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Siempre me pregunto por qué desde Abel, bendecido por Dios, pastor de rebaños, y desde David, el último de sus hermanos, pastor también, escogido por Dios para ser rey de Israel y de Judá, son tan significativos los pastores en la Biblia, si en una sociedad rural, socialmente son inferiores a los agricultores y de alguna forma estaban marginados porque no podían cumplir la ley. 
Los pastores son los primeros en recibir la noticia del nacimiento de Jesús, y los primeros que acudieron a adorar al nacido en Belén, anunciado por los ángeles como el Mesías esperado.
Sorprende que Jesús tome la figura del pastor para presentarse a sí mismo. Hay quienes definen la parábola del Buen pastor como el autorretrato de Jesús.
María, la madre de Jesús, tiene especial cariño a los pastores; hay muchas historias, tradiciones o florecillas que relacionan a María con los pastores, a los que en muchas ocasiones los hace testigos de su desvelo por la humanidad. ¿Será en agradecimiento por lo que hicieron en la Nochebuena?
El pastor es humilde, contemplativo, paciente, sacrificado. Vive en contacto con la naturaleza, se relaciona con el cielo, ama la creación, no tiene prisa, gastas sus días en cuidar del rebaño.
Si Dios ha escogido las mediaciones para hacerse historia de entre los segundones - extranjeras, estériles, proscritos, pobres -, a la hora de su nacimiento, los primeros que obsequian al Salvador son los pastores, los ancianos, los débiles.
Jesús va a pronunciar una bendición emblemática:
«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11, 25-27).
Cuando deseamos acercarnos a adorar y reconocer al Hijo de Dios, nacido de María, deberemos iniciarnos en la escuela de los pastores para poder maravillarnos de lo que Dios ha hecho en favor nuestro.
¡Pastores, enseñadnos la forma de ir al portal de Belén, a ver al que su madre ha envuelto en pañales y lo ha recostado en un pesebre!
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