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OMPRESS-MADRID (16-11-09) Tras doce años como Superior General de la Orden trinitaria, y su vuelta a las misiones de Madagascar como misionero de a pie en 2007, el padre José Hernández Sánchez ha visitado España para promocionar los proyectos emprendidos en estos dos últimos años y someterse a una puesta a punto personal. En el 2007 fue sustituido por Joseph Narlaly, de la India, como Superior General.
Muchas cosas han cambiado en la misión trinitaria de Madagascar desde que él la dejó hace ya casi veinte años y tras haber trabajado como misionero durante veintiuno. "Me encontré con un ambiente muy distinto al que se vivía veinte años atrás. Tanto en la diócesis como en la Orden, pues la presencia de los misioneros extranjeros ya no se concibe como protagonistas sino como compañeros de trabajo, amigos y hermanos empeñados en un mismo proyecto evangelizador. Los misioneros extranjeros han disminuido y se ha incrementado el clero malgache, ya solo quedamos cuatro misioneros españoles en Madagascar. Es un hecho que todos constatamos y lamentamos". Sorprende al padre José cuando habla de los proyectos que tiene ahora entre manos, de los que habla con entusiasmo: "La construcción de una nueva curia provincial, la edificación de nuevas iglesias, cinco hemos inaugurado en estos dos últimos años, las escuelas de sanidad, cinco escuelas primarias en el campo, una residencia para ancianos y un centro de animación en Ambohidady con escuela para 150 niños, dispensario médico, centro de formación para catequistas y jóvenes, escuela de formación para mujeres campesinas y un santuario dedicado a la Virgen del Remedio". "Todo esto ha sido posible gracias a organismos internacionales, comunidades trinitarias, miembros de la Familia trinitaria y multitud de amigos generosos". Al padre José le preocupa, de modo especial, la formación de las nuevas vocaciones trinitarias nativas: "Este año ingresan dieciocho jóvenes en el noviciado. Los sacerdotes trinitarios nativos pasan ya de los cincuenta. Tenemos unos 120 jóvenes en formación. Esto trae consigo fuertes preocupaciones: la selección de candidatos y los gastos elevados de formación en la actual situación política económica por la que pasa Madagascar. Nos sentimos desbordados. Necesitamos ayuda". El entusiasmo personal que caracteriza al padre José Hernández no tiene límites. A pesar de tanta preocupación, próximo a los setenta, no piensa aún en la jubilación: "Aquí seguiremos trabajando hasta que nos falten la salud y las fuerzas, y lo quiera el Señor".
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