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“La paz es el nombre personal de Cristo” San Pedro Crisólogo, Sermón 149 Cristo es la paz. Es muy fácil asociar la imagen de un bebé como la que descubrimos cuando nos asomamos a cualquier representación del Belén con la paz, la tranquilidad, el bienestar, porque no se por qué siempre se representa al niño de Belén sonriendo y dormido, nunca llorando como hacen el resto de los bebés y Jesús, el Hijo de Dios, lo fue como un más. 
Pero Paz no es el sobrenombre de Jesús porque sea un bebé tranquilo, sino porque con él llega la paz. El siguiente paso lógico es decir que la paz no es sólo la ausencia de guerra, si fuera eso, sería mentira que con Cristo haya llegado la paz; tras su nacimiento ha habido más guerras y crueldades que antes. Paz, Shalom, en hebreo, es el don de Dios, es Dios mismo. Cuando años más adelante, pasadas ya las penalidades de la crucifixión, éste que hoy vemos hecho niño en Belén se aparezca resucitado de entre los muertos, este será su saludo: Shalom, paz. La paz de Dios, esa que nos deseamos en la celebración de la Eucaristía, tampoco es sólo una ausencia de enemistades o un perdón mutuo por habernos ofendido. Es algo así como decir: “que Dios esté contigo”. Paz es el sobrenombre de Jesús, porque es el Dios con nosotros, el Dios todopoderoso que no se olvida de nosotros y camina a nuestro lado, que alivia nuestras dificultades y hace más grande nuestras alegrías. El Dios a quien agradecemos sus dones y elevamos nuestra petición de ayuda. Eso sí, cuando Dios nos es cercano, o mejor dicho cuando nosotros somos cercanos Dios, desaparecen las guerras, el terrorismo, de rechaza el aborto, desaparecen las enemistades entre nosotros, afrontamos las dificultades con alegría, en una palabra, llega la paz. Por eso mi felicitación de Navidad para vosotros es que la paz sea con vosotros,
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