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En una basílica de San Pedro abarrotada de fieles el Papa Ratzinger ha afirmado en su homilía que con el Nacimiento, Dios es "realmente un Dios con nosotros" y que el Nacimiento de Cristo no puede dejar a nadie indiferente. El Santo Padre ha recordado que los pastores fueron hacia el Portal corriendo, ya que el Hijo de David, "tan esperado", había venido al mundo en Belén "y no había otra cosa que pudiera tener mayor importancia". 
Acto seguido el Sumo Pontífice ha denunciado que "en nuestra vida las cosas no son así. La mayoría de los hombres no considera una prioridad las cosas de Dios, no les acucian de modo inmediato. Y también nosotros, como la inmensa mayoría, estamos bien dispuestos a posponerlas. Se hace ante todo lo que aquí y ahora parece urgente. En la lista de prioridades, Dios se encuentra frecuentemente casi en último lugar". Benedicto XVI ha subrayado que el Evangelio dice que Dios tiene la máxima prioridad y que "así, pues, si algo en nuestra vida merece premura sin tardanza, es solamente la causa de Dios". El Papa ha afirmado que la mayor parte de los hombres "viven lejos" de Jesucristo. "Vivimos en filosofías, en negocios y ocupaciones que nos llenan totalmente y desde las cuales el camino hasta el pesebre es muy largo. Dios debe impulsarnos continuamente y de muchos modos, y darnos una mano para que podamos salir del enredo de nuestros pensamientos y de nuestros compromisos, y así encontrar el camino hacia Él". El Papa ha exhortado a los hombres a "despertar" para que les llegue el mensaje de Cristo y ha denunciado que los conflictos en el mundo y la imposibilidad de conciliación recíproca es consecuencia del estar encerrados en nuestros propios intereses egoístas. La ceremonia comenzó con un imprevisto: Benedicto XVI se cayó y se levantó inmediatamente cuando se dirigía en procesión hacia el Altar Mayor, debido al trasiego desatado por una mujer que intentó saltar una valla del interior del templo para alcanzarle. La mujer, al parecer con problemas psíquicos, sólo pretendía saludarle. Como hecho anecdótico cabe reseñar que por primera vez en la historia reciente de la Iglesia Católica, Benedicto XVI ha oficiado la tradicional Misa del Gallo dos horas ante de la medianoche.Durante la homilía, Benedicto XVI afirmó que "el egoísmo, tanto del grupo como el individual, nos tiene prisioneros de nuestros intereses y deseos, que contrastan con la verdad y nos dividen unos de otros". "El conflicto en el mundo, la imposibilidad de conciliación recíproca, es consecuencia del estar encerrados en nuestros propios intereses y en las opiniones personales, en nuestro minúsculo mundo privado", afirmó el Sumo Pontífice dirigiéndose en italiano a los miles de fieles congregados en la basílica y a los millones en todo el mundo que seguían la misa por televisión. El Santo Padre predicó la "humildad" que es "la señal de Dios". "La señal de Dios es que se hace pequeño, que se convierte en niño", dijo el Papa esta noche en la que, para los católicos, el hijo de Dios, Jesús, nació en un pobre establo de Belén. "Nos hacemos semejantes a Dios si nos dejamos marcar con esta señal; si aprendemos nosotros mismos la humildad y, de este modo, la verdadera grandeza, si renunciamos a la violencia y usamos sólo las armas de la verdad y del amor", dijo Benedicto XVI durante la quinta misa de Navidad de su pontificado. Fuente: Cope.es y AFP
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