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El Rosario de Ecclesia Digital: 5º Misterio Luminoso: La institución de la Eucaristía. (Jn, 13, 1; Mt 26, 26-29) María primer sagrario de la historia: Cristo, tu Hijo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Esta es la verdad más profunda de la Última Cena: Los amó hasta el extremo... 
El cuerpo y la sangre, la pasión y la muerte, son el amor que se remonta hasta los confines de su poder salvador. Cristo, tu Hijo, nos manda que seamos portadores de su amor: Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Es la caridad fraterna que se expresa en espíritu de servicio. La Eucaristía contiene y expresa todo el amor de Cristo como acto supremo de servicio por la salvación de los hombres. Para hacerlo entender, Cristo lava los pies a sus apóstoles y les dice: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Para cumplir el mandato del amor fraterno, esto es, para dar amor, hay que tener amor. Para ello, es necesario poseer la vida de la gracia alimentada por la Eucaristía. Entonces nos sentiremos apremiados por el amor de Cristo. Es el amor que nos urge a trabajar por la salvación de los hombres nuestros hermanos y por sus necesidades espirituales y materiales. María, mujer eucarística: Enséñanos a amarnos unos a otros como El nos amó. La Eucaristía es la fuerza y el alimento del camino: Es el alimento que nos sostiene en el camino hasta alcanzar la meta. Alimenta la vida de la gracia y causa la vida eterna: El que come este pan vivirá para siempre. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día... El que come de este pan vivirá para siempre. La Eucaristía nos permite vivir en comunión admirable con Cristo. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en El”. La Eucaristía no solo causa la vida eterna, no solo es alimento y bebida del camino, es comunión íntima con Cristo. Nos permite recorrer el camino en comunión de sentimientos con Cristo, entregados al Padre, a la Iglesia y a los hermanos. Madre nuestra: Tú fuiste el primer sagrario viviente. Contigo damos gracias por el don incomparable de la Eucaristía. No podemos vivir ni caminar sin la Eucaristía. Atráenos irresistiblemente hacia la Eucaristía, que sea el centro de nuestra vida peregrina hacia la eternidad como lo fue para ti tu hijo Jesucristo. Amén.
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