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El evangelista san Lucas relata: “José subió de la ciudad de Nazaret en Galilea a Belén de Judea con María, su esposa, que estaba encinta, para empadronarse por ser de la casa y familia del rey David. Estando allí dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre por no haber sitio para ellos en el mesón” (c. 2, vs. 4-6).

A continuación, San Lucas cuenta que unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno sus rebaños, avisados por un ángel de Señor de que había nacido “un Salvador, Cristo, el Señor”, y oyendo una multitud del ejército celestial que cantaba “gloria Dios en los cielos y paz a los hombres de buena voluntad”, fueron a toda prisa al establo y encuentran a María, José y al niño acostado en el pesebre. Así mismo, relata que a los ocho dias de su nacimiento, sus padres le circuncidan y le imponen el nombre de Jesús según le había indicado el ángel, que significa “Yahvé es ayuda”; y que a los cuarenta días de la purificación de María suben al Templo de Jerusalén para presentar el niño como “varón primogénito consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, según la Ley Mosaica”. Habia, entonces, en Jerusalén dos personas ancianas, Simeón y Ana, que frecuentaban diariamente el Templo. Simeón al ver al niño Jesús exclama: “Ahora, Señor, puedes según tu palabra dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto la salvación, la que has preparado, a la vista de todos, para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc. c. 2 vs. 29-32). Así mismo, Ana, viuda profetisa de ochenta y cuatro años, al verle alababa a Dios y habla del niño Jesús a todos los que esperaban la redención de Israel, regresando Maria y José con el niño a Belén. El evangelista san Matero por su parte relata: “nacido Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos, preguntando ¿dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer, porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. El rey Herodes al oír esto, se turba y con él toda Jerusalén. Reúne a todos los príncipes del sacerdocio y a los escribas del pueblo preguntándoles dónde podía nacer el Mesías. Ellos le contestan en Belén de Judá, pues así está escrito” (c. 2 vs. 1-5). Sigue narrando: “entonces Herodes llama en secreto a los magos, les pregunta cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella, y los envía a Belén diciéndoles: informaos exactamente sobre el niño, y cuando lo halléis, comunicádmelo para que vaya yo tambien a adorarlo. Los magos, guiados de nuevo por la estrella, caminan hasta pararse sobre el lugar donde estaba el niño. Entran en la casa, y ven al niño con María, su madre. De hinojos le adoran, y abriendo sus cofres le ofrecen los dones de oro, incienso y mira. Advertidos en sueños de no volver junto a Herodes, regresan a su tierra por otro camino” (c. 2 vs. 7-12). San Mateo habla de “unos magos de Oriente” sin decir su nacionalidad ni su número. Los magos eran sacerdotes astrólogos, posiblemente de Persia o Arabía. La tradición cristiana varía su número, desde dos a una docena y más, pero desde el siglo VIII lo fija definitivamente en tres magos, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar. Herodes al ver que los magos no regresan a Jerusalén para informarle sobre el niño, ordena matar en Belén a todos los niños varones menores de dos años. Pero José avisado de ello por un ángel, huye con María y con el niño Jesús a Egipto, pasando por Herbón, Bersebée y girando a la derecha hasta alcanzar las rutas de las caravanas del desierto que conducen por la costa mediterránea a dicha nación. En Egipto permanecen hasta su muerte, residiendo, según la tradición, en la ciudad de Hiliópolis, hoy llamada Matariyé, durante un año o dos aproximadante. José avisado por un ángel de la muerte del rey Herodes, regresan a Palestina siguiendo el mismo camino que había tomado. Los Evangelios, que no son una biografía sino una semblanza histórica, no concretan ni el año ni el mes ni el día del nacimiento del niño Jesús. El monje escita, Dionisio el Exiguo, fijó el año de su nacimiento en el 754 después de la fundación de Roma. Pero comete un error de seis años, dado que Herodes el Grande muere en Jericó, entre marzo y abril del año 750 y el niño Jesús nace por lo menos dos años antes de su muerte. El niño Jesús debió nacer, pues, en el año 748 de la fundación de Roma, aproximadamente. En cuanto al mes y día de su nacimiento la Iglesia, hasta el siglo IV, lo fija en el día 6 o 7 del mes de enero. Pero a partir de dicho siglo, la Iglesia Católica lo traslada al día 25 de diciembre, con la finalidad de sustituir la fiesta pagana del nacimiento del astro Sol o solsticio de invierno que tanto celebraban los antiguos, por el nacimiento del niño Jesús, Sol de luz y calor para la humanidad tan atormentada por la injusticia y el egoísmo, causa del odio, violencia e ingratitud que padece. En memoria y recuerdo histórico del nacimiento del niño Jesús se encuentra en Belén la Basílica de la Natividad, levantada sobre una cueva rocosa y rodeada de un grupo de monasterios y edificaciones que pertenecen a cristianos ortodoxos, católicos y armenios. Fue construida en el siglo IV por el emperador romano Constantino a ruego de su madre santa Elena. Posteriormente, fue destruida en parte y reconstruida más tarde por el emperador Justiniano en el año 550. Externamente dicha Basílica tiene la forma de una fortaleza. Durante la invasión persa de Palestina en el siglo VII, los islamistas persas destruyeron muchos templos, menos la Basílica de la Natividad, al ver un mosaico de los reyes magos en su fachada, lo que les movió a respetarla. Actualmente, se accede a ella por una puerta tan corta y tan estrecha que necesario entrar en ella inclinado y bajando mucho la cabeza. Originariamente, tanto su construcción como su reedificación no era así, sino que era alta y ancha en forma de arco para poder entrar con la cabeza erguida, pero en siglo XVII se acortó y estrechó de este modo con el fin de los musulmanes no entrasen a caballo en ella. El interior de la Basílica de la Natividad mide 66 metros de largo por 17 de ancho. Las columnas son rojizas y su techo es ornamentado. Los cristianos griegos ortodoxos ocupan la parte central y la capilla principal en donde hay un altar lleno de incensarios colgantes despidiendo un olor intenso a incienso. Debajo de la parte central se halla la Cueva o Gruta, llamada la capilla de la Natividad, donde estaba el establo en cual nació el niño Jesús, a la que se accede por unas escaleras de forma circular. La Cueva o Gruta mide 13 metros de largo y 3 de ancho, sus muros y suelo son de mármol antiguo y está iluminada por 32 lámparas. Debajo de un pequeño altar hay una estrella de plata indicando el lugar donde nació Jesús, y desde allí descienden tres escalones para llegar al sitio donde su madre María acostó el niño, llamado la capilla del Pesebre. Los cristianos armenios tienen su culto religioso en la nave Nororiental del crucero de dicha Basílica. La llave de la Basílica de la Natividad la tiene un palestino que se encarga de abrirla y cerrarla en nombre del rey de Jordania. Pegada a la Basílica de la Natividad, se halla la Basílica de Santa Catalina construida por los religiosos franciscanos en 1881 y regida por ellos, donde tienen sus funciones religiosas y en donde el patriarca latino católico celebra la misa del Gallo en la noche del 24 al 25 de diciembre. Ambas basílicas se unen por una puerta. A escasos metros de la Cueva de la Natividad de Jesús, se encuentra la cueva donde san Jerónimo escribió la Bíblica, llamada Vulgata, escrita en latín desde textos arameos, hebreos y griegos. Su valor es incalculable prestando un gran servicio a las Iglesias cristianas. Cerca, se halla tambien la capilla de los santos Inocentes a la que se accede por unas escaleras al Suroeste. Cerca de Belén, en la aldea de Beit-Sahur se halla el Campo de los Pastores, donde el ángel del Señor y el ejército celestial se les aparecieron para anunciadles el nacimiento de Jesús, y muy cerca de aquí se encuentra el campo, donde Bob conoció a su esposa Rut. Belén se halla a una altitud de 77 metros sobre el nivel del mar. Se asienta sobre las laderas dos colinas. Antiguamente, era un lugar de paso de las caravanas que iban de Jerusalén a Egipto. Belén etimológicamente significa “casa de pan”, porque está ubicada en uno de los lugares más extensos y fértiles de Palestina para el cultivo del pan. Es una de las ciudades históricas israelitas más importantes después de Jerusalén por ser la ciudad donde nació de Boaz, Noemí, Isaí y el Rey David. Fue muy disputada por judíos, cristianos y turcos, y de permanente peregrinación de cristianos a partir del siglo IV. A principios del siglo VII tenía ya numerosos templos y monasterios. En el año 1928, la ciudad de Belén fue conquistada por los ingleses a los turcos, cediéndola a Jordania. Posteriormente, ocupada por el ejército de Israel ha sido cedida a la Autoridad Autónoma Palestina. Actualmente, su población es casi toda musulmana, siendo los cristianos muy pocos. ¡ Feliz Navidad!. José Barros Guede A Coruña, 24 de diciembre del 2009
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