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El Rosario de Ecclesia Digital - 3º Misterio Glorioso: La venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María (Hch 1,14; 2, 1.4) 
Bien nos podemos imaginar el ambiente dentro del Cenáculo antes de la venida del Divino Espíritu Santo. Los apóstoles allí reunidos se encontraban en un estado de tibieza, de miedo, de miopía, de desanimo. Nuestro Señor, es verdad, se les había aparecido resucitado, lo habían visto comer, Tomás había introducido su dedo en las Divinas llagas, le habían visto subir a los Cielos, pero... ellos se habían quedado sin EL y temerosos. Veían delante de sí la enorme misión que tenían que cumplir: proclamar a Cristo Resucitado, decir a todos que era el Mesías, al que habían crucificado y dado muerte los fariseos. Y no tenían para ello fuerzas. Sentían el peso de su mediocridad. Pero tenían la promesa del Divino Redentor de que les enviaría el Espíritu y esperaban. Junto a ellos, llena de confianza y con una certeza absoluta, rezando con un ardor único, María Santísima por ellos oraba, pedía e intercedía. Y eh aquí, que de repente sienten una fuerza, un impulso, algo completamente inesperado, que los transforma en los mayores héroes de la Historia, sin temor a nada ni a nadie. Dispuestos a enfrentar el mayor imperio que jamás había existido sobre la Tierra y a proclamar la Divinidad de su Maestro. Un ejemplo a seguir. Pidamos tambien nosotros a la Santísima Virgen que interceda por todos junto a su Divino Esposo, para obtenernos la plenitud de los dones que de tal manera transformaron a los discípulos de Jesús y así podamos cumplir nuestra misión con perfección. Pidamos a Ella que diga una sola palabra al Espíritu Santo de manera que nuestras almas tibias, débiles y cargadas de pecados sean inmediatamente transformadas. Hagámoslo con confianza, sabiendo que Ella siempre obtiene lo que nos conviene y así seremos verdaderos testigos de Jesucristo, apóstoles del Tercer Milenio, heraldos de la nueva evangelización.
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