obras de arte inspiradas por la fe sirven para despertar nobles sentimientos religiosos, para hacer que el misterio sea gustado y sentido internamente.
|